23 de febrero de 2006
¡Que se vayan todos! ¿Y luego? ¿Así que como todos son una bola de infames debemos mirar hacia otro lado en el momento en el que las elecciones permiten discutir en la agenda pública cosas importantes?
Francisco Javier Lagunes Gaitán
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¿Cantar loas al mesías de pasamontañas nos conducirá directo hacia el edén social perpetuo? Sí, la democracia es infame, insufrible y plena de horrores preciosísimos, como los gobernadores y jueces protectores de agresores de menores. Pero como decía Winston Churchill, "La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás".
Esta visión que deberían enseñar en las clases de educación cívica de la modernidad, implica ver a la democracia como un mal menor. No es garantía eterna de un gobierno bello, mágico y maravilloso; ni garantiza que el poder quede reservado en las manos de huestes angelicales. La democracia retoma y sistematiza bajas pasiones como la envidia y la desconfianza (tal vez la motivación de los mejores opositores y periodistas) y los transforma parcialmente en elementos funcionales del sistema.
No se trata de elegir al gurú redentor siempre iluminado que nos ha de salvar del mal de una vez y para siempre. Si de eso se tratara, tengamos por seguro que ni el supdelegado cero cumpliría ni de lejos con este perfil. Las elecciones son solamente la ocasión de designar una nueva administración en el ejecutivo y de renovar la representación legislativa. Y la administración y el ejecutivo estarán invariablemente formados por gente con virtudes y defectos, agrupada en determinados partidos realmente existentes y formados en esta sociedad de clases.
El choro de la tal "sociedad civil" ha demostrado ser un mero pretexto para que algunos politicastros de pacotilla con bandera de ONG (igualitos a los otros pero más monotemáticos) accedan a las candidaturas "externas" de los partidos. Casi cada nuevo partido y asociación política siempre pretende legitimarse como "proveniente de la sociedad civil". Es como un típico show a lo Bernardo de la Garza ("voten por mí para un puesto político, porque no soy político"). No podemos quedarnos con esa pose barata, hay que juzgar trayectorias, perfiles de habilidades, capacitación y experiencia, propuestas políticas, seriedad política, visión de estado, calidad de sus alianzas, etc. Ser un activista notable no tendría que estar reñido con una trayectoria partidaria destacada.
Para que una democracia representativa funcione mejor es necesario, entre otras cosas, fortalecer y diversificar el sistema de partidos. Mientras la ciudadanía que se dice "conciente" se contente con despreciar esas instituciones pilares del sistema, los preciosísimos políticos nefastos de sobra conocidos seguirán controlando incontestadamente el monopolio del poder.
Los movimientos sociales autónomos no son automáticamente representados por Marcos, ni son para oponerse a las elecciones (ni para corporativizarse alrededor de algún partido o candidato). Los movimientos sociales no nacen con Marcos ni dependen de él. Mientras la que se dice "izquierda" (whatever that means) todavía crea en la inmaculada concepción de la virtud, seguirán atorados en posiciones maximalistas irrelevantes. ¿A dónde nos conduce esta santurronería profundamente antipolítica?
Las arengas domingueras de Marcos no aportan gran cosa al movimiento social autónomo autogestionario que se desarrolla en nuestro país. Y si solamente van a servir para fortalecer los prejuicios antipolíticos de la gente que podría ser más crítica, y que más podría aportar al cambio democrático, le harían un favor inmerecido al mantenimiento del subdesarrollo del sistema de partidos. Los partidos no son, ni tienen por qué serlo, conventos de virtud inmaculada para albergar a una clase política de vírgenes vestales. Son maquinarias para la agregación y negociación de demandas sociales y de visiones del cambio. ¿Puede lograrse el cambio significativo sin 'ensuciarse las manos' con la materia del sistema de partidos? ¿A poco no hay política parecida a esa en las ONG y entre bisexuales, lesbianas, gueis, travestis, transexaules y transgéneros? ¡No nos hagamos! ¡Alto a la santurronería antipolítica. |
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