20 DE FEBRERO DE 2006
 Oqueerrencias y queeriosidades Juan Soriano (1920-2006) En su momento, el maestro Juan Soriano despotricó, ahora, contra los gays que, como Xavier, vivían en el clóset y se fue hasta el movimiento de liberación gay que le parecía una estupidez
Sergio Téllez-Pon
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En agosto de 2000, cuando Juan Soriano cumplió 80 años de vida, se presentó en el Sanborn´s de los Azulejos su libro monumental Amigo enigma. Los dibujos de Juan Soriano que, si mal no recuerdo, publicó en España la editorial Ave del paraíso y que en esa ocasión presentaron el español Orlando González Esteva, Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis. Acabado el acto, tímidamente me acerqué al artista y le pedí una entrevista pues, en aquélla época, andaba yo investigando profusamente para mi ensayo-biografía sobre Xavier Villaurrutia que permanece inédito.
A pesar de estar muy solicitado por todas las personas que habían asistido al evento, Juan me atendió muy amable y me dio su número telefónico para que le llamara y concertáramos una cita. Así lo hice y Marek Keller me dio cita para el 8 de septiembre. A la entrevista me acompañó Miguel Capistrán quien también quería preguntarle algunas cosas sobre los años en que Juan departió con los Contemporáneos (tema en que Capistrán es experto). Fuimos, pues, a su casa de la colonia Condesa y allí nos recibió muy atento y nos concedió mucho tiempo platicando. Sin embargo, la verdad sea dicha, la entrevista fue un tremendo fiasco. De ello me di cuenta cuando volví a escuchar la entrevista en la grabadora que me habían prestado: Juan no habló de otra cosa que no fuera el "fashismo", como él pronunciaba. Le preguntamos sobre las noches de aquelarre con Villaurrutia y Juan se iba por la tangente para despotricar contra Hitler pues, dijo, en esos años ya se sentía la fuerte presencia antisemita. Juan no era judío así que, aún hoy, sigo sin saber porque se dedicó a hablar con tal vehemencia contra el fascismo.
De tal manera que intentamos una segunda vez. Volví a llamar y Marek me dio cita para otro día. Esta vez fui solo porque Capistrán tenía otro compromiso ese día. Llegué a casa de Juan con un pastel, chocolates y el libro de memorias del doctor Nandino Juntando mis pasos que Aldus acababa de publicar y que Juan no había leído, según alcanzo a decir en algún momento de nuestra entrevista anterior. Esta vez, claro, ya no despotricó contra Hitler y su política fascista. Sobre Villaurrutia me contó varias cosas, detalles, algunas no atrevió ningún comentario porque realmente no sabía lo que había pasado. Cuando le volví a preguntar sobre las noches de fiesta con Villaurrutia, esta vez Juan me contó que iban muy seguido al Tenampa en Garibaldi y allí bebían demasiado. En una ocasión, contó, cuando se armó una trifulca de borrachos, Xavier le dio unos pesos para que tomara el primer taxi que pasara y se fuera a su casa, pues Xavier no podía soportar que un escuincle como Juan presenciara la golpiza.
Antes de salir de su casa, me pidió que le llamara en alguna ocasión para conversar más sobre Xavier pues, me dijo, a pocos les interesaba como a mí un gran poeta y porque, además, Juan lo había querido mucho y quería transmitirme todo ese cariño para que yo lo plasmara en mi libro. Después nos vimos algunas ocasiones y platicamos largamente, en otras no tanto pues nos habíamos encontrado de manera casual en algún lugar.
En nuestra pesquisa por más datos sobre Villaurrutia, Capistrán y quien esto escribe, fuimos a la fundación Cardoza y Aragón que muy atinadamente dirige mi muy querida Andrea Huerta. Queríamos entrar al archivo de Cardoza y Aragón para ver si se había carteado con Xavier, y Andrea nos dio el índice de cartas pues, por fortuna, el archivo del guatemalteco estaba organizado. No encontramos nada de lo que buscábamos pero vimos una cosa curiosa: cuando murió la esposa de Cardoza y Aragón, Lya, Juan y Marek le hicieron llegar sus condolencias. En el índice de cartas decía algo así como "el señor Juan Soriano y su esposa la señora Marek Keller, le hacen llegar sus condolencias al señor Cardoza por la muerte de su esposa". Por entonces, supe por el propio Capistrán, una revista había seleccionado a Juan y a Marek entre las 10 parejas más famosas de México.
