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19 DE NOVIEMBRE DE 2008
¿Ser “laico” o defender el “Estado laico”?
El tema de la laicidad en México es desafortunado. Funcionarios y políticos anteponen sus ideas religiosas sobre la agenda pública del país, quitando derechos u ocultando la existencia de grupos sociales, como el Colectivo LGBT.

Judith Vázquez

El pasado 13 de noviembre del presente año, la Comisión del Episcopado Mexicano (CEM) dio por terminados los trabajos de la LXXXVI Asamblea Plenaria en la República Mexicana. Dicho encuentro no es otra cosa más que la reunión de la jerarquía religiosa de los que visten de vestido largo y entregan cuentas al Vaticano.

Un total de 118 laicos, varones y mujeres, procedentes de sesenta y siete diócesis y de algunos organismos nacionales, entre los cuales se contó con la “increíble” presencia del Ejecutivo federal, Felipe Calderón. Lo que no sabemos realmente de esa presencia en el encuentro es: ¿en carácter de qué fue el señor Calderón a la reunión?, ¿como laico o como ciudadano representante de un “Estado Laico”?

Con certeza, ser el presidente de una República, o Estado, denominado laico, y en un proceso de “consolidación democrática”, no debe ser sencillo, y seguramente tendría que cuidar los movimientos que hace. Obviamente el representante de México debería ser responsable de lo que convalida o rechaza.

El lenguaje sutil que existe en el decir y el hacer, puede dejar en claro la auténtica intensión de un mandatario mexicano cuando se lee con lupa las letras pequeñas de los contratos que firma una figura como él, sobre todo con la cercanía de los comicios del 2009.

Actualmente la ciudadanía mexicana puede tener claridad sobre el mensaje que están mandando los personajes de la CEM[1], a través de la postura del partido blanquiazul al momento de legislar sobre los derechos ciudadanos en este país, leyendo pausadamente las líneas del citado documento cuando habla del papel preponderante de los laicos[2] en el actuar político (como el señor Calderón) y el mensaje explícito que mandan tales líderes religiosos a cada uno de los actores políticos bautizados bajo su iglesia.

Cito a continuación: “Es moralmente inaceptable que un laico traicione tácita o explícitamente los valores del evangelio en la vida social, y más si posee una responsabilidad pública de cualquier índole...” [3]. Lo cual se traduce en una amenaza de excomunión a cualquier actor político que se pronuncie en contra de la doctrina social de esta iglesia.

El multicitado documento dicta las líneas en las que el Ejecutivo federal, junto con su partido, deberán empeñarse en defender, de las cuales comento:

• La promoción y defensa valiente y eficaz del reconocimiento del derecho a la vida, desde la fecundación hasta la muerte natural; esto implica ejecutar acciones que impidan la despenalización del aborto, la ortotanasia, etc.

• La promoción y defensa de la dignidad y vocación de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, es decir, no promover políticas con perspectiva de género, ya que la ideología feminista es “peligrosa” y aleja a la mujer de su auténtica misión para la que fue creada que consiste en ser esposa y madre.

• El fortalecimiento de la familia basada en el matrimonio instituido por el Creador, traducido, significa no al reconocimiento y respeto a las familias diversas incluidas las familias de homosexuales, lesbianas, divorciadas, madres solteras, además de rechazar cualquier programa que fomente el ejercicio de la sexualidad fuera del matrimonio religioso, y la promoción del ejercicio de la sexualidad con un sustento científico y universal.

• La promoción de un modelo educativo que construya personalidades maduras tanto en el ámbito de la fe como en el campo del desarrollo humano integral. No a la educación laica y científica.

• El compromiso solidario con todos, en especial, con los más pobres y excluidos de nuestra sociedad, lo cual significa negarse a promover políticas públicas en pro de la disminución de la pobreza, y continuar avalando las políticas asistencialistas que benifician solo a los ricos y provocan una división social mayor.

• La formación en Doctrina Social de la Iglesia de los diversos agentes que participan en las actividades productivas , de tal forma que se elimine cualquier obstáculo que impida a la iglesia imponer su ideología

• La reconstrucción positiva de las relaciones entre fe y razón, entre cristianismo y cultura, lo cual implica implementar leyes que permitan la llamada "libertad religiosa" con el fin de infundir y enseñar los dogmas y preceptos de esta religión.

• La promoción y defensa de los derechos humanos fundamentales, entre los cuales, el derecho a la libertad religiosa ocupa un lugar prioritario, de tal forma que sea legítimo continuar atropellando los derechos humanos de todos los ciudadanos que no piensen y vivan como los laicos romanos, poniendo por encima de la dignidad humana una ideología religiosa.

• La formación de una nueva ciudadanía, más responsable, más participativa y más capaz de comprometerse activamente con la gestión del bien común. De lo cual se desprende la necesidad de abrir el camino a todos los laicos de esta iglesia para que se incrusten en los lugares de poder, desde donde puedan fomentar y proteger esta forma de ser, vivir y legislar desde todos los puestos y ámbitos.

Hay que subrayar que el compromiso de los firmantes del documento final del CEM va mas allá de lo que podemos aceptar, ya que en su apartado 19, los prelados[4] se comprometen a “hacer todo lo que esté de nuestra parte para reconocer y promover activamente un nuevo protagonismo de los fieles laicos en la Iglesia y en la sociedad, particularmente en lo que toca en la participación cívica y política”; esto puede dar muestras de un evidente e indignante “tráfico de influencias”.

Hoy, cuando veamos a las y los legisladores o dirigentes de cualquier Instituto, Secretaría, Subsecretaría o dependencia de Gobierno mexicano junto a algún representante de esa iglesia, ¡desconfiemos!, analicemos cada palabra, propuesta o discurso porque, con sorpresa, podremos descubrir que son “laicos”, como los que define el Derecho Canónico, que no es lo mismo que defender un “Estado laico” como lo define Roberto Blancarte: “el Estado es laico, cuando ya no requiere más de la religión como elemento de integración social o como cemento de la unidad nacional(…) por eso el Estado laico surge realmente cuando el origen de esa soberanía ya no es sagrada sino popular” [5].

No dejemos de leer con lupa los signos de nuestros tiempos cuando encontremos imágenes como las comunes en el gobierno de Jalisco:

Pensemos al momento de definir nuestro voto todas las implicaciones colaterales que implica, que la memoria no nos engañe esta vez… Nunca más a favor de los blanquiazules que deben su historia a la alianza con esta iglesia desde la llamada “Acción católica”, que es el principio y fundamento del Partido Acción Nacional. Busquemos y generemos una mejor opción que en verdad defienda nuestro "Estado laico" y no defienda su ideología como “laico”, en ningún Estado de nuestro país.

[1] http://www.cem.org.mx/prensa/otras%20notas/mensajefinal.htm

[2] Laico, definido como súbdito de la iglesia católica Romana desde el Derecho Canónico

[3] # 15 Documento Final de la LXXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano

[4] S.m. (lat praelatud, p. de praederre, poner al frente). Clérigo, secular o religioso, a quien se ha conferido cualquier cargo o dignidad superior dentro de la iglesia. Diccionario Enciclopédico Larousse 2007 p.823

[5] Blancarte R., Laicidad y secularización en México (2001).

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México, sin democracia ni laicidad.

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