Sociedad & Política Sociedad & Política Sociedad & Política Sociedad & Política Sociedad & Política
25 DE AGOSTO DE 2005 ¿Qué significa ser gay de izquierda? Vale la pena preguntarnos ¿Qué significa ser de izquierda? Y ¿Qué significa ser gay de izquierda? Y, aún más atrevido, ¿Es compatible el actual “modelo” de vida gay con la ideología de izquierda?
En fechas recientes, se ha cuestionado la pertenencia o no de ciertas agrupaciones políticas a la corriente ideológica que llamamos “izquierda”, y no han faltado los los argumentos aportados por distinguidos líderes políticos y de opinión de nuestra comunidad.
Me atrevo a plantearlas no para poner en duda la validez de las críticas y reclamos de nuestra comunidad a la “izquierda” gobernante en nuestra ciudad, sino para entrar a un debate en verdad radical (en cuanto va a la raíz de las cosas) sobre la vinculación de la izquierda y la comunidad LGBT y sobre sus implicaciones al criticar o no el “modelo” de vida gay que el mercado nos ha impuesto como vía de “integración social”.
Al respecto, vale la pena recordar que durante los inicios del movimiento LGBT éste se identificó con las posiciones de la izquierda revolucionaria y se organizó haciendo una crítica no sólo a los fenómenos de la exclusión social y política de la comunidad gay, sino que lo hacía de sus causas estructurales, sin embargo, con el paso de los años, y sobre todo a raíz de una cierta apertura social, la pertenencia a la izquierda revolucionaria o sus acercamientos, se fueron agotando o definitivamente se abandonaron y, a partir de entonces, el movimiento LGBT dejó de identificarse y de participar activamente en la política de izquierda.
Tal vez las evidencias nos den fehacientes argumentos de que dicho cambio se ha operado en los últimos años, pero para poder comprobarlo tendríamos que resolver primeramente la pregunta radical de todo este asunto: ¿Qué significa ser de izquierda?
La primera respuesta que sale al paso es la que en este mismo espacio dio el compañero Gabriel Gutiérrez, quien, palabras más, palabras menos, afirma que ser de izquierda es estar a favor de los derechos de los gays, de las mujeres, y en general de los sectores desprotegidos de la población, mal llamados minorías –de las cuales daremos una opinión propia- En ese sentido, podemos decir que, efectivamente, eso es sólo uno de los rasgos que identifican a la izquierda moderna.
Porque ser de izquierda significa otra cosa más importante aún: en sentido estricto es estar en contra de las condiciones de explotación del sistema capitalista y a favor de un modelo que elimine la explotación, en otras palabras significa que ser de izquierda es optar por construir un modelo económico distinto al actualmente subsistente. En ese sentido, la discusión sobre los discursos sociales y políticos de la izquierda pasa antes por la discusión sobre el modelo económico que origina las condiciones de opresión contra amplios sectores de la sociedad, en donde uno de esos sectores es la población LGBT.
En el artículo sobre las minorías y sus falacias, abordaré más ampliamente las hipótesis que sostengo de cómo las condiciones económicas son origen de las condiciones de marginación y exclusión, entre otras, de la población LGBT y cómo, en el momento en que sectores tradicionalmente marginados son subsumidos en los mecanismos de mercado, éstos tienden a su integración y a la validación del sistema económico y a su derechización.
Al momento, como puede apreciarse, ya están sentadas las bases de respuestas a las otras dos preguntas planteadas al principio de nuestra exposición, a saber ¿Qué significa ser gay de izquierda? ¿Es compatible el actual “modelo” de vida gay con la ideología de izquierda?.
Respecto a la primera, ser gay de izquierda significaría estar en contra del actual modelo de opresión económica, política y social originado por el modelo capitalista desde una postura que identifica a la orientación sexual como una posibilidad de adoptar una posición política. Al respecto, cabría preguntarse: ¿cuáles son las posturas políticas y económicas que ha adoptado la población LGBT respecto a los grandes problemas económicos del país, tales como la privatización de la CFE o de PEMEX, de los aeropuertos, minas, y de todas las empresas que fueron del Estado, sobre el problemas de los campesinos, de los obreros, el salario, seguridad social, los problemas del IMSS, del ISSSTE y las pensiones? ¿y qué opinamos de los transgénicos? O ¿sólo nos ocupamos de los transgéneros?
Revisando numerosas opiniones que en los momentos de coyuntura se han vertido en los foros de discusión LGBT, es decir, cuando se han discutido parte de estos temas, resulta que sí hay una postura política en algunos “opinantes” de la comunidad LGBT, sin embargo, éstas posturas están más orientadas a la profundización del modelo privatizador y neoliberal que de los modelos de equidad y justicia social, pues éstos últimos se consideran “populistas”.
