19 DE OCTUBRE DE 2005
Carlo Coccioli: literato con pasión Intelectual de origen italiano, famoso por sus más de 30 libros traducidos a casi todos los idiomas del mundo. Fue soldado de la Segunda Guerra Mundial. Se convirtió en un escritor famoso debido a ‘Fabrizio Lupo’, una historia de amor entre dos hombres
|
|
 Carlo Coccioli, autor de Fabrizio Lupo
|
Aún recuerdo, como una fiel cinta grabada en mi mente que se ha reproducido de una forma exacta, aquellos momentos en que la vida me ha deleitado con gratas experiencias. Y es que cuando el rótulo del nombre de un ser lleno de luz ha sido limpiado del polvo construido por el pasado, emergen anécdotas con monumental algarabía.
Esa experiencia se centra en la esfera de un escritor, el mejor narrador que ha existido en el mundo —como así lo han calificado varios conocedores de la literatura en el planeta—; un ‘ser humano’ (como se auto designaba en sus contenidos), italiano de sangre y origen, pero mexicano de corazón, Carlo Coccioli, fue un literato lleno pasión e ímpetu por las letras. Y a pesar de que ya no está con nosotros, él vivirá a través de su obra literaria y pictórica.
Hace más de dos años, leyendo la sección editorial del diario ‘El Excelsior’, me conmoví al encontrar una sensibilidad más allá de la relatividad, en una columna llamada ‘Columpio’, de alguien que se refrendaba como ‘ser humano’. Como una práctica específicamente del área de ‘Artículo y editorial’, dentro de la carrera de Comunicación que me encontraba cursando en ese momento, se nos encomendó entrevistar a un editorialista que nos agradará, en estilo y forma de escribir —y de pensar—. Fue así, como se dio la entrevista, en donde surgió, poco después, una enorme amistad, allá en su casa del sur de la ciudad. La última entrevista que concedió.
Encontré a un escritor con una actividad cognitiva impresionante. No le agradaba que le colocaran adjetivos como ‘escritor’, mucho menos ‘pintor’ (aunque eso era); prefería que se le considerara, simplemente, un ser humano más en ésta tierra mexicana. Carlo Coccioli Duranti nació el 15 de mayo de 1920, en Livorno (Italia). Prácticamente, toda su infancia la vivió en Líbano, África del norte (de 1926 a 1938); su estadía en ese país la consideró como parte de su aprendizaje literario, pues el tiempo libre que conseguía lo invertía en leer y leer libros prestados de la biblioteca (pues no contaba con capital para comprarlos). “Yo descubrí el libro en mí, y la capacidad que yo tenía de ver cualquier tiempo” sonriente me confesó.
La escritura siempre fue una de sus pasiones, desde que estudiaba en la preparatoria Liceo. Ya en los albores de su etapa universitaria —en la que adquiría un doctorado en Lenguas Semíticas y Camíticas— escribía en el dialecto ‘Taitoq’ (lengua propia de los nómadas Taureg). Subsiguientemente, fue necesitado por las fuerzas armadas de su país para enlistarse a las filas de los soldados que irían a la Segunda Guerra Mundial, “fue una experiencia de aprendizaje”. Viene de una familia de militares, su padre fue un gran servidor de la patria italiana.
Escribió más de 30 libros traducidos a varias lenguas como al: italiano, español, inglés, francés, alemán, portugués. . . aproximadamente 168 libros en todo el mundo. ‘La difficile espérance’, ‘La Petite Vallée Du Bon Dieu’, ‘El Juego’, ‘Una historia de jóvenes’, ‘Il Giuoco’, ‘Il cielo e la terra’, ‘L´Immagine e le stagioni’, ‘Manuel el mexicano’, ‘Un suicidio’, ‘Los fanáticos’, ‘Soleil’, ‘Tutta a Veritá’, ‘Pequeño Karma I y II’, ‘Buda y su maravilloso mundo’, ‘Rojo de vida’, ‘Los sexenios felices de Carlo Coccioli’, entre otros más.
