3 DE ABRIL DE 2006
Adolescentes coquetean con el lesbianismo
¿Qué impulsa en los bares y fiestas a tantas jovencitas hacia las bocas y cuerpos de sus amigas? Educadores, psicólogos y sexólogos intentan dar una respuesta a una tendencia cada día más común entre las nuevas generaciones

Redacción Anodis

Ragap



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(Mariana Suárez Rueda/El espectador*).- Mientras los expertos advierten que es un factor que podría conducirlas al lesbianismo, la mayoría de ellas aseguran que se trata sólo de experimentar nuevas sensaciones. “Todo comenzó por una apuesta que hicimos con una amiga. Desde entonces, lo he hecho varias veces, pero siempre con tragos en la cabeza...”.

“Fue en la casa de una amiga. Había mucha gente y la anfitriona era lesbiana, pero no lo sabía... Yo estaba prendida, en el punto medio, y pensé que si no probaba en ese momento no lo haría nunca. Entonces, decidí acercarme y...”.

“Después de lo que pasó, mi mejor amiga y yo nunca hemos vuelto a hablar del tema. Eso fue hace dos años. Una noche salimos con unos amigos y nos fuimos a la casa de uno de ellos. Cuando llegamos, destaparon una botella de ron y nos pidieron que jugáramos...”.

Así comienzan los relatos de tres adolescentes colombianas que luego, con un tono pícaro y descomplicado, narran las sensaciones y pormenores de la noche que decidieron dar un breve paseo por el mundo de las lesbianas, sin culpas ni remordimientos de ningún tipo. Al fin y al cabo, siguen la ruta señalada por sus íconos musicales: Madonna y Britney Spears cuando se besaron en los premio de música MTV en Estados Unidos. O Angelina Jolie, que en algunas revistas de farándula posa junto a su novio y en la temporada siguiente confiesa que le gustan las mujeres. O lo que todos los días muestra la televisión en series como The L World, del canal Warner, donde ocho lesbianas que viven en Los Ángeles cautivan la atención con sus historias de vida.

Padres de familia, educadores y rectores de colegios, psicólogos y psiquiatras infantiles reconocen el creciente fenómeno. Para muchos de ellos no es una sorpresa la pregunta sobre las adolescentes que experimentan con el lesbianismo. Pero, ¿se trata de un juego de niñas o los primeros indicios de lo que será su conducta sexual en la madurez?

“Hay una clara tendencia de esta generación a experimentar. Las niñas juegan a ser lesbianas y aunque hay un pequeño porcentaje que finalmente lo es, la mayoría sólo lo hace por jugar”, explica María Clara González de Zapata, psicóloga dedicada desde hace 25 años a estudiar la sexualidad de los jóvenes y quien asesora en el tema a diez colegios de Bogotá. Ella añade: “Esta generación tiene las sensaciones a flor de piel, porque constantemente los medios de comunicación se las están estimulando. Lo que les explicaba hace 10 años a las niñas de undécimo sobre sexualidad, hoy se los tengo que explicar a las de sexto”.

María Victoria Mejía, rectora del Colegio Campestre San Diego, confirma lo que otros educadores ya perciben: “Sí he notado la tendencia entre las niñas, pero de manera sutil. Por eso todavía no representa una preocupación para nuestro colegio”.

Constanza Rueda, rectora del colegio María Ángela, no desmiente a sus colegas: “Sí lo he notado. No lo he discutido con los padres, pero sí con los profesores, que lo ven en las manifestaciones físicas entre ellas. Esta tendencia es mayor ahora que hace cinco años”.

Álvaro Franco, psiquiatra infantil y profesor de la Universidad del Bosque, quien coordina un grupo de investigación sobre salud mental en niños y adolescentes, descarta que se trate de un incremento en el número de mujeres y adolescentes lesbianas. “Se considera que el porcentaje de la población que es homosexual, aproximadamente 10%, se mantiene estable desde los estudios que se realizaron a principios del siglo XX. Después de 1987, cuando la comunidad médica dejó de considerar la homosexualidad como una enfermedad, perdió sentido investigar estas estadísticas”.

Para el psiquiatra, una sociedad más abierta y libre ha permitido que el lesbianismo se haga más visible, creando una falsa percepción sobre su incremento. Y entre las adolescentes de 10 a 16 años, período en el que se define la orientación sexual, es común observar conductas sexuales exploratorias con personas de su mismo sexo, sin que esto signifique que son o serán lesbianas.

Juego de damas

Entonces, ¿es tan sólo un juego de adolescentes? Relatos como el de Carla, estudiante de diseño de modas de La Salle College, revelan algunos indicios de lo que sucede. “No soy lesbiana. Me encantan los hombres. De esas dos cosas estoy segura. Pero no vi ningún problema el día en que Katy, mi mejor amiga, me propuso que tuviéramos sexo”.

Este no es un juego del que estén excluidos los hombres. Ellos son, en la mayoría de casos, los promotores de la idea, y en los bares y rumbas incitan a las jóvenes a vencer su temor de acariciarse y besarse. “Ahora está de moda que las niñas hagan show de besos delante de sus novios, porque para ellos es excitante. Y aunque a veces no lo quieran hacer, ceden a la presión por complacerlos”, explica la psicóloga María Clara González de Zapata.

