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El orgullo de asumir una identidad, aunque socialmente sea señalada de
manera negativa, así como reivindicar la dignidad humana fundamental para gueis,
lesbianas, bisexuales y personas transgéneras, este es el objetivo del movimiento guei,
en sentido amplio. ¿Cuáles son los símbolos adoptados por estos colectivos para
manifestar los nuevos valores?
El origen de la identidad guei
Érase que se era una colectividad de personas que no podían
manifestarse como ellas mismas. La policía estaba autorizada para reprimirlos,
extorsionarlos y arrestarlos en sus lugares de reunión. Estas personas, sin ser
criminales, eran objeto de golpes y abusos arbitrarios, su mera apariencia o su presencia
en cierto lugar eran razón suficiente para atacarlos y agredirlos. Lo pero del asunto es
que estas mismas personas, en su mayoría, se pensaban a sí mismas como gente defectuosa,
sentían culpa y auto rechazo por sí mismas. No se atrevían a reclamar siquiera los
derechos mínimos de cualquier ciudadano, de cualquier ser humano.
Todo empezó después de la Segunda Guerra Mundial. Durante los años
más fuertes de la confrontación bélica, se suscitaron importantes y decisivas
transformaciones que tendrían gran impacto para definir la dirección del cambio social.
Debido a la gran demanda de mano de obra en EUA, las mujeres asumieron masivamente
diversos empleos fabriles, lo que consolidó el despegue femenino de la reclusión
doméstica y su implantación irreversible en la vida económica y social pública. Ante
la escasez de reclutas para el ejército, hubo un notorio relajamiento en la aplicación
de las normas que permitían expulsar sumariamente de las fuerzas armadas a quien fuera o
pareciera homosexual. Así se formaron grupos diversos de hombres y mujeres que amaban a
los de su mismo género, por primera vez en la época contemporánea se dio una
convivencia abierta, amplia y masiva, en el marco de las instituciones machistas por
antonomasia de casi cualquier sociedad: los ejércitos.
Al concluir la guerra y con el fin de la escasez de personal, las
fuerzas armadas de EUA vuelven a aplicar su política excluyente contra quienes
manifestaron más abiertamente su orientación sexual no conformista. Quienes habían
probado por primera vez el exquisito y adictivo sabor de una vida abierta, sin dobleces ni
ocultamientos, ya no estaban dispuestos a volver sus pequeñas poblaciones de origen a
llevar una doble vida clandestina. Muchos de ellos emigraron hacia las grandes ciudades,
concentrándose notoriamente en San Francisco, Nueva York y Los Ángeles.
La expresión dominante del deseo hacia personas del mismo sexo,
homosexualidad, es tan antigua como la humanidad. Lo innovador de esta situación era la
gran concentración urbana de personas con orientación homosexual de su deseo erótico y
afectivo, y especialmente que muchas de ellas ya no estaban dispuestas a ocultarse e
intentar pasar desapercibidas. Es en este caldo de cultivo fértil en el que surge una
nueva identidad, como referencia para entenderse y clasificarse, pero también como arma
de lucha y reivindicación.
Antes se hablaba de raritos, maricones, marimachos, sodomitas,
uranistas, o de prácticas homosexuales. Pero en aquel momento se acuña un nuevo sentido
de una palabra antes usada para señalar: "gay". Anteriormente, esta palabra se
usó para significar "alegre", pero no precisamente en un sentido de
"contento" o "feliz", sino de "frivolidad" y
"despreocupación". "Gay girl" se traduce como "chica de la vida
alegre". El nuevo uso de la palabra para denotar la nueva identidad fue importante en
la medida en que es la primera palabra que esta población se da para designarse a sí
misma, adquiere pues un nuevo sentido de auto aceptación positiva.
Sería un error afirmar que Alejandro Magno o Leonardo Da Vinci eran
gueis por amar a otros de su sexo. El propio concepto de "homosexualidad" se
acuñó apenas a fines del siglo XIX (junto con el de "heterosexualidad, por cierto),
y la identidad guei apenas surge luego de la Segunda Guerra mundial.
En el español contemporáneo la palabra inglesa "gay" no
llega del inglés como sinónimo de "alegre" (mucho menos con sus matizaciones),
sino exclusivamente en el sentido de la nueva identidad alternativa basada en la
aceptación positiva de la propia orientación sexual no conformista. Históricamente
hablando, la lengua hablada marca el sentido del cambio lingüístico (con independencia
de las opiniones eruditas autorizadas). Dado que la homosexualidad en México y su
aceptación positiva tienen su propia historia y no son un mero fenómeno de imitación
extranjera, el español adopta la voz "guei", adaptándola a su ortografía.
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