31 DE ENERO DE 2005
El amor que no se atreve a decir su nombre ¿Por qué gays y lesbianas vivimos nuestras relaciones a escondidas? ¿De qué nos avergonzamos o a qué le tenemos miedo?
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 El amor es una de las principales pasiones humanas
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Los que saben dicen que San Agustín tuvo amores con hombres y que amó con toda su alma a un joven, Adeodato, quien murió porque Dios así lo quiso por el bien de sus almas. En sus “Confesiones”, el que llegó a ser padre de la Iglesia Cristiana por su sabiduría, expuso que el amor que sintió por él fue “la experiencia más deliciosa que todas la delicias que en aquel tiempo gozaba” (1). Sin embargo, volvió a la “senda del bien” convirtiéndose al cristianismo y en ello intervino su chantajeadora madre, Santa Mónica. El santo varón explica en su autobiografía -considerada como un compendio de sabiduría para filósofos y teólogos- que llega el momento en que todo joven debe elegir entre casarse o quemarse, haciendo alusión al despertar del sentido de la sexualidad, por eso condenó como pecado toda relación sexual que no estuviera destinada a la procreación y mucho más aquella que se sostiene con alguien del propio sexo. No hay que olvidar que el término homosexualidad surgió hacia 1869 y por ende en ninguna obra anterior a esa fecha se utiliza este calificativo para referirse a las relaciones de personas del mismo sexo.
Claro, bien sabemos que la esencia de los valores morales es inamovible con el paso de los siglos, pero ese pensamiento de que hay que casarse para no quemarse con el fuego de la sexualidad, hoy en pleno siglo XXI está más que fuera de lugar y suena absurdo, porque ya no tan fácil un joven se casa con su chica sólo para legalizar ante la religión, la familia y la sociedad sus ímpetus sexuales. Antes habría que pensar cómo salir adelante con las cuentas que implica una vida de matrimonio, máxime cuando hay descendencia. Además, la decisión entre tener o no sexo con alguien ya poco tiene que ver con la moral, es una cuestión puramente ética, es decir, personal. Pero ese es asunto de los bugas convencionales y la verdad poco tenemos que ver quienes vivimos dentro de la diversidad sexual. Lo realmente importante es que el amor es una de las principales pasiones humanas que igual desata guerras que brinda paz y ataca a cualquier persona sin importar la orientación de sus afectos e impulsos eróticos, tampoco respeta creencias ni profesiones, Eros te afecta seas religioso o seas laico.
Literatos, filósofos y artistas en todas las épocas de la humanidad, como seres humanos comunes y corrientes, vivieron la experiencia del amor y reflejaron en sus obras estados de ánimo y pasiones en torno al amor, no en vano tantas novelas, pensamientos, reflexiones, dramas, piezas de teatro, películas, pinturas, monumentos, música, poesía y demás manifestaciones que tienen como argumento principal el amor en todas las aristas de las que habla Fromm, pero especialmente el llamado erótico, el que se siente hacia una única persona con la que se desea fundirse por completo en forma exclusiva (2).
Pero no todas las obras del arte universal versan sobre romances y pasiones heterosexuales, también los homosexuales dejamos huella en distintas historias románticas, apasionadas y dramáticas. Recordemos las historias escritas en el antiguo Egipto, en el Imperio Romano y en la Grecia clásica, donde el sexo entre hombres era cosa común. Si bien esas muestras de literatura fueron explícitas, una vez que se impuso la moralidad cristiana en el llamado mundo civilizado, la mayoría de historias homoeróticas tuvieron que ser escritas sutilmente mimetizadas para evitar la acción de la Santa Inquisición y después de las autoridades censuradoras; otras sólo las entendían los “iniciados”, pocas, muy pocas fueron explícitas, quizás entre ellas “La Confusión de los Sentimientos”, “Maurice” y “La Máscara de Carne”.
Óscar Wilde, André Gide, Jean Genet, Virginia Wolf, Goré Vidal, William Shakespeare, Jean Cocteau, Paul Rimbaud, Arthur Verlaine, Marcel Proust, Federico García Lorca, Marguerite Yourcenar, y los mexicanos Xavier Villaurrutia y Salvador Novo, por mencionar sólo algunos, contribuyeron en su época con sus historias a crear gradualmente una literatura universal con carácter homoerótico en la que fácilmente nos identificamos los chicos que amamos chicos y las chicas que aman chicas, quienes hemos también protagonizado idilios apasionados, tanto en la vida real como en la imaginación de los autores. Aquellos que trascendieron fuera de la intimidad provocaron escándalos, no por serlo naturalmente, sino por el morbo y condena que causa lo que es considerado como prohibido por el hegemónico heterosexismo social y eclesiástico.