En ese sentido, por ejemplo, vale la pregunta ¿Sería populista una política que garantizara atención médica y medicamentos gratuitos a los gays que viven con vih? Una respuesta inmediata, desde la comunidad, indicaría que NO SERÍA POPULISTA UNA MEDIDA DE ESE TIPO, AL CONTRARIO, ES JUSTA, por el contrario, si hacemos la pregunta ¿Son populistas la pensión a los adultos mayores, los apoyos a madres solteras y a discapacitados, aplicados por el Gobierno del Distrito Federal? la respuesta que más se vería dentro de la misma comunidad, diría que SÍ ES POPULISTA DICHA MEDIDA, ADEMÁS DE ELECTORERA.
Por otra parte, la situación no se limita a las opiniones, también en la práctica diaria se vive cotidianamente ésta situación, por ejemplo ¿qué opina la comunidad gay respecto a los obreros y campesinos que no se visten en Zara? Bueno, ¿qué acaso no se les ve sólo como chacales, chichifos y otros apelativos semejantes? ¿no es eso una muestra de un nuevo clasismo que avala al capitalismo, origen de la discriminación que padecemos? Ni qué decir de glamour, lo fashion, lo “lush”, la elegancia, el “pink market”, y demás supuestos que afirman que los gays (y se supone que en general la población LGBT) tienen un nivel de vida mejor que el resto de la población y representan un mercado del orden de los 4,500 millones de dólares al año.
Si aceptamos las anteriores afirmaciones (del bienestar económico LGBT), estamos validando el sistema de explotación, porque justamente el bienestar de unos cuantos, se basa en la pobreza de la mayoría, de ahí que un discurso de izquierda desde la comunidad LGBT, tendría que poner en duda, primeramente, los supuestos de un aparente bienestar económico, ya que, lo que subsiste en ese aparente bienestar, es la negación a ser considerado un explotado en el sentido económico y, por tanto, más cercano a las élites económicas que a los sectores marginados.
Respecto a la comunidad trans, ésta situación invisibiliza su condición de marginalidad económica, ya que su marginalidad se concibe como resultado de su “decisión” de vivir adoptando una identidad genérica distinta a la biológica con la que nacieron, lo cual, de alguna manera, es cierto, pero sólo de manera secundaria no estructural.
Así, podemos afirmar que la población LGBT, se ha derechizado, y alejado de las posiciones de izquierda, y sólo concibe su condición de marginalidad como fenómeno sin atender las causas estructurales que la motivan y nuestra lucha se ha particularizado de tal manera (como las del resto de los otros sectores marginados) que al luchar por la inclusión social subyacentemente se están afirmando los principios estructurales de la formación social, en consecuencia, no se cuestiona el capitalismo como sistema de dominación, sino sólo la invisibilidad que el sistema de dominación ideológico (que reproduce al sistema económico) hace evidente.
En éste último punto, el de la dominación, cabe recordar que el pensador Francesco Alberoni, afirma que para que subsistan las condiciones de dominación (desde la ideología) se requieren de tres condiciones:
a)El consenso de los dominados b)La fuerza suficiente para mantener el dominio c)La existencia de un enemigo, real o supuesto, que pone en peligro el consenso y la dominación.
En ese sentido, los mecanismos del mercado, como generadores de consenso, han validado a la comunidad LGBT, sólo desde su posición de posible consumidores, de tal suerte que ésta condición de consumidores se entiende como un avance social y cuando se cierran dichas opciones, la lucha, incluso, se limita a defender esos espacios de consumo y se olvida la lucha fundamental que es el cambio de ese modelo de consumo que es depredador, explotador y enajenante y la construcción de una nueva superestructura ideológica del Estado que asuma la validez axiológica real de la diversidad en todos sus componentes, y no sólo el sexual.
En ese sentido, dejo para la reflexión ¿La comunidad LGBT es o puede ser de izquierda sólo en el supuesto de la satisfacción de nuestras “demandas” o es más bien a través de la vinculación con las luchas de otros sectores sociales y económicos tales como las mujeres, los obreros, los campesinos, los indígenas y los ambientalistas para que entre tod@s terminemos con el sistema de dominación capitalista?
* Anodis Ticker ::
Sólo para usuarios Telcel. Costo
por mensaje 3.5 pesos IVA incluido. Telcel no es responsable del contenido
ni de la publicidad. Aplica IVA 10% en ciudades fronterizas.
Atención
a Clientes: 01800 00 64235 o en soporte@micel.com. Responsable del servicio
Grupo Bakke.