18 DE JULIO DE 2007
 EditorialDiversidad, sexualidad y democratización de los medios Los comunicadores podemos contribuir a la democratización de la sociedad, con incidencia en una educación sexual integral, pero nunca debemos pretender relevar a los maestros y padres en la educación de las nuevas generaciones.
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El encuentro Laico Internacional sobre Diversidad, Sexualidad y Familias, realizado en la Cámara de Diputados por iniciativa del diputado gay David Sánchez Camacho y de la fracción parlamentaria del Partido de la Revolución Democrática, es el espacio más serio en los últimos años, en el ámbito social y político, para la para la reflexión y el debate de los temas laicidad, sexualidad y familias diversas.
La Agencia de Noticias sobre Diversidad Sexual participó en la mesa titulada “Medios de comunicación como educadores sexuales”, para argumentar, en su experiencia, una mayor incidencia de los medios de comunicación en la Educación Sexual, aunque no exclusiva ni tampoco preponderante, dentro del proceso histórico social, todavía inconcluso, al que se le conoce como democratización de los medios de comunicación.
Efectivamente, en una sociedad democrática, el Estado debe garantizar los derechos ciudadanos en materia de replica, espacios, acceso a información veraz e imparcial y publicidad comercial. Sólo con la democratización de los medios, se contribuirá a la construcción de una sociedad que reconozca y respete la diversidad sexual y avance hacia una cultura democrática en donde la población reciba distintas opiniones y no sólo aquellas aprobadas por el sistema.
Sin embargo, en la esfera de lo simbólico, en el modelo de comunicación comercial-privado, es donde la diversidad sexual, mejor dicho lo “gay”, y la sexualidad en general han encontrado mejor acogida. Como cualquier otro aspecto de la era contemporánea, la democratización de los medios ha sido tocada por el “mercado”, como marco axiológico de valoración de la vida. Fenómeno que no es privativo a la sexualidad sino en general al mundo de las comunicaciones que se ha insertado perfectamente en la reproducción del capital y en la producción privada-comercial de la cultura. De este modo, con mayor contundencia en otras latitudes, el tema la sexualidad ya es un producto de alto consumo.
Pero es pertinente decir que estas manifestaciones mediáticas de la sexualidad, particularmente de la cuestión gay, entrañan claroscuros propios del proceso mismo de democratización de los medios. Aunque muy exitosos (Sexo en la ciudad, Esposas Desesperadas, Will & Grace, Queer as Fol., etcétera), estos productos han debilitado la estructura de contenidos, incrementando la producción de la cultura chatarra, y contribuido al acentuamiento de la cultura del desperdicio, tal como lo hacen el resto de las producciones mediáticas de su generación.
Y es que estos procesos masivos de comunicación no han emergido en espacios neutros o independientes, sino que han cobrado vida vinculados a las necesidades de reproducción de nuestra sociedad capitalista globalizada y el resultado es la trivialización de la sexualidad. Esta tendencia ha ocasionado, entre otros fenómenos comunicativos, que la estructura de comunicación tenga insuficiencia presupuestal para los medios con más y mejor contenido. Por tal motivo, es en México donde vemos el nacimiento retardado y el fallecimiento prematuro de múltiples esfuerzos comunicacionales serios, algunos educativos, otros de difusión, proyectos de sectores excluidos (como las radios comunitarias), que son importancia estratégica pero sin el espacio para plantar y discutir problemáticas particulares.
No obstante, esta Agencia afirma que sí hay probabilidades en alcanzar mayor visibilidad de sexualidad y de la diversidad sexual a través de los medios de comunicación y que este debate entre la comunicación comercial y la comunicación de contenidos puede encontrar verdadera conciliación. Con la participación democrática de la población en los procesos de creación de cultura y comunicación colectivos se puede lograr el fortalecimiento de la opinión pública de la sociedad en relación al tema de la sexualidad y de la diversidad sexual, por encima del servicio al mercado vía la información.
Para ello es necesario diseñar un nuevo modelo de comunicación y una nueva relación más transparente, justa y equitativa, entre los medios de comunicación y, en este caso, la población objetivo de la educación sexual. Por otro lado, es fundamental garantizar el ejercicio de la libertad de expresión, el derecho a la información y el derecho de réplica como derechos ciudadanos básicos, de cuyo ejercicio se fortalecería la educación sexual y la diversidad en los medios.
Como reto tenemos impulsar un sistema de medios de comunicación ético, que promueva una información veraz y objetiva a todos los ciudadanos. Al mismo tiempo, conectar a los medios críticos y creativos con movimientos sociales activos, para crear un mensaje coherente entre todos, con una acción tanto global como local. De ahí la importancia de la convergencia entre la sociedad civil organizada con los medios de comunicación. En este sentido, la retroalimentación entre actores sociales, comunicadores y receptores resulta fundamental. En consecuencia, entre otras cosas podremos combatir efectivamente los sistemas de reproducción ideológica y hacer frente a los ataques que hoy en día sufre el Estado laico, con menoscabo de la educación sexual.
También es importante reconocer que los medios de comunicación, aunque son factores de cambio social de gran importancia, no reemplazarán a las instituciones formales de educación, como la escuela y la familia, donde deben cultivarse el conocimiento y la información científica sobre la sexualidad, incluso como grandes herramientas de prevención de infecciones de transmisión sexual como el VIH-Sida, tal como lo han recomendado los organismos internacionales con trabajo en salud. En definitiva, los comunicadores podemos contribuir a la democratización de la sociedad, con incidencia en una educación sexual integral, pero nunca debemos pretender relevar a los maestros y padres que tienen un papel preponderante en la educación de las nuevas generaciones. |
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