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18 DE ABRIL DE 2005
Mi primera vez en el Metro
Eran mis primeros años de universitario. En aquel entonces el Metro era mi principal medio de transporte. Ahí fue donde una mañana descubrí un interesante fenómeno digno de cualquier estudio sociológico y hasta antropológico.

Redacción Anodis



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El ligue en el Metro es una realidad que nadie puede negar

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Para llegar a la universidad, mi costumbre era viajar de la estación Cuatro Caminos de la línea dos del Sistema de Transporte Colectivo a la estación Hidalgo, transbordar a la línea tres y luego a Ciudad Universitaria. ¡Toda una excursión!

De Hidalgo a Ciudad Universitaria, regularmente viajaba en el primer vagón, porque en mi destino ahí quedaba cercana la salida y nunca había notado nada extraño hasta aquel día. No fue en el primer vagón, sino en la “cajita feliz”, como le llaman algunos, a la que caí por accidente.

Mis clases comenzaban a las siete de la mañana. Para variar, iba muy retrasado y cualquier minuto resultaba valioso. Para no sumar una inasistencia más, corrí a toda prisa del andén de la línea azul al de la línea verde, además de ya se escuchaba la cercanía del convoy que se dirigía a la Ciudad Universitaria.

Al tiempo que se estacionaba momentáneamente la unidad del Metro, yo llegaba fatigado justo debajo del reloj. No era la ubicación cotidiana en la cual yo abordaba, pero al ingresar a esa carroza anaranjada que para algunos se convierte en calabaza a las 12 de la noche, ocurrió un interesante descubrimiento.

Entré y aún cansado tomé aire para relajarme. Pasadas algunas estaciones, se desocupó el asiento de entre la puerta y el muro donde termina el vagón. Me senté y fue cuando mi atención fue capturada por una serie de extraños movimientos.

De frente, un tipo alto y delgado que portaba jeans y camiseta me miraba insistentemente y al percatarme logró ponerme nervioso. De reojo lo miraba y conforme transcurrían los minutos que por la inquietud ya me parecían horas, se tocaba la entrepierna y masajeaba discretamente su paquete que ya tenía un tamaño fuera de lo normal.

Por mi inexperiencia, el hecho me incomodó demasiado. Volteé para otro lado creyendo que había sido un hecho aislado pero para mi sorpresa no fue así. Otro joven, con apariencia de estudiante, sentado en diagonal mío, miraba la escena anterior. Cual desencadenamiento, comenzó a deslizar su mano por el tubo que tenía enfrente, arriba y abajo, arriba y abajo, al tiempo que su mirada recorría en el mismo sentido mi bragadura.

Éste me provocó mayor exaltación. Mi corazón latía como si quisiera salir de su lugar. Sentí como se sonrojaban mis mejillas y sudaban las manos, al tiempo que percibí como se trazaban señales en todas direcciones en ese cuadro del vagón. Nada extraordinario, cierto, pero completamente inédito a mis 19 años.

Terminé por agachar la mirada, temiendo ser descubierto en ese juego de mi libido pero no fue mucho el tiempo que duró mi inhibición. Enseguida levanté el rostro, pero dirigido esta vez completamente a mi derecha, evadiendo a los sujetos cuya insistencia me desagradaba.

En la nueva posición, hice otro descubrimiento: un tercero atestiguaba los coqueteos y pretendió entrar al juego. Casi me vuelvo loco del nerviosismo, pero pronto cada uno fue llegando a su destino y así también llegó mi tranquilidad.

Debo reconocer que empecé tarde en la práctica de mi orientación sexual diferente. Es por eso que a pesar de mis 19 años desconocía los espacios de interacción social de nuestro colectivo. El lenguaje no verbal, las miradas, los movimientos para el ligue también eran cosa nueva.

Así fue mi primera vez. Casualidad y nada más. Nadie me orientó sobre cuál es el vagón donde sucedía el flirteo entre chacales, chichifos, jotas y closeteros. Ya después, conforme me adentré más a este mundo, fui conociendo reglas, espacios, horarios, direcciones, etcétera para el ligue en el Metro. Nada que con el tiempo no termine por cansarte como cualquier forma de contacto superficial y ocasional.

Ahora, a la distancia, considero que la razón de por qué el Metro es un espacio para la interacción de nuestro colectivo es la escasez de lugares para el esparcimiento LGBT que no signifiquen una mayor gasto (dos pesos del pasaje no es una erogación comparada con el consumo en una cafetería o el acceso a un bar o discoteca), pero también es por la latente marginación, desprecio, intolerancia de esta sociedad por la diversidad sexual. Los espacios sociales tradicionales como los colegios, universidades, parques, centros comerciales, plazas, están prohibidos para la comunidad LGBT y por eso hay una conquista de nuevos territorios que nos sean propios y reservados.

Incluso “metrear” es mal visto por algunos sectores recatados del colectivo LGBT. Los conozco “metreros” de clóset. Aquellos que se dicen “bien” y según nunca han ligado en el metro; es más, que no han viajado en este medio de transporte. Pero el ligue en el Sistema de Transporte Colectivo, Metro, de la ciudad de México es una realidad que nadie puede negar y que en todo caso debiera ser reconocida por las autoridades.

Hay grandes asignaturas pendientes respecto a esta práctica. Que los directivos del Metro combatan el acoso que vigilantes y demás personal cometen contra gays desinformados que ligan en sus vagones y estaciones. Que se fijen límites entre los actos permitidos y aquéllos que definitivamente ni las instancias de derechos humanos deben defender. Y tercero, el respeto de nuestro propio colectivo a quienes ven en esta modalidad del ligue, la forma de encontrar desde con quién pasar el rato, hasta el amor de su vida.

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YO
14 de febrero de 2011


qu poca madre ahora resultas que los putos quieren que se les permita hacer lo que a nadie gracias al jotote mayor de MARCELO EBRARD

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JOAQUIN
11 de febrero de 2011


pinches putossssssssssssssss

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GML
26 de febrero de 2010


denis ponte a acer algo d eprovecho y deja estar leyendo estas madres jajajajaj

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JUANITA ESTRELLA
10 de marzo de 2009


Me gustó lahistoria. En especial porque aquí acaban dehacer un metro, como quien dice.

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QUE WEBA LA HISTORIA
18 de febrero de 2009


bueno solo para decirle que muy mala historia jejejejejej adios

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Editorial

Una asociación civil constituída para promover el fútbol entre la diversidad sexual, ha recibido apoyos tanto del gobierno federal como local. Ha visibilizado el deporte pero al mismo tiempo ha acumulado acusaciones sobre presuntos malos manejos. [Sigue]

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