(Denise TemPone/Crítica de la Argentina).- La comunidad gay se planta de cara a desafíos impensados hace una década y se convierte en el objeto de deseo de marcas, gestiones gubernamentales y discursos que antes la ignoraban.
Mientras esto sucede, nuevos grupos advierten sobre el peligro de ser usados como “mercado rosa” y critican el concepto de gay friendly como un nuevo estereotipo.
El hecho de que Buenos Aires haya ganado fama mundial por convertirse en la ciudad más gay friendly de Latinoamérica es, quizás, la razón más sólida que justifica este boom. Haber sido la primera en delimitar un circuito de boliches, cines y pubs abiertamente gays, y la pionera a la hora de reconocer legalmente la unión civil de personas del mismo sexo en 2003, son hechos que demuestran que esta fama se sustenta en avances concretos que, aunque llevan un gran atraso en comparación a lo que sucede en Europa, son muy significativos en el contexto de la cultura latinoamericana.
Desde hace alrededor de una década, el boca en boca del mundo gay desliza que este es uno de los pocos lugares del Tercer Mundo –junto a la brasileña San Pablo– en donde dos hombres o dos mujeres puede manifestarse amor en público sin ser agraviados. De allí el aluvión de turistas del mismo sexo que pasean de la mano por los principales puntos del circuito turístico porteño.
Aunque no hay estadísticas oficiales, los números indican que el 20% de los más de cinco millones de visitantes que recibe la ciudad por año, son gays. Dejan una ganancia de alrededor de 600 millones de dólares anuales y son recibidos con gran entusiasmo por el 10% de la población porteña, también gay, según señalan consultoras privadas al servicio de empresas especializadas.
Esas son algunas de las razones que podrían explicar por qué en los últimos quince años la demanda gay comenzó a ser reconocida por la cultura hegemónica, no sólo en lo que se refiere a lo legal sino también y fundamentalmente en el aspecto comercial. Claro que el avance no viene solo: nuevos debates comenzaron a vislumbrarse en el horizonte de la cuestión gay.
Hasta hace algunos años la causa LGBT tenía que ver con lograr el reconocimiento y la aceptación de la igualdad por parte del mundo hetero. Hoy, luego de grandes conquistas, nuevos grupos renuevan los debates y se preguntan si es legítimo tomar como triunfo un reconocimiento que parece ser antes que nada, según dicen, un asunto del mercado.O sea, de empresas que buscan facturar.
Ellos cuestionan si los avances a nivel legal serían los mismos si lo gay no representara una ganancia económica tan grande. Estos grupos se detienen a examinar los ideales estéticos y de lifestyle que se postulan como representantes absolutos de la cultura gay y hasta se atreven a denunciar la estigmatización y eliminación de prácticas “marginales” como parte de un proceso que tiende a “depurar” los hábitos homosexuales para volverlos más asimilables por la cultura oficial.
Mientras algunos denuncian que gay friendly no es una actitud sino una estrategia comercial, Buenos Aires avanza en la carrera para consagrarse como capital homosexual de la región.
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