30 DE NOVIEMBRE DE 2006 Reclusos, población más vulnerable ante el VIH El hacinamiento, factores socioculturales, la ausencia de políticas públicas y la falta de reconocimiento de las conductas de riesgo, agudizan su situación de los reclusos en las cárceles de México, afirmó Rodrigo Parrini, del Censida.
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 Reos tienen prácticas sexuales de riesgo
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(Antonio Medina /Enviado NotieSe ).- “Las personas privadas de su libertad son un grupo social especialmente vulnerable ante la epidemia del VIH/Sida en México, pues el hacinamiento, factores socioculturales, la ausencia de políticas públicas y la falta de reconocimiento de las conductas de riesgo agudizan su situación”, planteó Rodrigo Parrini, coordinador del proyecto de prevención dirigido a personas privadas de su libertad del Centro Nacional de Prevención y Control del Sida (Censida).
El académico de El Colegio de México comentó ante más de 200 personas que participan en el 1er Foro Nacional de Acciones en Prevención para VIH/Sida que en nuestro país existen 6 mil 700 personas recluidas que viven con la mortal enfermedad.
“Los nudos que existen en torno a esta problemática tienen que ver con las características de las personas que están recluidas, principalmente porque es una población con muy baja escolaridad, con trabajos muy mal pagados, con un altísimo consumo de drogas y con muchas dificultades institucionales para transformar esos problemas”.
A esos factores, el especialista agregó la falta de recursos económicos para llevar a cabo programas de educación sexual, atención de la salud en general y una estrategia de prevención específica del VIH/Sida.
En entrevista con NotieSe , Parrini explicó que en el primer año de funcionamiento el programa ha brindado capacitación a representantes de 13 programas estatales de VIH/Sida donde se encuentra 66 por ciento de la población presa en México para que implementen el modelo planteado por Population Service International (PSI), en el cual se ha basado el proyecto de Censida.
Una de las principales resistencias que ha encontrado para la aplicación de esta estrategia ha sido que históricamente se ha visto una carencia en la atención de la salud y el combate al VIH/sida en cárceles, debido a que son espacios en donde se supone que las personas no ejercen su sexualidad.
Contrario a esa idea, agregó, “en las cárceles existen prácticas de riesgo diversas que institucionalmente no se reconocen, como el ejercicio de la sexualidad de los internos e internas, sean relaciones homosexuales o heterosexuales, consensuadas o a través de actos violentos”.
Asimismo, dijo que existe una incidencia alta de uso de drogas inyectables y una escasa difusión y acceso a los condones por parte de las autoridades carcelarias.
En este sentido, Rodrigo Parrini dijo que existen cárceles en México, como la de Apodaca, en Monterrey, donde está prohibido que ingresen condones a la penitenciaría, mientras que en las cárceles del Distrito Federal se reparten gratuitamente por las mismas autoridades.
Uno de los actos violatorios que vulnerabilizan a las personas en reclusión es que se cree que pierden su derecho a la salud cuando están presas, y no es así. “Pueden perder otros derechos civiles, pero el derecho a la salud no lo pierden por estar presos, eso lo plantea la misma Constitución, pero por desagracia eso no lo saben muchas autoridades”.
Unos de los productos de este proyecto es la capacitación para implementación de talleres en 6 penales de la zona centro del país, y la elaboración de una guía dirigida a personas privadas de su libertad. |
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