Es un juego que han aprendido de películas como American Pie II, Juegos Sexuales, Coyote Ugly o videos musicales de Tatoo, Pink, Paulina Rubio, Alanis Morissette o Cabas, entre otros. Imitar se convierte en una fuente de prestigio social en un período de la vida donde la aceptación del grupo es muy importante.

“Las niñas buscan que los demás hablen de ellas, ya sea bien o mal. Lo único que importa es ser protagonista en las conversaciones de los demás”, comenta una profesora del colegio Fundación Nuevo Marymount.

Lo que sucede entre las jóvenes colombianas se repite en otros puntos del continente. Un reciente reportaje publicado por el reconocido diario El Clarín de Argentina, comenzaba así: “Fotografía de un viernes cualquiera en un boliche cualquiera de la ciudad de Buenos Aires. Son las 5:00 a.m. Es la hora justa para que el ‘vale todo' llegue al punto de ebullición. Un trío de jovencitas llama la atención. Juguetean con sus lenguas, se muerden el cuello y vuelven a ofrecer las bocas”.

Explorando cuerpos

Si bien no existen estudios consolidados sobre el tema, ni estadísticas, los expertos consultados por El Espectador coinciden en las razones que motivan estas conductas en las adolescentes.

Por un lado, para ninguno es un escándalo que esta generación experimente y explore con tanta libertad sensaciones y contactos sexuales con su mismo género, así como lo hacen con las drogas, el cigarrillo y el alcohol. “Vivimos en una sociedad inmediatista, en la que se promueve la idea de que es normal probarlo todo”, opina la psicóloga María Clara González de Zapata.

Por ejemplo, en programas de emisoras juveniles, como La Mega, las adolescentes tienen los micrófonos abiertos para contar las ocasiones en que probaron darse besos con sus amigas.

Para el psicólogo Miguel Rueda, experto en temas sexuales, “hay una cantidad de factores que influyen en la sexualidad de los adolescentes. Pienso que hay un aumento en la exploración entre los jóvenes. Y esa apertura no debe malinterpretarse. Se trata de una exploración que no tiene una connotación negativa sino de libertad sexual muy interesante, que no existía hace 15 años”.

Elizabeth Castillo, coordinadora del Programa Salud Sexual y Género en Profamilia, comparte el planteamiento de Rueda: “Hay mayor tranquilidad en la exploración del cuerpo, sin que eso signifique lesbianismo. Nadie es gay o lesbiana por moda, porque la carga de discriminación hacia estos grupos sigue siendo muy fuerte”.

Psicólogos, sexólogos y profesores no dudan en apuntar hacia los medios de comunicación en busca de otras respuestas. “Es obvia la influencia que los medios y la internet ejercen sobre ellas, pues ven en patrones de mujeres, como Paris Hilton y Britney Spears, modelos a seguir”, sugiere Sandra Gómez, docente del Colegio Femenino.

El ginecólogo y sexólogo de adolescentes Guillermo Sánchez sugiere a los padres de familia no rotular, juzgar, castigar ni angustiarse, y, más bien, pide tratar de entender que algo está pasando con las jóvenes y no es una tragedia. “La conducta de los adolescentes es cambiante y móvil, la mayoría vive entre la prueba y el error, entre la confusión, la presión y la vulnerabilidad. Es normal que entre ellos haya encuentros fallidos y modas como la de darse besos casuales”.

Por esta razón, miembros de organizaciones como Colombia Diversa se oponen a que en los manuales de convivencia de algunos colegios se sancionen estas conductas, como lo han constatado con una investigación en curso.

Psiquiatras y sexólogos advierten que ese juego es un factor de riesgo de lesbianismo. Cada día a sus consultorios llegan más adolescentes con una pregunta en la boca: “Me rumbié con una amiga y no sé si soy lesbiana”. Otras superan el episodio con más frescura: “Esta no fue una experiencia que cambió mi vida. Ni siquiera puso en duda mi sexualidad. Al contrario, al otro día, Katy y yo nos pusimos divinas y salimos al mejor café de la ciudad en busca de chicos para conocer”.

María, 22 años

“Después de lo que pasó, mi mejor amiga y yo nunca hemos vuelto ha hablar del tema. Eso fue hace dos años. Yo tenía 20 y estaba en cuarto semestre de Comunicación Social en la Javeriana. Una noche salimos con unos amigos a tomarnos unos tragos en la casa de uno de ellos. Al llegar destaparon una botella de ron. Al rato, todos estábamos prendidos, entonces uno de ellos nos preguntó de forma chistosa si éramos capaces de darnos un beso. Obviamente respondimos que no. Aunque siempre había tenido curiosidad de probar lo que se siente besar a una niña, me había prometido que nunca lo haría. Pero fue tanta su insistencia que finalmente lo hicimos. Al principio me dio pena, pero poco a poco me empecé a acercar a mi amiga hasta que toqué sus labios y la besé. Los dos tipos que estaban con nosotras quedaron matados, nos dijeron que había sido increíble vernos y que por qué no jugábamos más entre nosotras. La verdad es que no me explico cómo pasó todo. Terminamos quitándonos el saco, la camisetica, hasta el brassier, y nos pasamos un hielo con la boca por el estómago, el cuello… Después nos vestimos y al rato cada una se fue a su casa”.

