22 DE NOVIEMBRE DE 2002
Más parejas no significa satisfacción garantizada Un comportamiento promiscuo refleja inseguridad en uno mismo, además es un indicador de inestabilidad emocional e identidad confundida, pero este problema puede resolverse.
Marco Antonio Pérez Mora
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Es una palabra que se escucha con frecuencia, pero no se explica que la promiscuidad sexual se da cuando una persona es incapaz de relacionarse con otra de manera estable y madura. Quien tiene esta conducta necesita múltiples contactos sexuales para sentirse bien, pues cree que mientras más parejas sexuales tenga, más consolida su identidad.
Las relaciones de los promiscuos rara vez llegan a ser tan satisfactorias como las de quienes mantienen relaciones más estables y duraderas. Al no echar raíces afectivas, difícilmente se enamoran; no les interesa la otra persona porque se centran en su propia satisfacción sexual sin tomar en cuenta las necesidades de su pareja.
Por ancestrales razones culturales y biológicas, la promiscuidad es más común entre los hombres. Las mujeres ven limitada su conducta sexual por el riesgo de un embarazo y la necesidad social de la identificación y reconocimiento de la paternidad, por lo que históricamente han tenido, y tienen, menos libertad de comportamiento sexual limitándose a “un solo hombre”.
En cambio, a los varones se les permite, y hasta se les estimula, para que tengan más de una pareja sexual. Quienes padecen de promiscuidad sexual suelen ser personas inmaduras, inseguras de su identidad, por lo que necesitan muchas conquistas sexuales para reasegurarse a sí mismos en su masculinidad o feminidad. Suelen provenir de familias en las que el padre, y/o la madre, fue promiscuo, en hogares en los que nunca hubo una educación sexual adecuada.
Los mensajes a los hijos eran: “Tu padre es mujeriego, pero es tu padre y debes quererlo”, “a pesar de que tu padre tenga más mujeres, no podemos dejarlo” o “necesito estar con diferentes hombres para sentirme bien”. Con estos mensajes, el promiscuo se hizo a la idea de que así debería ser también de adulto; por eso, su conducta no le crea conflicto ni culpabilidad, aunque sea incapaz de ligarse emocionalmente y tienda a ser inestable en todos los ámbitos.
Es evidente que al no preocuparse por complacer a su pareja, ante la menor frustración o la presencia de alguien a quien consideren una mejor opción, abandonen a aquella sin importarles sus sentimientos y el daño que puedan causar. Ese mismo desinterés les lleva a la negligencia en el cuidado de sus relaciones y suelen ser los transmisores de infecciones sexuales como el sida.
Muchos hombres con relaciones estables prolongadas, suelen comenzar a tener múltiples aventuras sexuales al llegar a la madurez, la famosa crisis de los 40 años y caen en conductas promiscuas temporales. En estos casos, la razón es la búsqueda de seguridad de su capacidad sexual, de que mantienen su poder de conquista y dominio en varias relaciones, por lo general transitorias, para luego volver con su pareja y quedarse con ella, una vez resuelta su crisis, si los acepta de nuevo. En otros casos, se separan.
Investigaciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud y otros organismos de salud sexual y mental en Estados Unidos y Europa, han encontrado que el comportamiento promiscuo se presenta más entre la población que no tuvo una adecuada información sexual, en comparación a quienes contaron con una buena educación e información sexual en el hogar y escuela.
Estos últimos comienzan su vida sexual a una edad mayor, son más maduros y estables en sus relaciones sexuales y, por ende, menos promiscuos.
No todo está perdido para los promiscuos, pues cuando una persona es promiscua y desea cambiar, puede hacerlo por dos caminos: un genuino enamoramiento, que la hará ligarse sexual y emocionalmente a otra persona o una psicoterapia profunda que le ayude a comprender las razones de su comportamiento y a modificarlo, logrando así la estabilidad y madurez emocional que le permita disfrutar sus relaciones sexuales con afecto y confianza en sí mismo y en su pareja. |
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