14 DE OCTUBRE DE 2008
 Sáficas En una mansión llamada Sevenels Amy Lowell dedicó varios poemas a la actriz Ada Dwyer Russel, a la que conoció en 1912 y que sería su más constante amor, con quien vivió en Sevenels hasta su muerte, desafiando a una sociedad conservadora.
Odette Alonso
|
|
En una noche de lluvia, encima de la vieja cama con dosel, yacen dos cuerpos. Dos cuerpos de mujer. Mientras la oscuridad se cierne sobre el espacio exterior, adentro brillan la poesía y la espera. La mansión se llama Sevenels; en ella creció la niña que convirtió en intensos versos esta escena.
Amy Lowell nació en Brookline, Massachussets, el 9 de febrero de 1874. Hija de ilustre familia, recibió una esmerada educación que ella misma completó abasteciéndose de la monumental biblioteca de su padre. Esa holgura económica le permitió desandar periplos que la llevaron a exóticos destinos: Egipto, Grecia, Turquía.
Publicó, entre otros libros, Una cúpula de muchos vidrios de colores (1912), Hojas de espada y semillas de amapola (1914), Hombres, mujeres y fantasmas (1916) y una biografía de John Kyats.
Estos poemas que hoy les comparto están dedicados a la actriz Ada Dwyer Russel, a la que conoció en 1912 y que sería su más constante amor, con quien vivió en Sevenels hasta su muerte, desafiando a una sociedad conservadora para la que esa relación lésbica era un escándalo.
INTERMEDIO
Cuando haya horneado blancos pasteles y rallado almendras verdes para cubrirlos; cuando haya quitado los verdes rabitos de las fresas y las haya apilado en una fuente azul y amarilla, cuando haya alisado las arrugas de la mantelería en la que he estado trabajando… ¿entonces, qué? Mañana será lo mismo: pasteles y fresas, y agujas dentro y fuera de la tela. Si el sol es hermoso sobre los azulejos y los estaños, cuánto más hermosa es la luna, reclinándose en las rizadas ramas del ciruelo; la luna, ondulando en un lecho de tulipanes; la luna inmóvil, sobre tu rostro. Tú brillas, Amada, tú la luna. ¿Pero cuál es el reflejo? El reloj está dando las once. Pienso que cuando cerremos la puerta, oscura será la noche afuera.
UNA NOCHE DE LLUVIA
Sombras, y la luz blanca oscilando y el golpeteo y el destello de la lluvia en la ventana, en la calle un farol se balancea haciendo que los arroyuelos de lluvia del cristal reluzcan y palpiten. En este resplandor de plata puedo ver las cuatro columnas de la vieja cama, con los flecos y borlas de su dosel. Estás acostada a mi lado, esperando, pero no me doy la vuelta, estoy contando los pliegues del dosel. Estás acostada a mi lado, esperando, pero no me doy la vuelta. Con esta luz plateada debes estar bellísima… y hay diez pliegues en este lado del dosel y diez en el otro.
ALBORADA
Del mismo modo que sacaría a la blanca almendra de su cáscara verde, así te despojaría yo de tus ropas, Amada. Y acariciando la suave y pulida almendra vería una gema de valor incalculable resplandeciendo mis manos.
ÓPALO
Tú eres hielo y fuego, tu tacto quema mis manos como la nieve. Eres frío y llama. Eres el carmesí del amarilis, la plata de las magnolias besadas por la luna. Cuando estoy contigo mi corazón es un estanque helado bajo un brillo de inquietas antorchas.
Tomado de El jardín de Sevenels (Madrid, Torremozas), traducción de Marta Porpetta.
|
Regresar a la página
anterior
| Comentar artículo
P u b l i c i d a d
415
|
 La escritora nació en en Brookline en 1874.
P u b l i c i d a d

|
|