Así sucedió con las desafortunadas relaciones que sostuvieron Óscar Wilde y Sir Alfred Douglas, Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, por mencionar dos de los más destacados por haber sido reales y que invariablemente terminaron dirimiéndose ante el escándalo social, escarnios familiares y los tribunales, pues la llamada sodomía (3) era perseguida como delito. Por eso Wilde y Verlaine acabaron arruinados económica y moralmente y con vergonzantes condenas a trabajos forzados en la cárcel, por el simple hecho de haber amado a otros hombres.
Goré Vidal fue otro de los autores considerados como maldito por su producción homoerótica explícita. Su novela “La Ciudad y el Pilar de Sal” (4) fue condenada y prohibida por su atrevimiento de relatar el romance que vivieron dos hombres norteamericanos, quienes de paso pusieron en tela de juicio las supersticiones sexuales de la época, los años cincuenta y sesenta del siglo pasado (qué raro se escucha eso aún ¿verdad?).
Además, esta novela tiene el mérito agregado de romper con los cartabones de que las relaciones homosexuales por fuerza se dan entre invertidos sexuales, es decir, hombres que parecían mujeres según los términos que empleaban en esos tiempos. También rompió esquemas gastados que contaban historias de maridos insatisfechos y aburridos de sus mujeres que soñaban con seducir marineros.
Goré presentó una obra en la que cuenta el amor entre dos hombres viriles y masculinos, Jim Williard y Bob Ford, dejando claro que la homosexualidad es más diversa de lo que suponían entonces. Lamentablemente su historia, como la mayoría, termina en tragedia y aunque su obra fue censurada, es una de las que más se ha vendido en el mundo y no sólo entre la comunidad gay.
Para esos autores que velada o explícitamente contaron amores entre hombres, lo femenino era irrelevante, lo más importante era la pasión por unirse cada uno a su otra mitad, como lo argumenta Platón en su mito de la media naranja contenido en “El Banquete” (5) y aunque fueron censurados, condenados o calificados como obscenos, la producciones de dichos autores trasciende hasta nuestros días, muestra de que la pasión romántica rebasa fronteras territoriales, pero sobre todo, de los tiempos.
Otro autor, algo menos conocido pero no por ello menos apasionado en sus historias, Stefan Zweig, en 1926 presentó su obra “La Confusión de los Sentimientos” (6), que si bien no fue un éxito en las librerías, llega a nuestros días como uno de los autores que reflejó la realidad de los amores conflictivos entre hombres, afectados principalmente por las restricciones morales de su tiempo y a pesar de ello la obra es tan explícita como nunca lo pudieron ser, por ejemplo, “Muerte en Venecia”, o “El Joven Troles”, que entre personajes andróginos y metafóricos devaneos sexuales, narran encuentros homófilos apasionados.
Amores escondidos
Pero no pretendo hacer un tratado de literatura ni un ensayo sobre las razones por las que estas obras narraban historias románticas homosexuales que indefectiblemente acababan en tragedia, lo que deseo indicar es que “el amor que no se atreve a decir su nombre”, como calificó Wilde a la relación entre dos hombres durante el proceso que se le siguió bajo el cargo de sodomía (7), hoy, siglos después, ya lo hace, aunque aún no de la manera deseable.
A 30 años de que en México inició el movimiento de liberación homosexual y a 26 de que se manifiesta el llamado orgullo gay en las calles, y a 35 de que en Nueva York el barrio de Greenwich Village ardiera por el enfrentamiento de gays y lesbianas con la policía debido a una redada en el bar Stonewall Inn; la consigna ¡amor gay, amor lésbico! sigue siendo vista bajo la lupa de la condena religiosa y de la timoratez social, cuyo peso obligó a las autoridades de la capital a congelar la Ley de Sociedades en Convivencia con argumentos legaloides sin valor para un país que presume de democrático.
