 Vigoréxicos, adictos a las dietas altas en proteínas
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Contar las calorías, inducirse el vómito, ingerir laxantes; someterse a dietas rigurosas o en el peor de los casos, no comer nada, ya no es “monopolio” exclusivo de las mujeres; los hombres también han adoptado hábitos que desgraciadamente derivan en trastornos alimenticios.
Existe uno en especial que no es estrictamente alimentario, pero sí comparte la patología de la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión del cuerpo: se trata de la vigorexia, una enfermedad que ve en los varones a sus principales víctimas, y quienes al sentirse insatisfechos con su figura, generan una obsesión por desarrollar masa muscular.
La adicción al ejercicio, en específico, a las pesas, es un trastorno de además ser realizado por algunas personas en forma continua, con un fanatismo, por así decirlo, prácticamente religioso, pone a prueba constantemente su cuerpo sin importar las consecuencias
El nutriólogo Germán Escobar Jaimes explica que se trata de un trastorno mental no muy conocido que fue descubierto en 1993, pero que al igual que la anorexia y la bulimia, se caracteriza por llevar dietas “especiales” con el objeto de tener otro aspecto corporal.
“El descubrimiento de este problema es relativamente nuevo, fue el psiquiatra estadounidense Harrison Pope, del Hospital Mac Lean de la Facultad de Medicina de Harvard quien lo denominó así”, explica el especialista, y agrega que hasta hace tres años no se habían estudiado casos de vigorexia.
Además revela un dato sorprendente: esta patología, mejor conocida como el “complejo de adonis”, aún no está reconocida como enfermedad por la Comunidad Médica Internacional, mucho menos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Asimismo señala algunas diferencias con la anorexia.
“En la vigorexia la persona se ve a sí misma débil, flaca, mientras que los anoréxicos se perciben gordos. La vigorexia es más frecuente en los hombres, la anorexia en las mujeres. Todo esto indica que ambos trastornos generan una distorsión en la forma de ver el cuerpo”, reitera.
Y es que comer puede convertirse en un deleite o en un infierno. De esta forma existe otra gran diferencia: los anoréxicos no comen; los vigoréxicos lo hacen en exceso a base de dietas bajas en grasas y ricas en hidratos de carbono y proteínas con el objeto de lucir un cuerpo musculado.
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