30 DE AGOSTO DE 2004 La Cebra: danza rosa mexicano Con ocho años de activismo gay en el ámbito dancístico, la compañía de danza contemporánea La Cebra inició el 26 de agosto una temporada de estrenos donde aborda los mexicanismos desde su particular punto de vista:
Gabriela Granados
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(Milenio Diario) ¿Por qué los hombres no pueden usar trajes de tehuanas, rebozos y flores en el pelo? "¡Claro que sí se puede!", dice su director, José Rivera.
Con el estilo narrativo y directo que heredó de sus maestros Raúl Flores Canelo y Lila López (nacionalistas que trabajaban para el pueblo y no para una élite "muy vanguardista, posmoderna o alternativa"), Rivera Moya conduce a sus doce bailarines, todos varones, entrenados en la danza clásica y conteporánea –y recientemente también en yoga- y los lleva a interpretar las tradiciones populares y las fiestas de los barrios de manera dual: en serio y en parodia, "como todo en La Cebra".
En el programa hay tres estrenos de este coreógrafo, originario de San Luis Potosí: Salón México y Huapango (Rosa mexicano primera y segunda partes), y Lo pasado, pasado (con música de Philip Glass y José José). También hay tres reposiciones: Cisne negro, cisne blanco (versión de Rivera del clásico El lago de los cisnes), Damascos (premio INBA-UAM 2003 para Manuel Stephens), así como Oraciones (obra de repertorio de Graciela Enriquez, cofundadora del Ballet Independiente, basada en plegarias populares).
En la coreografía que abre, Salón México (Rosa mexicano primera parte), el director de La Cebra recrea la vida de los cabarets de los años cincuenta, mezclando los penachos de plumas y las colas de los vestidos de las rumberas de la época con la música de Jacobo Liberman. Y tras el intermedio, el plato fuerte: el Huapango de Moncayo, considerado por muchos como el segundo himno nacional mexicano.
El Huapango fue la primera obra que bailó José Rivera, hace casi dos décadas, con la compañía de Lila López en el Instituto Potosino de Bellas Artes, donde inició sus estudios dancísticos. Y fue la misma obra con que se estrenó dentro del Ballet Independiente de Raúl Flores Canelo, ya en la Ciudad de México, a donde llegó en 1987.
Con el sueño de que se baile en el Zócalo capitalino, Rivera utiliza para Rosa Mexicano la versión del Huapango dirigida por Enrique Diemecke, y lo hace con un dejo de negrura: haciendo referencia a las muertes de su madre, Rosa; la de sus maestros Lila López y Raúl Flores Canelo; así como la del propio José Pablo Moncayo.
La Cebra, ¿danza gay?
Aunque para algunos este programa "neo-nacionalista" implica una pausa en su activismo por los derechos humanos y la igualdad de las minorías, sigue presente el estilo que hizo famosas aguerridas coreografías "con las que derrumbamos puertas y muros", como: Antes que amanezca, sobre la problemática de los travestis; Ave María Purísima, una crítica ácida de la visión católica de la prostitución; o Yo no soy Pancho Villa ni me gusta el fútbol, que marcó el boom de la compañía en el año 1998.
En ocho años de existencia, y a pesar de las intenciones de censura de los grupos de extrema derecha, estos hombres haciendo papeles femeninos y abordando temas relacionados con la homosexualidad y el homoerotismo han develado cinco placas por 50 y 100 representaciones, "lo cual habla de un repertorio, de un talento, de unas bases" dice a MILENIO DIARIO el director de la compañía.
El concepto de "danza gay", sin embargo, es contradictorio... como todo en La Cebra. "Es gay porque yo soy gay y soy el coreografo, y hablo de mis experiencias y de mi visión de las cosas que suceden en este país. Yo no puedo separar mi condición de gay de ninguna de las cosas que hago en la vida", dice José Rivera, criticando a los que "se disfrazan en la noche para ir a bares" de ambiente, y en el día simulan ser heterosexuales.
Pero por otro lado, la "danza gay" no existe, según Rivera, "porque la danza es universal y dentro de ella caben todas las condiciones, y todas las ideas, y todos los géneros".
El coreógrafo critica, por ejemplo, que bailar en puntas esté reservado sólo para las mujeres, y que los que carguen siempre sean los varones; que los cisnes o mariposas sean interpretados por mujeres, mientras si se trata de un águila deba ser representada por un hombre: "cualquiera puede ser mujer, hombre, bisexual, transgénero... desde el momento en que te subes al escenario, te transformas".
Al principio, Rivera Moya utilizó el concepto de "danza gay" como un gancho para sacar a los homosexuales de los antros y hacerles ver que hay más cosas en el panorama cultural.
El potosino siguió el ejemplo de importantes coreógrafos como Maurice Bejart, Merce Cunninham y del propio Flores Canelo, que esporádicamente trataban la homosexualidad en sus obras; pero fue más allá: ahora puede considerarse el fundador de la única compañía en el mundo conformada exclusivamente por varones y dedicada cabalmente a estos temas (existe un grupo londinense de mujeres y varones).
En estos ocho años, dice Rivera, "he visto cómo la gente gay se ha salido de los bares para ir a ver danza, teatro, exposiciones; otros coreógrafos han empezado a abordar temática gay, se han formado grupos sólo de varones, las instituciones respetan mi trabajo y me abren los teatros", comenta orgulloso de la entrega y la honestidad que le hacen visualizar su compañía en un futuro de 20, 25 años... y que han hecho que su público se diversifique: "a las mujeres les encanta La Cebra no por la putería ni por verles las nalgas a los bailarines, sino porque ven a un hombre con una sensibilidad desarrollada".
El coreógrafo dice que le han pedido que haga una propuesta con bailarinas mujeres, lo cual "no está descartado porque no soy misógino, y aparte hay muchos temas para explorar dentro de la temática de la mujer"; sin embargo admite que este proyecto está en el escritorio, por el momento. El trabajo que está por comenzar a principios del año próximo es una muestra de coreografías de los propios bailarines de su compañía, un poco en el estilo de Ballet Independiente (con la diferencia de que Flores Canelo hacía un concurso, y La Cebra presentará todas las obras al público).
Por lo pronto, Rosa Mexicano -mirada "La Cebra" a los nacionalismos- incluye funciones del 26 al 29 de agosto en el Teatro de la Danza, del 9 al 12 de septiembre en el Teatro Orientación (ambos atrás del Auditorio Nacional), así como en el Festival Internacional de Danza de San Luis Potosí. Además, en el vestíbulo de los teatros del Centro Cultural del Bosque se podrá observar una exposición fotográfica de los dos años más recientes de esta compañía.
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