Después, tan insolente e inoportuno como sólo yo soy, le conté a Juan lo que habíamos encontrado en el archivo de Cardoza y Aragón, y él, con el gran sentido del humor que le caracterizaba, sólo atinó a reírse mucho. En otra ocasión, cometí la indiscreción de decirle—sin pensarlo— que la verdad me gustaban más sus esculturas que su pintura (que me parece tétrica salvo la serie de Lupe Marín y la de Apolo y las musas que por entonces estaban en el museo Tamayo) y él me dijo: "¡Qué bueno que me dices eso porque a mí también!". La exposición en el Tamayo, con que se conmemoraban sus 80 años de vida, fue inaugurada por el presidente Zedillo y, tiempo después, Juan me confió: “Los reporteros me preguntaban sobre lo que hablaba con el presidente y yo les contesté que son cosas de amigos que a los reporteros no les interesa”.
En 2003, Capistrán me dijo que había declinado la invitación para abrir la Semana cultural lésbico gay del Museo del Chopo porque tenía varios compromisos más que atender. Sin embargo, como la Semana iba a estar dedicada a Villaurrutia por el centenario de su nacimiento, Capistrán le dijo a Pepe Covarrubias—el fiel organizador de la Semana—, que yo podía ir en su lugar porque, además y por si fuera poco (y estas son palabras de Capistrán), yo era el inmejorable biógrafo de Villaurrutia (lo cual era una indirecta a mi amigo Pedro Ángel Palou de quien Capistrán había leído En la alcoba de un mundo y no le había gustado). Así, Covarrubias me contactó y me invitó a abrir la Semana con la mesa de homenaje a Villaurrutia en la que sólo estaríamos, según me dijo: Juan Soriano, él y yo. Y así fue. El día de la inauguración de la Semana llegué con un breve texto de dos cuartillas que había escrito esa misma tarde. Cuando llegué al Chopo, éste estaba casi vacío y Juan y Marek estaban dando un paseo por la exposición. Fui a saludarles y Juan me preguntó sobre lo que iba a decir: "Tengo un texto muy corto, Juan, ya lo escucharás", respondí.
Seguido de mi presentación a cargo de Covarrubias, leí mi texto y Juan me felicitó diciéndome que seguramente le habría gustado mucho a nuestro querido Xavier. Ahora le tocaba su turno a él. Pero Juan era impredecible y no quiso hablar nada sobre Xavier, dijo que todo ya lo había dicho yo. En cambio, despotricó, ahora, contra los gays que, como Xavier, vivían en el clóset y se fue hasta el movimiento de liberación gay que le parecía una estupidez. Covarrubias me conminaba a que metiéramos a Juan al redil, pero era imposible: Juan quería hablar de lo que él quería no de lo que nosotros queríamos que hablara. Una vez más, al terminar, Juan me invitó a llamarle para platicar. "Habla y queda con Marek para que pases por la casa", me dijo. La verdad es que nunca más lo hice, por decidía, por tener varios otros compromisos y, principalmente, porque nunca sabía atinar cuando se iban a pasar la temporada correspondiente en su casa de París y cuando la pasaban en México.
Como casi todo mundo, me enteré por la prensa que Juan había sido hospitalizado; guardaba la esperanza de que se recuperara pronto y, entonces sí, pagar mi deuda e ir a platicar con él. Por desgracia no fue así. Me resigné a su pronta desaparición cuando leí que Marek había declarado al periódico Milenio Diario (domingo 5 de febrero, p. 42) que si Juan no se recuperaba lo mejor sería que ya se lo llevaran a su casa. No les dio tiempo de llevarlo hasta allí y Juan murió en el hospital este viernes 10 de febrero a las 5:10 de la mañana, privándonos así de sus amenas conversaciones y siempre atinados puntos de vista con un sentido del humor excepcional. |
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 Entrevista póstuma con Juan Soriano
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