 Candidatos aprovechan lo que dejó la influenza.
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Imprevisto. Con profunda tristeza he leído la terrible noticia. Me encuentro dando la última revisión a ésta columna que están leyendo. Mario Benedetti ha fallecido. Uno de los más grandes escritores del mundo dejó de acompañarnos físicamente. Problemas de salud que lo venían aquejando desde hace poco más de un año. Y aunque sus obras literarias se archivan en bibliotecas, también lo hacen en nuestras memorias, en nuestros corazones. Bendito seas, maestro.
Ahora sí, entrando de lleno a la columna que nos trajo aquí...
La crisis sanitaria que provocó el brote de influenza tipo A/H1N1 (influenza humana, antes influenza porcina) nos dejó muchísimas enseñanzas. Tanto en las esferas sociales y políticas, como en las familiares y profesionales. Un giro radical para mantenernos lo más posible sanos.
Como en todo sentido, la educación es primordial para que evolucionemos como personas, como sociedad, como país… como planeta.
Todas las personas, de cualquier continente, tendríamos que valorar nuestra salud por encima de todo. Lavarnos las manos constantemente, cubrirnos la boca con un pañuelo o papel higiénico cada vez que estornudemos o tosamos, limpiar todas las superficies con las que mantenemos contacto. Y siempre creando la conciencia de generación en generación.
¿Influenza o conspiración?
En estos días he tenido la oportunidad de conversar con ciertas personas sobre este mismo tema. Toda la gente comulgó en la misma idea: no creen en el gobierno de México. Y no sólo con la que pude platicar, sino otras más en todo el país han externado, en diversos medios de comunicación, por las calles, en el transporte público, en las oficinas la enorme duda.
El Ejecutivo, no tuvo una considerable credibilidad ante los sucesos sanitarios de las últimas semanas, permitiendo hacer caso omiso a las recomendaciones citadas por los titulares de las secretarías de salud en el Gobierno Federal y de la Ciudad de México.
Diarios de circulación nacional comenzaron a difundir que en México ya se tenía la certeza del virus mucho antes de proyectar la alerta sanitaria a nivel mundial.
Todo comenzó a volverse un caos: el brote de influenza porcina trasladado a los seres humanos, las medidas sanitarias poco confiables y las declaraciones contrarias entre José Ángel Córdoba Villalobos y Armando Ahued (secretarios de salud del Gobierno Federal y del DF, respectivamente).
La avalancha de declaraciones hizo su aparición en un país donde el gobierno nacional y los estatales no hay coordinación para una contingencia como la que vivimos. En el primer mensaje que da a los mexicanos a nivel nacional, Calderón pedía tener calma porque todo lo tenían bien controlado. El número de muertes relativas al virus en cuestión eran alarmantes. Mucha gente poco caso hizo a los mensajes.
Las instituciones de salud pública (IMSS, ISSSTE y SSA) entraron en pánico, pero muchos se pasaron de listos al querer cobrar la atención médica a quienes no eran derechohabientes (una verdadera vergüenza, producto de la ignorancia general).
Otros, preferían hacer caso a lo que corría de voz en voz: ¡es político! Y no llevaron a cabo las medidas preventivas señaladas por los representantes de salud. “Yo no creo en eso. Uso el tapabocas porque si no me llevan al corralón. Pero es como aquella vez del chupacabras. Y porque muchos de los pasajeros que si creen no se suben si me ven sin esto”, decía un operador de taxi, mientras me miraba por el retrovisor.
“Lo que pasa es que somos parte de un experimento. Quieren ver cómo reaccionamos ante el virus que utilizaran después como arma biológica”, con seguridad señalaba el dueño de un restaurante de la Ciudad de México.
Hipótesis siempre habrá; cientos de ellas por doquier. Y es que vivimos en tiempos de incertidumbre alimentada por los partidos políticos, los medios de comunicación prostituidos, la iniciativa privada corrupta y quienes están hambrientos de poder.
“Obrador tenía pensado hacer un golpe de Estado del primero de mayo, y quisieron evitarlo manteniendo a la gente en sus casas con miedo al contagio. Por una parte, qué bueno. Pero por otra nos vienen a fregar a todos por los problemas que tienen entre ellos”, me comentaba, con cierto enojo, un abogado.
Es cierto, muchos de los ciudadanos mexicanos estamos necesitados (con urgencia) de representantes políticos que procuren el bienestar del país, no para verlo agonizar sentados en las curules o en la silla presidencial o en las gubernaturas estatales. Porque no los hay.
Quienes dicen… perdón, los que prometen hacer de México un país lleno de esperanzas y que no hace nada, ese no quiere a su país, es vergonzoso de sus orígenes, y aspira como cualquier payaso a ser una celebridad dentro de la política internacional.
“Obama y Calderón planearon todo este circo para endeudar más y más al país. A la generación joven ya no la duermen como antes nos dormían a nosotros cuando un Presidente le robaba a México, creando tantos cuentos que hoy suelen ser tan ridículos”, incrédulo me comentaba una señora de 60 y tantos años, dueña de un establecimiento mercantil.
Tampoco podemos creer en todo lo que se dice por ahí. Sabemos que tal es la desconfianza de ciertos sectores de la población que, a veces, inventan teorías sobre una conspiración. Sin embargo, los que dirigen a México, los que se hacen llamar autoridad, se han ganado a pulso dichas desconfianzas. Sea del partido político que sea, han contribuido al México actual: lacerado constantemente.
El Presidente Calderón respondió a una pregunta específica sobre la teoría de la conspiración dentro del noticiero de la noche en Televisa “todo es producto de la ignorancia”, y en parte es cierto.
Creo firmemente que los seres humanos somos capaces de todo. A unos no se nos despierta la ansiedad por el dinero y poder a costa de lesionar a otro de mi misma especie. Mientras que otros, ese deseo se van haciendo cada vez más fuerte y se convierte en una obsesión de vida.
Reza el dicho popular “nada es verdad, nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira”. Así es que cada uno juzgue como mejor lo crea conveniente, pero espero que sea siempre con inteligencia y con argumentos que da la misma experiencia y los libros.
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