29 DE NOVIEMBRE DE 2004
¿El movimiento LGBT sólo atiende sus problemas? A propósito de la realización del Encuentro de Diversidad Sexual, ¿por qué hacer trabajo político en el tema de diversidad sexual en el PRD, o en cualquier otro instituto político?
Miguel Guzmán
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Hace algunos meses, en una mesa de análisis respecto a las experiencias político-electorales de la comunidad LGBT, un militante del PRD nos preguntaba a los organizadores y ponentes de dicha mesa: ¿Y cuál es la posición del movimiento LGBT en torno a los grandes temas nacionales? ¿Qué tiene que decir la comunidad LGBT en torno a las privatizaciones, la energía, la Ley Federal del Trabajo, la Seguridad Social? ¿O el movimiento LGBT sólo atiende a los problemas de la comunidad LGBT, cómo se inserta en la vida política nacional?
En esos momentos me di cuenta que hay mucho que aprender tanto en los partidos respecto del movimiento, como del movimiento respecto a la vida nacional.
¿Por qué organizar un Encuentro de Diversidad Sexual del PRD? ¿Por qué convocar a lesbianas, homosexuales, bisexuales, travestis, transexuales, y transgéneros que militan, simpatizan o son afines del PRD para hablar de Diversidad Sexual? Por mi parte, la respuesta es un poco obvia, si en el PRD su declaración de principios establecía la no discriminación por orientación sexual, y no había un planteamiento más concreto al respecto (aunque intentos por tenerlos ha habido muchos) era hora de construirlo, y eso debía de hacerse desde dentro del PRD y debían ser integrantes de las comunidades LGBT quienes debían dedicarse a la tarea. ¿Por qué?
Porque muchos compañeros heterosexuales están firmemente convencidos que hay que respetar los derechos de las así llamadas minorías sexuales, pero carecen, honestamente hablando, de un adecuado discurso y conocimiento que a lo largo de 26 años de movimiento LGBT ha ido construyendo y, también hay que decirlo, se concibe que deben ser la misma población LGBT quien debe de tomar la bandera al interior de los partidos, de la misma manera que lo han hecho las mujeres, los jóvenes, los indígenas, los migrantes, obreros, campesinos, etc.
Y porque después de 26 años la “cuestión homosexual” no está integrada dentro de los grandes temas nacionales. Entonces, y ese es el desafío, es necesario redoblar los esfuerzos para poner en la agenda nacional el tema de la diversidad sexual.
En estos momentos, compañeros LGBT están haciendo trabajo dentro del PRI, lo estamos haciendo en el PRD, y anteriormente se ha hecho en el PRT, el PSD y en PMP, éstos últimos tres partidos no cuentan actualmente con registro, sólo los dos primeros lo tienen, además del PVEM, PT y Convergencia.
La pregunta obligada es ¿No deben los partidos políticos asumir los planteamientos de la comunidad LGBT, independientemente de que haya militantes LGBT en sus filas? Sí, y no. Sí, porque es una obligación desde la perspectiva de la democracia. No, porque también debemos asumir un compromiso de participación política. Y la participación política va mucho más allá de la simple emisión del voto, con alguna manifestación anual o por un tema en concreto. Tiene también que ver con la integración en estructuras de debate que permitan que permee el respeto a la diversidad sexual en todos los ámbitos de la sociedad; y los partidos políticos, aunque no necesariamente sólo ellos, cuentan con esas estructuras y con los recursos de institucionalidad, de visibilidad y legitimidad como mecanismos de articulación y participación política para ganar el poder y desde el poder, implementar políticas que hagan realidad sus postulados políticos.
Pero vamos más allá, también es importante que encontremos los mecanismos de articulación con los otros movimientos sociales para la elaboración de una agenda nacional que nos integre a todas y a todos, porque, si es cierto que “estamos en todas partes”, entonces cualquier asunto de la vida nacional es nuestro asunto, y la diversidad sexual debe ser asunto de todos los movimientos sociales y partidos. Podemos, y debemos, ser un movimiento articulador, o por lo menos articulado, de la vida social del país.
El movimiento LGTB tiene una historia de 26 años, pero el movimiento sindical lleva más de un siglo y estuvo desde el principio en la organización partidaria, el movimiento feminista tiene también 100 años y se fue insertando en los partidos, (desde que en 1912 en Finlandia se otorgó el derecho al voto a las mujeres).
Nuestra participación política–partidaria es relativamente reciente, tenemos mucho trabajo por hacer, en el PRD o en el partido que más nos convenza y nos represente, estamos iniciando un trabajo que cristaliza esfuerzos de muchos años, hay posibilidades de alcanzar nuestros objetivos, lo importante es que no sólo veamos los problemas de diversidad sexual, también tenemos que ver los otros problemas nacionales, y, a veces, somos más de derecha que el mismo PAN.
La seguridad social está en peligro, por ejemplo, ¡y nosotros todavía estamos peleando por el respeto a nuestro derecho a ella! La flexibilización laboral la vivimos cotidianamente ¡y no participamos en los sindicatos! El campo está muriendo ¡y muchas veces no concebimos la homosexualidad en provincia, ya no se diga la participación en las organizaciones campesinas! El medio ambiente está deteriorado ¡y nosotros seguimos pensando en un modelo de bienestar que es eminentemente depredador!
Pero también es cierto que en los sindicatos, las organizaciones campesinas y otras por el estilo, no se concibe un modo distinto de la sexualidad que no sea la heterosexual, por eso uno de los resolutivos de las mesas de trabajo de nuestro Encuentro es el de buscar la alianza con los otros movimientos sociales.
Participar en el PRD o en cualquiera de los partidos con registro, también tiene un cálculo político. Es preferible hacer el trabajo desde un partido que tiene y puede conservar su registro, que estar cada tres años intentando crear, organizar y hacer funcionar estructuras partidistas en proyectos que quizá no alcancen el registro, a no ser, claro, que por lo menos 2 millones de los 6 y medio millones de personas LGBT que presumiblemente están integradas en el padrón electoral del país, voten masivamente por ese partido, con la esperanza de tener alguna representación en las Cámaras. Y aún así, será siempre necesario tener el apoyo de un partido “grande”.
En tal caso, es preferible tener aliados potenciales a enemigos gratuitos. |
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