‘Uomini in fuga’ (o bien en su libro traducido al español ‘Hombres en fuga’) fue un libro que ayudó a varios alcohólicos a sumarse a las filas de ‘Alcohólicos Anónimos A. C.’. ‘El esperado’ se convirtió en obra teatral en la ciudad de México, presentada por la ‘Asociación de Cultura Artística Mexicana A. C.’; protagonizada por Luz María Aguilar, Sergio Kleiner, entre otros más.
Fabrizio Lupo, una historia de amor entre hombres
El libro que fue considerado como su ‘obra maestra’ fue ‘Fabrizio Lupo’, que en Francia fue todo un éxito, siendo que ahí fue el primer lugar donde salió a la luz, y poco después se convirtió en un libro muy querido por los franceses. Posteriormente los editores de otros países le contactaron para llevar a cabo las traducciones a sus idiomas.
“Más que una novela es Fabrizio Lupo, no obstante consideraría así el autor. Dentro de la forma novelada, con técnica que aparentemente parece dislocada de las escuelas conocidas, Carlo Coccioli ha dado a la literatura universal una gran obra de arte, donde se conjugan la ficción y la realidad, concebida la primera como símbolo de belleza y la segunda como expresión simbólica de la sicopatología que preside de la vida de los homosexuales” expresó la revista Tiempo.
Una historia en la que Fabrizio busca el amor en varios hombres, en los cuales no se pudo enamorar por las circunstancias que azotan al orbe del homosexual. Sin embargo, el cariño para sus amantes —o parejas como se diría en la actualidad— existió, pero jamás el amor. Tras su incesante exilió de sus propias convicciones, Fabrizio, encuentra el verdadero amor y el más grande en un hombre mucho más joven que él.
En dicha historia se encuentran las cartas que Fabrizio le enviaba a su amado; unas cartas que deleitan con una delicia descriptiva, en donde el clima, los escenarios, los olores, colores y sabores pueden sentirse al momento de involucrarse con la lectura. Una lectura que invita al lector a continuar implicándose con la historia. Historia que envuelve por su más fina prosa. Una prosa que embellece el alma y transmite los sentimientos de los protagonistas. Sentimientos que emergen del alma y que no importa si es amor de hombre a otro hombre. Un hombre que conoce el amor en todo su esplendor. Esplendor que refleja la sensibilidad y grande conocimiento de un gran escritor: Carlo Coccioli.
Innumerables galardones
Cuando el gobierno de Italia era comandado por un rey, Coccioli fue galardonado con una condecoración que lo colocó como una personalidad importante dentro de la literatura italiana. Diplomas, medallas, cuadros y más premios los guardaba con un enorme apego.
Sin embargo, el último homenaje que recibió en vida fue el que ‘Blare World®’ (empresa de mi propiedad) le rindió el lunes 2 de junio de 2003; sintiéndose orgulloso de que una empresa compuesta por el ímpetu y sueños de la juventud le rindiera tal reconocimiento, “el mejor homenaje que he tenido en mi vida hecha por jóvenes” señaló. Asimismo, en dicho evento también recibió el premio ‘Proclamar 2003’ (creado especialmente para los escritores y periodistas) le fue entregado en esa ocasión —siendo éste el último que recibió—.
Hasta el último aliento
Con diversas operaciones en su vida, entre ellas una a corazón abierto, en su haber, Coccioli se mantuvo firme con la entereza de seguir escribiendo, pintando, y ayudando al que más lo necesitaba. Siempre preocupado por la vida ecológica y de los animales, emitía constantemente en la revista ‘Siempre’ o en el periódico ‘El Excelsior’ que los gobernantes hicieran algo para que no se muriera la ecología.
Amó con gran fidelidad a los perros, lo que lo llevó a crear, bajo iniciativa de su hijo Javier, un albergue para perros de la calle. Además mantenía una firme relación con el ‘Refugio Franciscano A. C.’ y con la ‘Asociación Pro Defensa de los Derechos Animales y Prevención de la Rabia A. C.’ que se encargaban de brindar un nuevo estilo de vida para los perros. “Le tengo más miedo a otros animales (personas) que a los hermosos perros” manifestó en una entrevista que le realizara un diario local italiano.
