27 DE SEPTIEMBRE DE 2006 Un Papa con miedo no muerde Acostumbrado a dictar premisas basadas en la fe, el líder mundial de la Iglesia Católica recurre al ejercicio de la razón para convivir con quienes piensan diferente. Pero el sumo pontífice no ha cambiado de pensar, sólo demuestra su cobardía.
Luis Manuel Arellano
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El Papa Benedicto XVI tiene miedo. La amenaza musulmana le hizo pensar en lo endeble de su integridad física luego de formular unas desafortunadas afirmaciones vertidas sobre el profeta Mahoma. Lo trascendente, sin embargo, no es el empequeñecimiento de quien debería ser el “más grande” de los mortales (por aquello de que representa a Dios en la tierra), sino que su actitud desacraliza la fuerza moral de una institución que durante siglos ha lastimado la dignidad de quienes no asumen un comportamiento heterosexual.
Abundan ejemplos de la impunidad con la cual el sucesor de Juan Pablo II ha alentado hostigamientos masivos en contra de quienes elijen amar a personas de su propio sexo. Por ejemplo, siendo cardenal y prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, en 1986 envió una carta pastoral a los obispos sugiriendo que la homosexualidad podía curarse mediante los recursos de la psicología, la sociología y la medicina, disciplinas en las que encontró terapias “reparativas”.
En otro célebre documento intitulado “Consideraciones para la respuesta católica a propuestas legislativas de no discriminación a las personas homosexuales” divulgado el 23 de julio de 1992, el entonces Cardenal Ratzinger concluía que la homosexualidad constituye un comportamiento al cual nadie puede reivindicar derecho alguno.
Estas y muchas otras expresiones de odio hacia las personas que eligen relacionarse sexualmente con gente de su propio género o sexo, las ha vertido este hombre cobarde desde una impunidad espantosa. Y desde ese privilegiado lugar quiso desafiar otro orden de vida y creencias.
El pasado 12 de septiembre, durante un discurso en la Universidad de Ratisbona, en Alemania, Benedicto XVI habló de las razones por las cuales dice que la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional, poniendo como ejemplo algunos pasajes de la “yihad” o guerra santa musulmana y referencias al profeta Mahoma que desagradaron a los líderes árabes.
Estos reaccionaron con dureza y le exigieron una disculpa que El Vaticano formuló primero en un comunicado (15/09/06, ZENIT) y luego en una disculpa indirecta del pontífice (20/09/06, ZENIT), pero ninguna fue aceptada. Por ello, Joseph Ratzinger debió anunciar que se reuniría con embajadores árabes (22/09/06, ZENIT) y éste encuentro se concretó tres días después, en donde debió enviar un mensaje de respeto y colaboración con el mundo musulmán (25/09/06, ZENIT).
En pocas palabras, este hombre homófobo que gusta presentarse como un líder con formación intelectual, ha perdido la primera batalla de argumentos y, temeroso de un atentado en su próximo viaje a Turquía, ha decidido recular.
El pasaje deja varias lecciones y me pregunto qué habría pasado si a los miles de fanáticos gays que brincan incontables horas escuchando música pop en algunos antros de tantas capitales del mundo, en caso de que estuvieran organizados, les hubiera funcionado proferirle alguna advertencia sobre las consecuencias que podría tener si persiste en su homofobia.
Sabemos que el diablo puede ahuyentarse con agua bendita, pero desconocíamos que el Papa también tiene miedo y que le basta con saberse amenazado para recordar que sus actos y doctrinas carecen del sustento que él dice representar en la tierra. |
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 Ratzinger se ha pronunciado en contra de la homosexualidad
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