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26 DE JULIO DE 2003 Gemidos masculinos en la oscuridad En Reforma 169 se levanta un edificio de tres pisos, que pareciera no tener habitantes. Pero luego de tocar el timbre, discretamente se abre una cortina negra para acceder a una experiencia plena en sexo
La oscuridad es casi absoluta, los gemidos masculinos dan cuenta del grupo que juguetea al fondo de la habitación. Los olores son inconfundibles. De repente, una luz dibuja algunas siluetas de cuerpos desnudos que se frotan, se mezclan, se humedecen entre sí. Extremidades, órganos, sentidos, piel... todos tienen en ese momento su función impulsiva pero extraordinariamente emocionante.
Los hay más desinhibidos. En el último piso, más alumbrado que el resto de los niveles, hay varias mesas distribuidas como si se tratara de un bar, incluso con una pequeña plataforma que parece escenario de cierto espectáculo: dos parejas por separado dan rienda suelta a su libido. El más joven le hace sexo oral a un joven de revuelta cabellera y pantalones a las rodillas. Los otros dos, de más edad, yacen en el suelo alfombrado en posición 69 y sus suspiros de placer apenas pueden escucharse. Se miran más de lo que se oyen.
Más abajo, en el primer y segundo nivel, dos salas decoradas apenas con sillones de cubierta plástica negra, sirven para que los menos intrépidos se conformen con mirar el video XXX que se reproduce en dos televisores sujetados al techo. Hay algunos que prefieren dormir, porque viven tan lejos que el Fuck es buena opción para pasar la noche y esperar la mañana... más segura al momento de volver al hogar.
En la medida en que transcurre la noche, los aromas son más penetrantes y el piso mucho menos aseado. Cuidado de no ensuciar la ropa despojada con aquellos fluidos que indican un acto sexual anterior, cuidado de la sensación pegajosa de la duela, ya afectada por el tiempo, que cubre el suelo del más oscuro de los cuartos.
Un joven desciende de su auto y se niega al servicio de un cuidador de vehículos que trabaja los fines de semana a las afueras del lugar. Es alto, apuesto y barbado. Parece venir del antro, buena ropa y muy a la moda. ¿Qué hace en ese lugar? “Todos tenemos fantasías y necesidades sexuales perversas, es parte del juego” responde al cuestionamiento.
Abogado de profesión, Alejandro acude al club sexual con cierta regularidad. A veces sólo se conforma con mirar, pero si encuentra algo mejorcito, como ese día cuando coincidió con Oscar, se atreve a mucho más. Despacio baja sus manos desde el cuello hasta el abdomen del morenazo que tiene frente a sí; despacio acerca sus labios y le brinda un sello pasional. Toca lo que por debajo de la cintura se puede tomar. Lame lo que por encima del ombligo también puede mamar.
Se les alcanza a ver porque se hallan en uno de los cuartos más pequeños, pero también más iluminados pues sus ventanas permiten la entrada de escasa luz... Se acabó el show, desinteresados por la mirada del extraño, mejor buscan privacidad.
El costo por el acceso es de 60 pesos, por el mismo precio tienes derecho a una cerveza de lata. Ahí, a la entrada, te entregan una papeleta en donde se registra la hora de acceso, de salida y el consumo. Control necesario para poder abandonar el Fuck, luego de satisfacer la calentura que te llevó a un club sexual.
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