 Jóvenes gays no denuncian agresiones por miedo
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(Elia Baltazar).- El primer golpe levantó su pómulo, el segundo rompió su labio y el tercero fracturó su dignidad: sin advertirlo, una noche de agosto, Oswaldo topó de frente con los puños y patadas de un grupo de jóvenes que en la Zona Rosa lo golpearon hasta obligarlo a fingirse inconsciente para evitar que siguiera el castigo.
Oswaldo es gay, y esa noche, como otras, había salido de farra con dos amigos a un bar de la Zona Rosa que se encuentra ubicado en Plaza del Ángel. A las cuatro de la mañana salieron del lugar y mientras caminaban hacia avenida Insurgentes, en la esquina de Londres y Florencia, tres hombres jóvenes, de entre 25 y 35 años, todos vestidos de negro y con chaquetas de cuero, interceptaron su paso.
"Uno de ellos le pegó en la frente a mi amigo, tratamos de huir para evitar problemas pero comenzaron a corretearnos. Me alcanzaron, me tiraron al piso y dos de ellos comenzaron a patearme mientras el otro echaba aguas. Uno de mis amigos intentó calmarlos pero también comenzaron a golpearlo y corrió". Se detuvieron sólo cuando vieron a Oswaldo inconsciente: "Fingí que me había desmayado para que ya no me pegaran y en cuanto se fueron, busqué ayuda".
Una patrulla se cruzó en su camino, lo subieron al vehículo y lo ayudaron a encontrar a su amigo, también golpeado. Por toda la Zona Rosa buscaron a los agresores, pero no los encontraron.
A bordo de la patrulla y durante la búsqueda, los policías los desalentaron en su intención de denunciar: "Me dijeron que nunca se hacía nada y yo lo único que quería era irme a mi casa".
Oswaldo recuerda bien el rostro de sus agresores y un detalle en particular: la barba de candado de uno de ellos.
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