6 DE OCTUBRE DE 2002
Doce millones de adictos al cibersexo
Una evaluación de la Universidad Complutense de Madrid indica que siete por ciento de los usuarios de la red son cibersexoadictos, y que pasan 15 horas a la semana ante páginas pornográficas.

Redacción Anodis

Ragap



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milenio.com.- En el año 2000 Yahoo! publicó la palabra más buscada en su portal: en primer lugar estaba “sex”, seguida muy de lejos por “chat”. Ese mismo año, la universidad norteamericana de Stanford divulgó un estudio según el cual en Estados Unidos existían 200 mil internautas adictos a las páginas pornográficas. A dos años de distancia, las cifras se han disparado.

De acuerdo con una evaluación de la Universidad Complutense de Madrid, actualmente 7 por ciento de los usuarios de la red, es decir, unas 12 millones de personas, están catalogadas como cibersexoadictos. El estudio explica que estos obcecados son capaces de pasar entre 15 y 20 horas a la semana frente a la PC contemplando fotos y videos XXX.

Hábito nocturno

Suelen levantarse de noche y navegan cuando la familia está durmiendo. Le roban horas al sueño para visitar los miles de sitios con contenido erótico, por lo que baja el rendimiento en la escuela o el trabajo. Diversos análisis psicológicos demuestran que los adictos al cibersexo son más proclives a la violencia y presentan dificultades en las relaciones afectivas.

El 50 por ciento los adictos que tienen pareja estable, señala el estudio de la Complutense, llega a sufrir una anorexia sexual respecto al compañero o compañera e interrumpe las relaciones sexuales. Si la pareja logra descubrir los escarceos clandestinos del adicto con la computadora es invadida por sentimientos de traición, humillación y vergüenza, señala la investigación.

Al respecto, el análisis realizado en Estados Unidos, que se basó en una encuesta a 13 mil 500 usuarios, llegó a la conclusión de que las personas que admitían visitar con frecuencia los portales pornográficos tenían más problemas para relacionarse con el sexo opuesto en comparación con aquellos que ven ocasionalmente los sitios pornográficos o que nunca los han visitado.

No es la primera que vez que se descubren conductas patológicas relacionadas con internet. Para ilustrar el grado de adicción que la red puede generar en las personas suele citarse el caso extremo de una mujer de Florida, quien perdió en un juicio la custodia de sus hijos, ya que la señora no tenía tiempo ni de darles de comer por mantenerse pegada a la pantalla.

El cibersexo es pecado

Alarmada por el creciente consumo de sitios porno, la Iglesia católica ya aclaró que este tipo de “recreación” es equivalente al pecado de adulterio. “La realidad virtual puede ser tan mala como la realidad que se compone de hechos y acciones”, señaló recientemente el editorial de la revista Familia Cristiana, editada en Roma. “La moral del Evangelio incluye una parte que está dentro de la persona y que tiene que ver con los malos pensamientos y las malas acciones”, agrega.

Los ciberadictos no suelen admirar desnudos o videos eróticos durante el día. Son ansiosos noctámbulos que esperan a que la familia se acueste o que todos los compañeros de trabajo se hayan retirado para visitar el bajo mundo de internet. Los especialistas narran que cuando alguna persona se acerca a ver lo que están haciendo, cambian de página y contestan vaguedades al preguntarles qué hacen tan tarde ante la máquina.
Quizá por marketing, quizá por buena voluntad, en la red existen varios sitios dedicados dar asistencia e intercambiar experiencias entre aquellas personas que no pueden dejar de admirar contenidos XXX, tales como Adictos al Amor y Sexo Anónimos (AASA) y Cyberadictos.

Este último (http://www.terra.es/personal4/Lineales) es administrado por un joven de 31 años llamado Lineales. Él confiesa: “Puedo salir a la calle con la mejor intención de tener un día productivo de trabajo y de poder comportarme normalmente, pero en algún momento del día siento un deseo incontrolable de entrar en una fantasía sexual. Entonces empiezo a pensar, a recrear en mi mente imágenes sexuales, a mirar a alguna chica, me conecto a internet y busco desesperadamente algo que me provoque excitación”.

Luego añade: “Después de estar varias horas conectado y haciendo cualquier cosa por encontrar la excitación, acabo con una masturbación compulsiva. Entonces experimento una tremenda sensación de vacío, me siento mal conmigo mismo después de finalizar este ritual. Me siento impotente al no haber podido evitarlo una vez más y me prometo la utopía de que no volverá a pasar”.

Desórdenes emocionales

Los especialistas en psicología de la Universidad Complutense apuntan que los adictos a internet se reconocen por varios síntomas, como el exceso de irritación si falla el sistema de conexión o el interés desmesurado por revisar su correo electrónico y escribir mensajes, además del tiempo exagerado invertido a lo largo del día frente a la PC.

Entre los cibersexoadictos existe una mayor proporción de homosexuales que entre la población en general. Este tipo de personas son, en su mayoría, estudiantes o profesionales con formación universitaria y aficionados a la tecnología. El rasgo que casi nunca falta, según los expertos, es la existencia de un problema sexual en forma de inhibición, disfunción o falta de satisfacción.

Una investigación de la Carnegie Mellon University, de Pittsburgh, afirma que la pornografía constituye la aplicación recreativa más extendida por la red y representan las páginas más visitadas en el mundo. Las modalidades de sadomasoquismo, vouyerismo y prostitución infantil son las que más rápidamente han crecido en los últimos meses, ya que se abren en promedio 100 páginas diarias de cada una.

El sexo por internet es un negocio multimillonario debido a varios factores: la facilidad de acceso, el servicio las 24 horas del día, la inmediatez, el bajo precio y, sobre todo, el anonimato, que le permite al usuario no revelar su identidad. Ante esta situación, los psicólogos recomiendan ubicar los ordenadores en lugares públicos y no dejar, por ningún motivo, la computadora en el cuarto de los niños.

Los síntomas

Tener una sensación de bienestar o de euforia mientras se está en la computadora.

Incapacidad para suspender la actividad y ansiedad durante las pausas en sus sesiones.

Robar cada vez más tiempo al sueño, al trabajo, a la familia y a los amigos para la computadora.

Sentirse vacío, deprimido, irritable cuando no se está conectado a la red.

Mentir a la familia y al jefe acerca de las páginas visitadas en internet.

Ojos secos, dolores de cabeza y de espalda.

Comer irregularmente o saltarse comidas con tal de no separarse de la computadora.

Falta de atención a la higiene personal.

Perturbaciones en el sueño, cambios de rutina en el sueño.

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