Carla, 23 años

“No soy lesbiana. Me encantan los hombres, de eso estoy segura. Pero no vi ningún problema el día en que Katy, mi mejor amiga, me propuso que tuviéramos sexo. Estudiamos juntas en la universidad y yo la había ido a visitar a Filadelfia. Una noche salimos de rumba y cuando regresamos a su casa empezamos a jugar a las modelos usando el ventilador. Al rato me acosté a dormir y ella también se metió a la cama, pero antes se desnudó. No me pareció extraño pues era época de verano y Katy es muy fresca con esas cosas. Ella me pidió que le hiciera un masaje, yo sin malicia se lo hice y nos reímos un rato. Después le dije que era su turno. Cuando ella empezó, me dio un beso en el cuello, y aunque me sorprendí un poco, no sentí morbo, fue como un encuentro entre hermanas. Sentir el cuerpo de una mujer es una experiencia que siempre me había inquietado, de pronto por la intriga de saber qué sienten los hombres cuando se enfrentan al cuerpo femenino y para preguntarle luego a mi amiga qué pensaba del mío. Al otro día nos levantamos como si nada. Nos arreglamos y nos fuimos al mejor café de la ciudad a conocer chicos lindos”.

Silvia, 18 años

“Estaba en una fiesta con mis amigos de la universidad. La dueña de la casa era lesbiana, pero yo no sabía, hasta que entré a la cocina a servirme un trago y me la encontré, entonces, comenzamos a conversar. Le pregunté por su novio, pero me dijo que no tenía porque le gustaban las niñas. No recuerdo qué gesto hice cuando me lo dijo, lo cierto es que ahí mismo me pidió que no me asustara, porque ella no se estaba insinuando. Yo me sentía tomada. Y mientras ella me explicaba con detalles por qué le gustaban las mujeres, pensé que si no era en ese momento nunca lo probaría. Y entonces, como que decidí acercarme y nos dimos un beso. Después de un tiempo volvimos a hablar y ella me preguntó que si éramos algo, pero yo le dije que nada, que tenía muy clara mi sexualidad. Nunca más la volví a ver. Aunque lo que hice fue por curiosidad, no descarto la opción de hacerlo otra vez, pues no fue una experiencia jarta para mí. Claro, darse un beso con una niña es muy diferente a besarse con un niño, para mí es mucho más suave. No soy lesbiana, pero no puedo negar que si me encontrara en una situación similar, estoy segura de que lo volvería a hacer”.

María Paula, 26 años

“El primer beso que me di con una mujer fue cuando tenía 23 años y estaba en la universidad. Todo comenzó por una apuesta que hicimos con una amiga. Desde entonces, lo he hecho varias veces, pero siempre con tragos en la cabeza. Y la verdad es que no sé si estando sobria lo pudiera hacer. Siempre que me doy besos con mis amigas, lo hago por excitar a los hombres, por provocarlos. Porque la verdad, los besos con las niñas para mí no son nada del otro mundo, tal vez un poco más tiernos y suaves. Algunas veces me pregunto si soy bisexual, pero realmente creo que no. Simplemente lo hago mariquiando, nos hemos piquiado por ahí unas cuatro veces. Dos de mis amigas con las que lo he hecho tienen novio y nos hemos besado enfrente de ellos y pues, obvio, les fascina y uno se siente bien cuando ve que la están pasando rico gracias a lo que hacemos. Claro que hubo una vez en que las cosas con una vieja fueron más allá y terminamos acariciándonos y bueno, eso es lo máximo que he hecho”.

Reacciones

Es normal que entre ellas haya encuentros fallidos y modas como la de darse besos casuales. Guillermo Sánchez, ginecólogo y sexólogo

La mayor parte de las conductas sexuales cruzadas se consideran transitorias. El problema muchas veces es más social, porque se expone a la burla de sus compañeros de colegio. Álvaro Franco, Psiquiatra

Hace un tiempo en La Mega se entregaron unas boletas para un concierto a las niñas que se besaran. Soy totalmente respetuoso del tema de las niñas que quieren niñas, y los niños que quieren niños. Estamos en siglo XXI y algunas personas todavía lo quieren mirar con ojos extraños y obscenos. Hablar sobre esto es como hablar sobre los equipos que van al mundial. Alejandro Villalobos, Director de La Mega

No creo que existan tendencias culturales generando homosexualidad, creo que vivimos tiempos de gran libertad que permiten la exploración de otras conductas sexuales. Elizabeth Castillo, Coordinadora Salud Sexual y Género

Es normal experimentar, así como prueban las drogas, el alcohol y el cigarrillo, también prueban lo que es darse besos y tener cercanía con otra niña. María Clara G. de Zapata, Psicóloga.

* Publicado por el portal de Internet (Minorías Sexuales)

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