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28 DE OCTUBRE DE 2002
Fiesta Smirnoff, magnífica experiencia electrónica
Nadie imaginó que tanta gente acudiera al llamado del Smirnoff Experience en México. El galerón ubicado en el 425 de Moliere, se abarrotó como nunca antes, superando cualquiera de las famosas fiestas del BOX.

Redacción Anodis



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Alrededor de las 11 de la noche del pasado viernes, hora en que normalmente los sábados se puede ingresar al lugar sin ningún problema, los cientos de personas que aguardaban en la entrada comenzaban a poner nervioso al personal de seguridad. Ni las vallas metálicas que rodeaban el acceso principal aseguraban que en cualquier momento los invitados no dieran el temido “portazo” para introducirse al espacio sede del "mejor evento de música electrónica del mundo", como anunciaban los miles de boletos de cortesía que repartieron los organizadores.

De hecho, en un momento crítico, muchos optaron por saltarse el enrejado que no superaba el metro y medio de altura, para luego ser expulsados sin que ninguna oferta monetaria pudiera evitarlo. Algunos lograron su cometido de colarse y entrar al anhelado evento dedicado a los fanáticos de la música electrónica, entre ellos éste cronista.

La línea formada por los impacientes ya daba vuelta al antro, hasta llegar a la salida posterior, es decir, a muchos, demasiados, metros de distancia del acceso iluminado atractivamente por la marca del patrocinador. La mayoría llevaba en sus manos las cortesías que por Internet, revistas y otros medios, regaló Smirnoff, pero eso no era suficiente para poder entrar; primero era obligado mostrar una identificación oficial que acreditara la mayoría de edad.

El primer retén estaba protegido por sendos elementos de seguridad, quienes a pesar de sus grandes cuerpos no podían contener el movimiento amenazador de quienes, con el paso del tiempo y la música que animaba desde dentro, se desesperaban y reclamaban entrar a como diera lugar. A pesar de los reclamos, no todos entraron.

Y es que la oferta no podía ser más atractiva. Nick Warren, Danny Rampling, Jeery Bonham, Marques Wyatt, fueron anunciados como los DJ’s de la noche; internacionales todos, con célebres producciones y reconocida trayectoria como mezcladores. Además, la anhelada barra libre, de esas que ya no se ven la ciudad de México, persuadía a cualquiera para soportar las horas de espera para ingresar al BOX.

Ya adentro, el lugar mostraba otro rostro al habitual. El escenario principal fue reducido por lo menos a la mitad y también protegido por una reja de regular altura. Las mesas y los sillones, que regularmente se ubican alrededor de la pista, habían desaparecido, quizá con el objeto de ofrecer más espacio; las barras de en medio y las dos jaulas intermedias, tampoco se encontraban donde siempre.

El BOX, que otras veces ha sido sede de eventos exclusivos como el concierto de Ricky Martin, aquel en que fuera golpeada la chica dorada, Paulina Rubio, por un impertinente reportero, ahora albergó lo mejor del Techno, Progressive House, Trance, Deep House y Chill Out Beats. La fiesta electrónica fue todo un éxito ya que los DJ’s lucieron sus mejores mezclas a lo largo de toda la madrugada, además de que contaron con un excelente equipo de sonido, 6 pantallas desplegadas desde lo alto del techo y un magnífico juego de luces; mientras los reventados se la pasaron toda la noche bailando sin cesar.

Dos cuerpos esbeltos se movían al ritmo de la música, uno a cada lado de la estación del DJ, encerrados en dos paneles de acrílico blanco, que sin embargo tomaba el color de las luces. El rojo era el más impresionante porque completaba el cuadro de colores de la marca registrada del vodka patrocinador. Mientras que en las pantallas se proyectaban las imágenes de las cámaras colocadas en puntos estratégicos que exhibían los cuerpos de los asistentes extasiados con los sonidos producidos en los tornamesas.

Nick Warren se llevó la noche. Logró una comunicación y entendimiento casi ritual entre quienes agitaban sus brazos, balanceaban parsimoniosamente o bruscamente sus caderas, desplazaban con ritmo y maestría sus extremidades inferiores sobre el piso mojado por las bebidas de cualquier cosa con vodka. Emocionada, la multitud gritaba el nombre de Warren al tiempo que le pedían con las palmas subir los niveles de repetición de la mezcla. Las luces también hacían lo suyo.

Dos chicos de angelical figura, delgados, ágiles; portadores de una rubia cabellera, estéticamente despeinada, bailaban en el centro de un círculo que formaban muchos ya cautivos por sus movimientos. Llevaban gafas obscuras, con dos proyectores de luz láser en cada costado. Se encontraban de frente, sus miradas quizá no se encontraban, ensimismados en su baile y su personal excitación, pero los rayos de sus gafas se entrecruzaban en momentos, para luego llegar hasta el punto más lejano en el techo, el piso o los muros del lugar.

No hay que negarlo. Además de la excelente música, los estimulantes, naturales y sintéticos, también estuvieron presentes. Como de uso corriente pasaron por las manos, bocas, gargantas y narices de los presentes. El estado de excitación, como la exacerbada actividad de los sentidos, eran maximizados por el uso de los narcóticos que por cierto a nadie molestaba.

Se presentó un solo percance. De repente, cerca de los cinco de la madrugada, una columna de humo se esparció rápidamente desde el centro hasta los extremos de la pista. Era un gas picante que afectaba las fosas nasales, legua y garganta de los ahí presentes. Muchos abandonaron el lugar, pero otros soportaron y aguardaron la disipación de la humareda.

Al final, luego de proveer sin límite, la barra se cerró. Nadie más pudo beber las mezclas de vodka Smirnoff con jugos o líquidos energizantes color azul eléctrico. Pero el baile no cesó y se prolongó quien sabe hasta qué hora. La noción del tiempo fue lo último que tuvieron los fanáticos luego de que hicieron hasta lo imposible para disfrutar del evento.

Bien por Smirnoff que a través de alianzas con DJ´s y eventos en Gran Bretaña, apoya el movimiento de la música electrónica a escala mundial con pasión y sobre todo aprovechando el alcance global de la marca como vodka líder en el mundo, creando el concepto del Smirnoff Experience como muestra de su filosofía internacional.

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