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20 DE JUNIO DE 2006 Espacio Público Marcha del Orgullo LGBT, ¿y después? No llovió como el año pasado y después de la confusión que inicialmente causaron los oficiales, los disidentes y los piratas, el propio colectivo LGBT demostró quién es el auténtico propietario de la Marcha del Orgullo.
Esta marcha del Orgullo LGBT se caracterizó por una visible austeridad en la forma, aunque con mejor organización y profundo sentido social y político. En México no se verán los tres millones de personas de la Parada Gay en Brasil, tampoco los espectaculares carros alegóricos y el derrame millonario de las compañías a la caza del pink market. Con excepción del carro de la White Party y del equipado remolque de la discoteca Híbrido, los demás vehículos tuvieron un deslucido arreglo.
Tampoco seremos testigos de la presencia de verdaderos astros del espectáculo; apenas la Trevi y Banquells que más bien el evento les acomoda en su lucha por reconquistar al público. Lo que sí tenemos, lo verdaderamente valioso, como desde hace 28 años, es una lucha política y social para sacar del closet a las calles. Las organizaciones civiles e instituciones públicas participantes enarbolamos orgullosos nuestra cruzada por el reconocimiento de derechos sexuales, políticos y civiles de gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales y travestis; así como nuestro combate contra el VIH-Sida, contra la discriminación y la homofobia y la persecución de mayor visibilidad de la diversidad dentro de la diversidad.
La muestra de ello es la cobertura que los medios tradicionales hicieron del magno evento. Sin poder evitarlo, porque nuestra manifestación también es una fiesta, los periodistas consignaron el carnaval multicolor que sale a las calles: describieron los disfraces, maquillajes, pelucas y zapatillas; relataron los bailes, el ambiente festivo y musical; pero también encabezaron sus notas con las consignas de nuestro movimiento. No más crímenes por homofobia, igualdad efectiva, reconocimiento y respeto a nuestras diferencias y el llamado a un voto responsable, fueron exigencias que retomaron los comunicadores.
Por su parte, los universitarios muy atinadamente supieron darle la voz política y social que en esencia tiene este movimiento histórico. La Universidad demuestra una vez más que es el espacio natural donde germinan las ideas y los argumentos políticos. El año pasado los estudiantes se adelantaron a la Marcha oficial inesperadamente, pero esta ocasión supieron acallar los intereses políticos del Comité Pirata que pretendía apoderarse de la vanguardia.
Ya en el Zócalo, el momento más emocionante fue cuando miles de gritos cimbraron el Zócalo fue durante la aparición de Gloria Trevi, pero lo más importante fue el mensaje de José Ramón Enríquez: “Venimos para decir: ¡Ya basta de discriminación! ¡Ya basta de exclusión, hostigamiento, violencia y crímenes contra quienes nos atrevemos a expresarnos como diferentes!”
Todo esto fue posible gracias al arduo trabajo del Comité Orgullo México, al cual hay que reconocerle su tesón y compromiso, particularmente de su presidente Mario Arteaga. Durante meses Comac preparó la Marcha del Orgullo, con las horas de trabajo sin remuneración que significa, con el golpeteo natural del que se vuelve sujeto. Desvelos, conflictos, críticas injustificadas, falta de recursos, retrasos... todas adversidades que fueron sorteadas en beneficio de nuestro colectivo.
Por ello, es menester enunciar los aciertos: la contratación de personal para la logística del evento, el apoyo de instituciones públicas, IMSS Oportunidades, Censida Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y el propio gobierno de la capital; la voluntaria aportación económica de varias empresas nacionales e internacionales, el apoyo desinteresado de los medios de comunicación de la diversidad; la anuencia de las autoridades locales; etcétera.
Empero, también es necesario un ejercicio de crítica constructiva: Es verdad que falta compromiso de nuestro colectivo, también mayores canales de participación civil en la organización de la Marcha, pero esto no es justificación suficiente para que la mayoría de las decisiones de COMAC únicamente sean informadas sin que mediara una consulta previa.
Sería ocioso someter a votación general cada una de las resoluciones del Comité como ocurrió en años anteriores, en detrimento de la pertinencia y oportunidad de las acciones individuales o en colectivo para la organización de la Marcha. Sin embargo, es forzoso dotar de representatividad al Comité. Legitimidad tiene, porque su trabajo es fuente original de la misma, pero acaso le falta representatividad e instrumentos de decisión más democráticos que tampoco estén reñidos con la funcionalidad.
Nos gusté o no, el nuestro es de suyo diverso, no sólo en orientaciones, identidades y preferencias sexuales sino también en posturas y posicionamientos políticos, culturales y empresariales. Por ejemplo, he escuchado muchos cuestionamientos sobre las razones por las cuales fue elegida Rocío Banquells como reina del orgullo LGBT. Quizá porque fue la única que aceptó pero al final se trató de una decisión decretada, sin que antes fuera consultada o al menos justificada por la cercanía o aportación de la cantante a nuestro movimiento. Sin duda, es preciso someter a la venia del respetable algunas cuestiones relevantes como la coronación del rey o la reina y la selección del cartel conmemorativo.
Del mismo modo, aunque la transparencia ha sido un valor que enarbola el Comité, la verdad es que le falta mayor concreción. Todos sabemos más o menos quiénes son los patrocinadores de la Marcha, quiénes asumen los gastos materiales y humanos, quienes aportan en difusión y publicidad, pero ¿acaso los reportes financieros sólo llegan a los mentores de la Marcha? Resulta fundamental publicar en los medios que Comac tiene a su alcance, las hojas financieras con los pormenores de ingresos y egresos que significa el máximo evento LGBT.
Por último, es urgente un proceso de reconciliación. El autollamado Comité Pirata declaró no estar confrontado con el Comité Orgullo México porque finalmente persiguen lo mismo que Comac: recuperar el sentido político de la Marcha. De existir las voluntades de Julio Román y Patria Jiménez, hay que tomarles la palabra. A favor de la unidad dentro de la diferencia. Ésta será la asignatura pendiente y más complicada del nuestro colectivo.
Por lo demás, la alegría no debe encontrar dique alguno, festejemos con gusto que nuestro orgullo haya salido a las calles otra vez con más de 150 mil participantes. Congratulémonos todos por la XXVIII Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual y Travesti de la ciudad México. Nos vemos el año entrante.
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