16 DE MAYO DE 2003 Danza gay por siete años La compañía coreográfica gay celebra su aniversario durante un mes, con diversas actividades en varias sedes de la ciudad.
Redacción Anodis
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(Reforma) Maricruz Jiménez.- José Rivera, uno de los coreógrafos más intensos y controvertidos del mundo de la danza, forjador del concepto "Danza Gay" en un país donde la palabra "machismo" tiene una de sus muchas patentes, regresa a los escenarios, después de su triunfo en la Bienal de Lyon.
El fundador del grupo La Cebra retoma el camino de su andar por los escenarios con dos estrenos en el Teatro de las Artes: Bailemos a Mozart (por los ángeles que se han ido) en versión completa, y Flores Negras que Suceden, un solo dedicado al bailarín Marco Santana inspirado en "La Dolorosa". La compañía inicia así un mes de celebración por su séptimo aniversario, el jueves 22 de mayo.
Coreógrafo de hallazgos y controversias, Rivera reconoce su necesidad de dejar atrás la idea del grupo independiente, pues su objetivo es otro: "No pretendo hacer ni ser una compañía experimental, ni vanguardista, si es que existe ese concepto; tampoco posmoderna. Me interesa consolidarnos como una compañía de repertorio".
La Cebra es un grupo de danza hecho por varones que aborda solamente la temática gay en todas sus facetas. Sus obras proponen, a partir de la vivencia cotidiana, el cuestionamiento de los estereotipos sexuales. Nunca antes de esta companía, la masculinidad con toda su diversidad estuvo presente en la danza mexicana.
Alumno dilecto de Raúl Flores Canelo --fundador del Ballet Independiente en la década de los 60--, Rivera abreva de fuentes generosas. Reconoce su deuda no sólo con su maestro, sino con quienes formaron esa estirpe dancística: Guillermina Bravo y una generación que siguió sus enseñanzas e intuiciones.
Esta reflexión plantea ahora a José Rivera el reto de construir un lenguaje coreográfico, fundamentado en el propósito de "hacer una danza esencialmente mexicana, cuyos temas emerjan de la cotidianidad gay".
Con Bailemos a Mozart, La Cebra retoma uno de los temas que sigue siendo un estigma en este país: vivir con VIH/Sida. Obra blanca, como la define su coreógrafo, dividida en siete partes, con fragmentos de la música creada por el genio alemán y la necesidad de probar que "formalmente puede ser una obra impecable", la versión completa de esta coreografía --proyecto que iniciara hace dos años- se verá por fin en los escenarios.
Para Rivera el tiempo que vio morir a Mozart no es tan diferente del actual, la desigualdad, la pobreza, la miseria humana siguen sepultando la belleza. Es como si hoy el compositor muriera de Sida. Y sin embargo, Bailemos a Mozart más que una elegía es una obra vital. En ella conviven el humor, la ironía, quizá el desasosiego, pero en ningún momento está presente la amargura o la derrota.
La Cebra es una compañía que ha trabajado a fondo durante muchos años, los intérpretes que la integran bailan con sumo placer, porque quizá en ella hay una permisividad que no existe en otros grupos, ya que lejos de los temas solemnes, o las propuestas acartonadas, persiste la enorme voluntad de danzar por la vida. |
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