El grito ¡amor gay, amor lésbico! aún es tímido y lamentablemente no carece de dolor, de sufrimiento ni de una vergüenza que aceptamos como verdadera gracias a las mentiras sociales y religiosas vertidas sobre el homosexualismo desde tiempos inmemoriables, pero que sin embargo ya en varias naciones se ha contrarrestado al lograr la legalización de las uniones de personas del mismo sexo, movimiento que a su vez es contrarrestado por la administración Bush y el Vaticano, quien nuevamente condenó el homosexualismo en un documento presentado por la Congregación de la Doctrina de la Fe donde se advierte la gran inmoralidad de lo que absurdamente califica como matrimonio gay.
No podemos soslayar que el amor gay y el amor lésbico han existido siempre, no es aberrante, no es antinatural ni enfermizo, no pone en riesgo ni la vida humana ni los valores fundamentales. Todos debemos aspirar a vivirlo plenamente en forma abierta y de cara a la sociedad, la vida de pareja es el estado ideal para gays y lesbianas porque es la única forma de ser íntegros y felices, es nuestro derecho. Aunque nos sigue condenando, el mismo papa Juan Pablo II reconoce la importancia del amor, cuando dijo alguna vez en un mensaje a los jóvenes católicos del mundo, que no importaba a quien amaran, lo importante es amar, es raro entonces que discrimine a quienes aman de manera presuntamente diferente.
Comunicar al círculo íntimo de personas que nos rodean que amamos a nuestro novio o pareja, no es fácil. Es contundentemente mayor el número de relaciones que se mantienen en el anonimato y que se desarrollan en el clandestinaje a causa del temor al rechazo, al repudio, a la prohibición, la reprobación y condena de familiares y amigos, de la sociedad y religión que profesamos.
Tan sólo en la última boda masiva que hubo en forma simbólica frente al hemiciclo a Juárez el 14 de febrero en la ciudad de México, la mayoría de los que signaron su unión manifestaron que la viven al margen de sus familias y amigos bugas más cercanos, son amores a escondidas, como si fuera vergonzoso o delito.
Cada uno de nosotros vivimos relaciones a escondidas o bien, conocemos historias cercanas donde la constante es la dificultad para vivir plenamente nuestro amor en forma abierta y tranquila, veamos los siguientes testimonios.
Los costos del amor
Raúl e Ignacio tienen 18 años y llevan ocho meses de noviazgo. Viven fuera del closet y sus familias están al tanto de la relación y la toleran, pero siempre y cuando ninguno de ellos pise la casa del otro porque es considerado por las madres, que ni siquiera se conocen, como una falta de respeto al hogar. Ellos no están de acuerdo y pelean constantemente con sus padres por lo que consideran una manifestación de desconfianza e intolerancia, sin embargo para evitar mayores conflictos aceptan las condiciones impuestas y no se ven en sus casas. Las madres mantienen constate vigilancia en todo lo que hacen, los cuestionamientos son constantes y piensan que es algo que se les pasará a sus vástagos, ellos se sienten asfixiados y prefieren tocar el tema lo menos posible.
Andrés tiene 25 años y Gustavo 20. Son novios y ya llevan dos años y medio de relación. Andrés está fuera del closet y ha presentado a su pareja, la familia lo ve con buenos ojos y lo aceptan en casa, la única limitación es que no puede quedarse a dormir con Andrés en casa y éste tiene que justificar hasta el cansancio sus ausencias en algunas noches, a pesar de su edad. Gustavo vive en el closet en todos los sentidos, la familia supone que Andrés es su mejor amigo y acepta que ocasionalmente se quede a dormir por motivo de estudios. Mentir es para los dos lo más común, pero dicen cansarse a veces. Andrés siente que su familia tienen aún ciertas reservas a su estilo de vida pero para evitar perder lo ganado prefiere esperar hasta que su novio termine la carrera y se vayan a vivir juntos. Gustavo no dice nada porque tiene miedo a que dejen de apoyarlo en sus estudios, por eso en común acuerdo con su pareja espera el momento propicio para salir del closet e irse a vivir con él.
Saúl y Memo también tienen una relación amorosa, están juntos desde hace 2 años. Con 23 y 27 años respectivamente, los dos están dentro del closet y dicen amarse con todo. Ante las familias son los mejores amigos del mundo y no hay oposición a que compartan la recámara en situaciones especiales. Ambos son sumamente discretos aunque creen que las familias tienen sospechas, pues no hay ocasión de importancia en la que no estén juntos; “hasta parecen novios”, comentó alguna vez la madre de Saúl al hacer referencia a su íntima amistad. Los dos se ríen y están consientes de que llegara el día en que confiarán a las familias su verdadera relación, pero esperan el momento de estar más afianzados en la relación y en sus profesiones para ser totalmente independientes para salir del closet y de casa para vivir juntos. Si no han comunicado que son gays se debe al temor de lastimar y defraudar a sus madres.
