8 DE SEPTIEMBRE DE 2004
 Diversidad...es La Cebra: Rosa Mexicano Hablar de La Cebra es hablar de un referencial dentro de la denominada “cultura gay” mexicana.
Gabriel Gutiérrez García
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Las interpretaciones de los bailarines dirigidos por José Rivera, siempre han sido del agrado de un público fiel y en no pocas veces consecuente con Rivera y su compañía.
Y es que Rivera en su más reciente espectáculo ROSA MEXICANO, insiste en darle a TODO un toque gay y eso en mi particular opinión no se puede, es más no debe hacerse.
No me molesta una coreografía “gay” del Huapango de Moncayo, el purismo es algo que nunca se me ha dado, pero de eso a que TODO tenga que tener algo gay entendiendo por gay, perreo o bufadas, eso sí llega a ser chocante y ya bastante con el rosa mexicano que inunda el cuadro que en esta temporada estrena Rivera.
Y sin embrago se le aplaude el atrevimiento, la no concesión por parte del montaje, mas queda un saborcillo de boca de que pudo haber sido mejor y es aquí donde el público concede de más, no es exigente. Les aplaude a rabiar, pues los sabe “suyos”, sabe que pocos en este país de machos hacen “danza gay” y entonces los aclama, los aplaude y los sobredimensiona.
Rivera y su compañía, ya tienen un lugar en el referencial de LA CULTURA mexicana, esa que no necesita etiquetas sobre su sexualidad pues la cultura lo que menos tiene es orientación sexual, no hay teatro gay, ni danza, ni mucho menos música gay, pero eso es motivo de otra discusión y otro debate.
Asistir a ver la obra de Rivera ROSA MEXICANO, es asistir a un encuentro con sus raíces, el mismo Rivera lo dice “Esta es MI versión del Huapango. Tenía que hacerlo, no soy culpable de nada: me declaro inocente.”
Rivera se cura en salud, ante las críticas que sabe pueden ser muchas. En México tenemos encarnado un nacionalismo rascuache y el puritanismo hasta las cachas y como bien lo dice Rivera en la presentación de su montaje sobre el Huapango de Moncayo “el de Moncayo es un segundo Himno Nacional, enorgullece y conmueve a todos los mexicanos, tanto que hasta dan ganas de bailarlo”.
Aquí está la crítica a Rivera; por querer hacerlo “gay” sacrifica casi la mitad del montaje y sin embargo la segunda mitad y el final son en verdad emocionantes, paliacates, rebozos, una mojiganga en forma de cebra, un torito bailador, que no necesita estar encendido para prender a el público
Público que al final aplaude concediendo y entonces el aplauso se convierte en cuota más no en recompensa; el arte pierde, pues se valida y se aplaude algo de más, que sí en efecto es importante, que sí en efecto propone y se atreve a montar una danza distinta, pero que no descubre el hilo negro y que pierde en calidad tan sólo por validar una postura sexual que a estas alturas del partido me parece ya no tiene caso.
Rivera y su compañía son capaces de mucho más, pueden exigir y refrendar su compromiso social; es más, pueden ser hasta activistas, pero por sobre todas las cosas, son muy buenos intérpretes de DANZA así en mayúsculas. Me parece que pierden el “ focus”, ya hay un trabajo hecho en ese sentido, ya no necesitan andar validando nada, ahora que sólo bailen, ¿para qué aclarar que el montaje del huapango es gay con joterías y perreadas, para qué? Quién quiera entender que lo entienda, digo ya es bastante ser sólo una compañía de hombres y llevar el título La Cebra Danza Gay, como para que todavía se nos endilguen cuadros con toques como los mencionados.
La Cebra se presenta en el Teatro Orientación de la Ciudad de México en el complejo de Centro Cultural del Bosque. El jueves y viernes 9 y 10 de septiembre a las 20:00 hrs. y el sábado y domingo 11 y 12 a las 19:00 y 18:00 hrs. respectivamente. Vayan, asistan de que salgan viendo todo Rosa no pasa. |
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