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8 DE JULIO DE 2003 Respuesta de Luis Manuel Arellano al Comité de la XXV Marcha ¿En nombre de quién puede afirmarse que la propuesta de un partido es “incompleta” para los intereses de la población Lésbica, Gay, Bisexual y Transgénero?
¿A partir de qué parámetros, en comparación con quién o con qué puede descartarse una plataforma tan redonda y visible como fue la del Partido México Posible?
El comunicado No. 22 del Comité Organizador de la XXV Marcha del Orgullo LGBT, contiene comentarios y precisiones a la columna El Lado Oscuro del pasado 25 de junio, en la cual deploré que los diferentes candidatos LGBT a la Cámara de Diputados quedaran sin voz durante los momentos estelares de esta movilización precisamente a dos semanas de las elecciones, privándole a los asistentes la oportunidad de mirar el conjunto de opciones y ofertas que el sistema de partidos estaba presentando. Asimismo, me permití cuestionar la afirmación de que “todos” los partidos políticos dejaron de lado las demandas de nuestro colectivo o que presentaron propuestas “al menos incompletas”, debido a que no sucedió así.
En la larga respuesta del Comité Organizador encuentro una parte sustanciosa que podría resumir su posición: que “la marcha no puede ser propiedad de ningún partido político, pero sí espacio para la oferta de los mismos, cuando ésta exista”. Creo que ahí está el punto central de este análisis que también es debate, porque el Comité Organizador parece erigirse en el juez que determina quién sí y quién no está en condiciones de representar el complejo y disperso espectro de intereses en torno de la población LGBT. Consecuencia de ello –y así sucedió la tarde del sábado 21 de junio- la marcha no pudo ser espacio para escuchar las propuestas de las y los abanderados, simplemente porque el Comité decidió que no existían.
Pero una cosa es discrepar de las plataformas electorales y otra –muy diferente- negarlas o de plano restarles credibilidad. Sin duda, el Comité Organizador realizó un trabajo excelente de convocatoria y sus integrantes un esfuerzo individual de coordinación y búsqueda de recursos. Eso no está a discusión. Desde aquí vuelvo a reconocerlo. Más es necesario señalar que la decisión de despartidizar la marcha constituyó un error, porque el ámbito de los cambios legislativos, el cumplimiento del Artículo Primero Constitucional, la instrumentación de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, así como del conjunto de ordenamientos penales y civiles que giran en torno de las demandas de nuestra población, incluida la iniciativa de Ley de Sociedad de Convivencia, no puede darse fuera de este entorno. ¿O es que no se ha entendido la imposibilidad de llegar a los órganos de representación legislativa sin partido?
Mis referencias al Partido México Posible se basaron en lo obvio: fue el único partido que incluyó en su plataforma, de manera abierta y comprometida, los temas de la agenda que impulsan diferentes organizaciones de gays y lesbianas. Fue el único partido que enfrentó y denunció a los obispos y sacerdotes que llamaron a no votar por la población LGBT. Fue él único partido que incluyó la palabra “homosexual” en su propaganda y en sus spots de radio y televisión, desde una perspectiva de reivindicación.
Sin embargo, para el Comité Organizador lo anterior resultó insignificante. El comunicado oficial y la respuesta que El Lado Oscuro ha recibido, así lo refieren: “Si bien algunos (partidos) han desplegado un cierto número de candidaturas de gente LGBT, hemos señalado la insuficiencia política de las llamadas candidaturas LGBT, ya que ... ‘necesitamos 34 diputados locales en el DF que se comprometan a fondo con la igualdad, la justicia y la equidad, sea cual sea su orientación sexual y expresión genérica. Necesitamos 251 diputados comprometidos con un México para todos en la Cámara de Diputados, independientemente de su identidad sexogenérica y sus gustos erótico afectivos’...”
No, pues sí. Viéndole así, ¿para qué hacer entonces marchas de orgullo, para qué reivindicar derechos y lugares en este país si lo que necesitamos es el compromiso de la mayoría con la igualdad, la justicia y la equidad? Extraño, pero en el Comité Organizador no terminan de entender la importancia de seguir dándole visibilidad a la diversidad sexual en los órganos legislativos sobre todo cuando la homofobia continúa echando raíces y expresándose con violencia.
¿Candidatos LGBT? ¿Expresión sexogenérica en la tribuna legislativa? Me parece que sí porque durante la pasada campaña electoral pudo verse que son muy pocos los políticos que desde una perspectiva heterosexual abordaron estos temas, distanciados por cierto de la visión ciudadana para aceptar la existencia de funcionarios LGBT.
Al respecto me remito a la Segunda Encuesta sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, según la cual el 50.3% de los ciudadanos considera que los homosexuales sí deberían participar en política, frente a los sacerdotes que alcanzaron un 19.8% de aprobación (Milenio diario, 05/07/03).
Por último, un comentario sobre lo que denominé la “agenda de nuestra población”. Dice el Comité Organizador que no es posible hablar de una sino de varias agendas, ya que al respecto “no hay un acto constituyente o referéndum válido aceptado por la mayoría de esta población LGBT”. Bueno, concedo que tienen razón, ojalá y precisamente por eso, porque no hay siquiera un sondeo entre nosotros respecto a cuáles serían los temas de nuestra agenda, acepten que las decisiones tomados en nombre de la “autonomía política” son en realidad expresiones de anarquía.
Bueno, el debate está abierto y debido a que el Comité Organizador ya está convocando a organizar la XXVI Marcha de Orgullo, la participación partidista constituye un tema que, seguramente, será valorado con amplitud.
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