Ricardo y Rodrigo tienen 25 y 26 años y una relación de 3 años. Ambos están desclosetados y las familias saben de su relación amorosa aunque prefieren que la vivan fuera de casa, si comparten la recámara no hay broncas siempre y cuando no se les haga costumbre, dicen las madres. Las familias se conocen y han convivido ocasionalmente, sin embargo esperan que la pareja se vaya a vivir a su propia casa aunque tampoco los corren, la relación de estos chicos se da por hecho, pero no es cosa de hablarlo todos los días y a todas horas.
Sergio tiene 35 años y Oto 20. empiezan un noviazgo sin muchas expectativas según el primero que ya está fuera del closet y es profesionista independiente, pero no deja a la familia porque argumenta que no desea estar solo, lo hará cuando encuentre la pareja ideal. Se enamoró de Oto pese a la diferencia en edad, Oto acaba de salir del closet y está viviendo la etapa de shock, depende totalmente de sus padres y es sumamente controlado a raíz de su salida del armario. La madre está constantemente angustiada y atacada por todos los prejuicios del mundo, el padre simplemente ignora a su hijo y lo calificó como su vergüenza. La relación es totalmente clandestina y llena de contrariedades y contratiempos que aburren a Sergio y mantienen a Oto con el alma en un hilo. A veces suelen pasar varias semanas sin verse pues Oto no tiene permiso de salir cuando quiera y de remate es castigado por la castrante madre si se porta mal. Oto padece el pánico de ser abandonado por Sergio, a quien llama el amor de su vida, se siente entre la espada y la pared. Ambos llevan una relación bajo presión y miedo. Sergio dice amar a oto y lucha entre su amor, el fastidio y el temor de hacerle daño si lo corta o presiona. Acepta su desaliento y dice que en más de una ocasión ha estado a punto de buscarse otra pareja de su misma edad y posición económica.
Jesús y Ariel, 25 y 30 años, tienen una relación totalmente abierta a sus familias y viven con una de ellas, la madre de Jesús ve en Ariel un nuevo hijo y apoya totalmente a la pareja, el padre está sacado de onda, pero respeta. Sin embargo los padres de Ariel jamás lo han aceptado como gay y mucho menos aprueban la pecaminosa relación, para ellos su hijo está muerto, por supuesto Ariel siente tristeza aunque vive tranquilo al lado de su pareja, ya planean irse a vivir solos.
Como estas hay muchas más historias de relaciones con todo tipo de problemas a causa de que aún en nuestra sociedad las relaciones gays y lésbicas no son aprobadas. Los costos de amarse son el miedo al rechazo y al abandono familiar, la mentira constante, las presiones, los desalientos, las frustraciones y ganas de tirar la toalla o abandonar el barco, las discusiones son frecuentes, ninguna relación puede solidificarse así. Esto lleva a muchos chicos a no enamorarse ni intentar vivir en pareja, a no comprometerse con otro chico más allá de la amistad, del ligue o del sexo ocasional, sólo se busca vivir el momento con relaciones fugaces. Quienes deseamos vivir en pareja tenemos que apostarle con todo para no morir en el intento.
¿El sufrimiento de no poder amar a plenitud sin esconderse es lo único a lo que podemos aspirar gays y lesbianas? ¿Es preferible vivir en soledad para ahorrarnos pleitos, incomprensiones y rechazos? Dan ganas de mandar al cuerno los malditos convencionalismos heterosexistas, la homofobia, las condenas religiosas y los espantos familiares que tienen su raíz en la ignorancia. No cejar en el intento es nuestro compromiso, en la medida en que más parejas reclamen sus derechos, más visibles somos y más fuerza tendremos.
Si dos personas se quieren realmente, con su amor les basta, lo demás qué importa. |
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Editorial
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Una asociación civil constituída para promover el fútbol entre la diversidad sexual, ha recibido apoyos tanto del gobierno federal como local. Ha visibilizado el deporte pero al mismo tiempo ha acumulado acusaciones sobre presuntos malos manejos. [Sigue] |
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