15 DE OCTUBRE DE 2009
Las cartas de amor y los poemas lésbicos de Mistral La publicación en Chile de las cartas de amor entre Gabriela Mistral y su asistente, Doris Dana, bajo el título de Niña errante, ha inundado los medios impresos de Chile, el resto de América Latina y España. ¿A qué se debe esta euforia mediática?
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 Niegan literatura lésbica de Mistral
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En pocas líneas la idílica historia de amor es esta: en 1948, tres años después de haber recibido el Nobel, gabriela Mistral (quien en realidad se llamaba Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga) va a Nueva York a dictar una conferencia. Allí conoce a la joven estudiante Doris Dana de 26 años que se le acerca puesto que está traduciendo un texto de Mistral sobre Thomas Mann.
Pronto empieza la correspondencia y con ella las confesiones amorosas: “pienso mucho en ud, en lo grande y tierna que es”, dice Dana. Los constantes viajes hacen que la pareja pase mucho tiempo separada hasta que Mistral se hace nombrar cónsul de su país en Nueva York para poder vivir al lado de su amada. Cuando Mistral muere en 1957, Dana queda como albacea y luego, al morir ella en 2006, una sobrina dona todos esos papeles a la Biblioteca Nacional de Chile. Son más de doscientas cartas de Mistral a Dana en las cuales, incluso, se llega a hablar a sí misma en el género masculino.
Desde hace años, cuentan Daniel Balderston y José Quiroga en su libro “Sexualidades en disputa” (2005), la fundación Mistral no permite la reproducción de poemas de la poetisa en las antologías de poesía homoerótica, supongo que en las que se publican en Estados Unidos, donde esos trabajos son más frecuentes. Ahora, con las cartas, esa negativa no tiene ningún sustento. Para sorpresa de esos, hay más: a los libros de poesía que publicó Mistral en vida Desolación (1922), Ternura (1924), Tala (1938) y Lagar (1954), se suman cientos de poemas inéditos que conservaba Dana en su archivo, muchos de los cuales, dicen los que saben, tratan abiertamente el tema lésbico.
En 2006 aproveché la ocasión de encontrarme en la FIL de Guadalajara con el genial escritor español Eduardo Mendicutti. Yo sabía que Mendicutti era de los pocos escritores gays que están a favor de la literatura gay como clasificación así que lo entrevisté al respecto. Él, muy sensato, me contestó: “El problema de la definición de literatura gay es que se encuentra llena de prejuicios, es decir, cuando alguien dice ‘literatura gay’ da por su puesto, y el que lo oye da por sentado, que es literatura sólo para gays: escrita por gays y sólo para gays.” (Anodis.com, 28 de noviembre de 2006.)
Esa misma negativa ha impedido que muchas obras literarias se lean en forma queer: Octavio Paz se negó a reconocer la filiación lésbica de algunos poemas de Sor Juana, Dominique Fernandez llamó la atención sobre el verso más famoso de Miguel Ángel: “resto prigioner de un cavalieri armato” que fue mutilado para que el juego de palabras no fuera tan homoerótico, y Gide condenó las traducciones al francés de la poesía de Withman porque los pronombres masculinos se volvían femeninos. El argumento no es literario, si no moral, idiosincrático: y lo peor es que esa especie de machismo subsiste incluso en algunos escritores gays.
Estoy seguro que si nunca se hubiera negado este reconocimiento a la literatura lésbica de la Mistral el escándalo mediático no sería de tal magnitud.
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ROSARIO 21 de noviembre de 2009
Pero por supuesto, Mistral tenía un gran amor a Dana, por eso escribió poesía tan hermosa! fue su inspiración. Eso sí, cuando se lee "literatura gay", piensan que es para ellos únicamente y se pierden de textos tan hermosos!
Excelente artículo Sergio!
un abrazo
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