La humildad de un GRANDE
Murió el martes 5 de agosto de 2003, tras varias enfermedades que minaron su organismo. Italia y Francia pidieron que su cuerpo fuera velado en sus naciones, declarando un día de duelo; sin embargo, la última palabra del escritor fue ser enterrado en Puebla, estado en el que nació su único hijo, Javier Coccioli.
Rodeado de indígenas, perros y las personas que le queríamos fue sepultado. Entre flores, canciones, rezos, veladoras, etc., fue un adiós para un Gran Ser Humano. Ahí, en Atlixco, Puebla, en una cálida y bella iglesia el adiós al escritor logró reunir a personas del ámbito intelectual, de la sociedad civil, empresarios, católicos, Hare Krishná y más.
Entre un viento abrumador, el cielo comenzó a despejarse para dar paso a un sol radiante, los presentes vestidos de blanco, las flores cayendo en su última morada fueron algunos de los elementos que se conjugaron para decirle “Hasta pronto Don Carlo Coccioli, Dios le Bendiga”.
De manera personal
Hasta pronto amigo mío, gracias por esos enormes consejos intelectuales que me han dejado el alma llena de sabiduría; gracias por creer siempre en mí; gracias por considerarme parte de su familia; por tanto apoyo que me brindó; gracias por ser un ángel en mi camino. . . ¡Ya ve, no defraudé a su confianza y solicitud, sigo escribiendo!, me han alagado muchas personalidades del ámbito intelectual. Alejandro, el amor de mi vida, me ha impulsado ha seguir por el sendero que nunca termina, por ese camino que siempre comienza con una enorme sonrisa dorada, es una senda que siempre está, el de las letras, pues no tiene color ni rostro, tiene sentimientos. . . y lo estoy logrando.
Me hubiera encantado que usted fuera quien me diera el primer punto de vista profesional del libro que como sabía estoy escribiendo. Bendiciones Don Carlo, por haber sido un hombre lleno de sabiduría, de sentimientos y de amor a los demás, un verdadero ejemplo a seguir.
Fabrizio Lupo es una enorme historia, de esas de las que yo creo; pues, con el amor de mi vida, estamos construyendo una historia de amor incondicional, de amor mutuo. . . de un amor como el que ya no se encuentra tan fácilmente. Y no me refiero a un amor como de un cuento de hadas, es un amor que tiene vida y late en realidad.
Con dedicatoria
Quiero dedicar ésta columna con un enorme respeto, admiración y cariño a la memoria de ese ‘Gran Ser Humano’, a Don Carlo, quien me descubrió como escritor, como creador de historias de amor —su enseñanza en tan poco tiempo me ayudó a descubrir mi verdadera vocación. Nunca olvidaré sus últimas palabras, las llevo siempre presente. Siempre quise que conociera al hombre que me ha hecho el ser más feliz; pero sea donde se encuentre, seguro que está orgulloso de mí; y gustoso de que haya encontrado al MEJOR de los HOMBRES, porque no hay otro igual a él, a mi Súper Héroe: Alejandro—.
Asimismo, a ese gran amigo, Javier Coccioli —gracias por todo lo hermoso que has sido con mi familia y conmigo. Eres digno de llevar el apellido de tu padre, pues eres un ser lleno de luz. Te envío un enorme abrazo, esperando la invitación para la inauguración del Museo que expondrá a la luz pública las obras de arte de Don Carlo Coccioli—.
» Hacer de la vida un paraíso o un infierno es argumento de cada quien. El sexo es un auténtico placer, pero no lo es todo; usen condón que las enfermedades no tienen perdón. Edifiquemos extraordinarios caminos para que el futuro nos aguarde con seductores bríos y luz. El amor no es exclusivo de nadie, es para todos. . . Expidan todos sus comentarios, quejas o sugerencias a israel_mdza@yahoo.com.mx. . . hagan de su día minutos de productividad y amor, la vida es muy larga, pero muy corta. . . ¡hasta la próxima! « ◘ |
Regresar a la página
anterior
P u b l i c i d a d
1847
|