31 DE JULIO DE 2008
 Oqueerrencias y queeriosidades Los muchos acostones de una noche Ya sea que uno se acueste con uno, con 20 o con 100 será juzgado por la moral que la sociedad ha implantado. Es difícil de explicarlo, incluso para mí mismo que escribo todo esto un poco indignado por lo que nos han dicho qué es lo que se debe hacer.
Sergio Téllez-Pon
|
|
Hace ya unas semanas que se dio a conocer una noticia bastante peculiar que llamó mi atención: el chismógrafo más famoso de la web, el blogger Pérez Hilton, confesó que a lo largo de un año sólo había tenido un encuentro sexual. La fuente de información de espectáculos se lamentó porque la fama acuñada por develar los secretos y chismes de los famosos no le ha atraído más amantes a su cama. Al contrario, además del desprecio que se ha granjeado con la mayoría de las estrellas de Hollywood, Pérez Hilton, ya se ve, también alejado a sus posibles amantes ocasionales.
De pronto, todo parece confabular para que sólo escuche historias y anécdotas de los encuentros sexuales de amigos y conocidos. Por ejemplo, un amigo muy querido interrumpe la conversación que en ese momento sosteníamos para preguntarme qué hace para que se le baje la calentura. Su pregunta, desde luego, me toma por sorpresa y sólo atino a aconsejarle algún parque, calle, esquina, bar o cuarto oscuro donde puede satisfacer su apetito sexual momentáneo, con facilidad y sin remordimientos.
Luego, un par de anécdotas se suceden en días distintos. Recuerdo que hace algunos meses alguien, con su comentario, condenaba a uno de sus amigos por haberse acostado con más de 100 personas; el pobre acusado era gay, claro. Y un par de semana atrás, alguien más dijo que una amiga suya --a quien conozco, por cierto-- alguna vez confesó que se sentía una puta porque se había acostado con unos 20 hombres a lo largo de su vida; la susodicha, como puede preverse, era mujer. Aquí, por una parte, un gay se erige como velador de la castidad y condena a otro gay por su promiscuidad. Y por otra, la moral que ha imperado en toda una vida, hace que una mujer heterosexual se sienta o se vea a sí misma como una promiscua. Es decir, si uno se acuesta con pocos es un promiscuo, si se acuesta con muchos, de igual manera.
Sobre esto último me surgen varias preguntas en la cabeza: ¿por qué un joven de 21 años, guapo, de buen cuerpo, tendría que restringir su vida sexual sólo porque uno de sus mejores amigos quisiera que tuviera la actividad sexual de Pérez Hilton? ¿Tendría ella, joven, guapa y simpática, también, que acostarse con los 100 del chico de 21 años? La moral de nuestra sociedad condena la supuesta promiscuidad de un gay así como la de una chica hetero, no importa ya la sexualidad de uno y otra porque todos somos medidos por la misma vara. ¿Él tendría que acostarse sólo con los 20 con los que se ha acostado ella para así complacer a su amigo?, pero ¿soportará su apetito sexual restringirse a 20? ¿Por qué no, mejor aún, que ella se acueste con otros 80 y rompa sus propios tabús?
Ya sea que uno se acueste con uno o con 20 o con 100 será juzgado por la moral que la sociedad ha implantado. Es difícil de explicarlo, incluso para mí mismo que escribo todo esto un poco indignado por lo que nos han dicho qué es lo que se debe hacer, al grado de que alguien a quien pensaría abierto a estas circunstancias, como lo es un gay, expresa a su manera las ideas de esa misma moral y, por el otro lado, “el deber ser” hace que una chica se sienta mal al confesar sus acostones de una noche y condene su propia (y para mí, supuesta) promiscuidad.
Desde luego no podemos aconsejarles nada –mucho menos a Pérez Hilton–, simplemente que deben tener el coraje de hacer lo que quieran, sin oír a esos que sólo repiten lo que dicta la moral establecida, eso sí, mientras tengan relaciones sexuales con protección que hagan de su vida un papalote y de su culo un rehilete.
|
Regresar a la página
anterior
P u b l i c i d a d
890
|

P u b l i c i d a d

|
|