26 DE AGOSTO DE 2008 Oqueerrencias y queeriosidades Empezar a recordar, a escribir nuestro testimonio del Sida Mankell, que no es gay, supo del Sida hasta mediados de los ochenta, con la muerte del actor Rock Hudson, y su primer contacto con esta infección se dio cuando empezó a ir a África
Todos sabemos que el continente africano es el más devastado por la pandemia del sida. En otro tiempo, recuerda el escritor sueco Henning Mankell, “era la peste lo que traía a la muerte, hoy es el sida”. En el continente africano, más de 20 millones de personas viven con VIH y toda una generación se ha perdido: los niños han quedado al cuidado de sus abuelos porque los padres han muerto.
Así lo hace saber Mankell en este libro estremecedor, Moriré, pero mi memoria sobrevivirá, donde a partir de la historia de una niña, Aida, el escritor cuenta lo que en sus largas estadías en África ha visto y lo que ha podido capturar de los testimonios que le han hecho personas en etapa terminal.
Mankell pertenece a esa generación excepcional que, como en prácticamente todo el mundo, vivió los cambios más violentos que pueda presenciar cualquier generación. Para empezar, nació en Estocolmo, Suecia, en 1948. Cuando el 68 mundial –del que pronto se conmemorarán sus primeros 40 años— él tenía apenas 20 años. Luego, vivió el frenesí de la liberación sexual de los años setenta y, a mediados de los ochenta, como lo cuenta en este libro, supo de la existencia del sida; Mankell, que no es gay, supo del sida hasta mediados de los ochenta, con la muerte del actor Rock Hudson, y su primer contacto con esta infección se dio cuando empezó a ir a África donde la pandemia ha arrasado con toda una generación, la suya. Por eso, África está en la obra de Mankell, uno de los novelistas policíacos más reconocidos; en territorio africano sucede una de sus últimas novelas, El cerebro de Kennedy.
El sida es uno de esos temas sobre los cuales, me parece, sólo se puede hablar desde la experiencia personal. Ya va siendo hora, por cierto, de que se cuenten todas esas historias. Mankell inicia con la suya y con las de miles de infectados que, preparándose para su muerte, hicieron libros de recuerdos con los cuales los recordaran sus hijos. Sobre esta parte fundamental de su libro, Mankell reflexiona:
“Esos libros, esos pequeños cuadernos con fotografías pegadas en sus páginas y con textos escritos por personas que apenas dominan el alfabeto, podrían convertirse en los documentos más importantes de nuestro tiempo. Cuando todos los informes, protocolos, cálculos financieros, antologías poéticas, obras de teatro, fórmulas matemáticas para la creación de robots, programas informáticos, en suma, cuando todo lo que conforma nuestras vidas y nuestra historia se haya olvidado, tal vez estos delgados libritos, esos recuerdos dejados por personas que murieron demasiado pronto, constituyan el documento más importante de nuestro tiempo.”
En alguna página, Mankell dice que cuando se escriba la historia del sida en la década de los ochenta saldrán a la luz hechos terribles. No se da cuenta que su libro inicia esa historia necesaria del sida que él pide, que ciertamente los casos que él comparte desde África son terribles y que necesitamos saber también lo que sucedió en otras partes del mundo por las mismas épocas. Y eso sólo puede ser posible con el testimonio de cada quien, se haya infectado o no.
Henning Mankell, Moriré, pero mi memoria sobrevivirá, Tusquets, Colec., Ensayo, Barcelona, 2008, 129 pp.
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