José Antonio Hernández Reyes.- En Estados Unidos un dicho popular acerca de nosotros, l@s bisexuales, es que queremos tener nuestro pastel y comérnoslo al mismo tiempo, aquí en México el contingente Bisexual de la marcha del orgullo Bisexual, Gay, Lésbico y Transgénero del 2006 salió del Ángel de la Independencia en un carro rojo, que traía un pastel encima con la leyenda “El amor es universal” con dos banderas bisexuales encima, a los lados del carro dos mantas con el nombre de nuestro grupo “Opción Bi” y al frente del carro dos integrantes de nuestro grupo, uno de ellos con un vestido de novia blanco y otra de ellas con un smoking negro, los fotógrafos no tardaron en presentarse y los dos empezaron a comerse a besos.
Al frente del contingente otra chica y otro chico de nuestro grupo con una manta extendida que decía “Orgullosamente Bisexuales”, a los flancos de la manta, yo y otra chica del grupo ondeábamos banderas bisexuales, morado, azul y rosa, los demás miembros del contingente ondeaban banderas mas pequeñas y la mayoría traía una camisa blanca que al frente decía “Bisexual me asumo, luego existo”.
La bisexualidad presente en la marcha una vez mas, gritando su existencia y visibilizándose, la B de LGBT desfilaba orgullosa en la marcha y desfilaba no solo en nuestro contingente, seguramente miles de bisexuales marchaban a lo largo de toda la marcha, quizá ese bello hombre desnudo orgulloso de su cuerpo, o esa travesti extravagante cuya mirada exaltaba o tal vez una de aquellas chicas sexys que iban de la mano o tal vez las dos.
Y el deseo bisexual también marchaba, recorría la marcha repartiendo dípticos de nuestro grupo y mi mirada se deleitaba, en ese chico de jeans ajustados, camisa blanca, y una barbita castaña sobresaliendo sobre su barbilla que había visto bailar cachondamente hace una semana atrás, en esa chica con presencia fuerte y cabrona ondeando una bandera rosa con dos signos de mujer entrelazados, con una mirada que hace desfallecer y con una cara ardorosamente bonita, que tiempo atrás la vi bailando con un chico y una chica en un bar.
Vi a una chica con un vestido negro, gritando con su voz y con su cara en lo que se le iba la vida y por lo que luchaba, libertad, bisexual, poliamorosa, zapatista, susurraba su rostro enmarcado por unos ojos hermosos y grandes, con un cuerpo por el que la imaginación se podía deslizar y curvearse fácilmente, en un trailer grande un hombre también con curvas voluptuosas en su abdomen y pecho cubierto totalmente de vello y que festejaba orgullosamente al aire.
Un hombre delgado y vestido de negro, con barba y bigote castañas cubriendo todo su rostro era el punto de mi deseo y al voltear un hombre musculoso y de piel de ébano bailaba sin piedad lanzando llamas de concupiscencia a su alrededor y otro hombre con sombrero y bigote y con unas preciosas lonjas también seducía con su imagen, y al voltear dos chavas delgadas, con senos armoniosos se daban un beso que encendía, otra chica hermosamente grande y con unas masculinidad avasalladora.
El sol quemaba sin piedad, miles de cuerpos bailaban al ritmo de música electrónica, otros al ritmo de gritos de convicción y exigencia, otras enseñaban orgullosas sus pechos, y otros y otras todo su cuerpo, otros veían desde la banqueta, se celebraba, se perturbaba, se enseñaba, se reivindicaba, se visibilizaba y el contingente bisexual avanzaba orgullosamente bisexual.
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