9 DE MAYO DE 2003
Mitos y realidades de la violación en homosexuales Para la muchos homosexuales una violación los hace sentirse igual (o más) culpable que el agresor; además de marcardo por la “suciedad moral” y el desprestigio perpetuo.
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César Salazar Góngora.- Vencer la resistencia a partir de la fuerza y provocar deliberadamente un proceso. Viciar las voluntades ajenas esa es la violencia.
Freud había identificado la violencia agresiva como una forma de perversión de la omnipresente sexualidad. También como manifestación histérica, y en todo historial de las histerias siempre aparece la sexualidad como problema.
Toda sociedad occidental enaltece la violencia como símbolo de poder y superioridad, en oriente, originalmente era la de protección justificada, claro, ha sufrido una occidentalización y la comercializan. Quizás Rosseau no erró, la sociedad produce el mal, en éste caso la violencia y la violencia sexual.
La violencia es un complejo biológico, psicológico, emocional, social, ecológico e incluso genético. No se puede negar la relación existente entre el déficit de serotonina y la violencia impulsiva o las vinculantes deficiencias de monoamina oxidasa A con la conducta compulsiva agresiva, o disfunciones de la corteza cerebral y los altos niveles de testosterona con ciertos tipos de violencia.
El poder de la herencia es manifiesta en éstos fenómenos, pero no podemos atribuir una influencia determinante por lo interactivo de los genes y el entorno socioambiental.
Todo esto se trata de lo impersonal de la violencia. Las motivaciones personales en los individuos violentos son un enramado proceso en la historia de vida.
La violencia se concreta en el acto de ejercerla o sufrirla. La perversión violenta se manifiesta en lo irreversible de las consecuencias en el individuo que la sufre. El individuo (generalmente joven) comienza a conocerse sólo hasta después de cometer los actos funestos. La tragedia y la perversión se instauran después del crimen, el conocimiento de sí mismo, del otro y de la vida humana (y su valor) se dramatizan.
La perversión etimológicamente refiere la idea de tirar antes del momento apropiado.
Cuando entendemos el significado del término perversión, abrimos la interpretación a la realidad de que vivimos en una sociedad completamente pervertida. La violencia es una perversión.
Desde el origen de la naturalidad humana y social el hombre se plantea el derecho de infringir violencia. Pero existe un estado desajustado que ignora este planteamiento. Este se manifiesta cuando se tiene el poder. A medida que se maximiza el ego ignora, borra o elimina las diferencias entre el bien y el mal; se pervierte. Hamlet es ignorado por Calígula.
Para abordar la violencia sexual, desde cualquier perspectiva, en este caso entre hombre por hombre, debe primero iluminar la oscuridad del mito con la realidad. Uno de los más poderosos mitos afirma que la violencia es ante todo sexual y que el violador la perpetra con un fin de obtener un placer erótico y orgásmico a expensas de una victima irresistible. Esto contrasta con la alta cifra de violadores incapaces de completar el acto sexual; uno de cada tres no alcanza el orgasmo; aún más otros tantos no obtienen placer erótico ni sexual aunque eyaculan, el goce genital es bastante deslucido. Esto aclara una interesante confusión: violar no es seducir.
La confusión radica en el infame mito de que el homosexual aspira secretamente a ser violado y que a pesar de sus resistencias acaba gozando durante la violación. Alevosamente se confunde una típica fantasía homosexual con la terrible realidad de ser violado. La fantasía, muy atractiva para algunos homosexuales, es la de ser conquistado por un macho fuerte y hasta despiadado. Violar no es conquistar.
Parece que el miedo actúa como detonante erótico ante el macho y en lugar de inhibir refuerza la excitación erótica homosexual, quizás como disposición del equilibrio, Heráclito decía: “Lo contrario, conveniente.” Pese a lo arquetípico de la fantasía y la tentación de excitarse a través del miedo o la sumisión complaciente ante la fuerza (fuerza no significa violencia) No tiene en lo absoluto nada que ver con la terrible experiencia de ser violado.
La degradante experiencia de invasión sexual suele desintegrar la estructura psíquica, moral e incluso física de la victima.
Produce una pérdida yoíca, el sentido de sí mismo que se desarrolla a lo largo de la vida. La violación sexual fragmenta la función social protectora y de poder confiar en el otro, la creencia de confianza en la sociedad. Como explica la doctora Judith Lewis Herman, destruye el sentimiento de pertenencia a un orden natural o divino y de personificar una existencia que tiene un sentido, una trama coherente y continua, así como una finalidad.
Otro infundado mito es que, si bien el homosexual no goza la violación, por lo menos esta naturalmente dispuesto emocionalmente a padecerla y no reaccionaría de modo muy diferente de cómo lo haría con su compañero sexual cuando la hostilidad y la indolencia han irrumpido en el vínculo.
Se ha descrito a través del trabajo clínico como la mujer violada se siente, pero es poco, escaso, casi nulo el trabajo que aborde el tema homosexual. Pero empíricamente me aventuro a enumerar:
El homosexual se sabe hombre, pero diferente de la heterosexualidad y su orientación no lo identifica con la mujer, verbi gracia de los transexuales, se siente abandonado del hombre, de la mujer y del mismo homosexual, en sí, del género humano, se percibe en una constante exclusión y se desliga del sistema que protegiera, propiciara y garantizara la voluntad de vivir. La vergüenza, degradación, miedo, rabia y desconcierto en toda su profundidad constituirán su realidad emotiva. No alcanza a comprender el significado del acto violento, su significado en la violación, ni mucho menos lo que significa el intruso sexual. Sufre estrés postraumático caracterizado por:
a)vívidos y obsesivos recuerdos de la agresión; b)pesadillas incluso en el estado de vigilia; c)sentimiento de debilidad y temor ante un mundo hostil y peligroso, estas sospechas se extienden hasta la consciencia de la corporalidad; d)la capacidad de programación a futuro y enfrentamiento cotidiano de la vida se ve deteriorado o limitado; e)síntomas como insomnio, ansiedad, miedos, angustia, miedos nocturnos, dificultad de concentración mental, depresión, pérdida del apetito, neuralgias, nauseas, cansancio crónico, agorafobia, claustrofobia y temor a estar solo.
También se postula que sólo es una minoría de los hombres la que constituyen los violadores, y que deben estar muy perturbados mentalmente. Si existe un limitante numérico con relación de criminales, nos resistimos a reconocer que una parte considerable de hombres normales y ordinarios viola o intentaría violar hombres si las circunstancias o convenciones sociales se relajaran en una permisividad complaciente o complicente.
Aclaro, no todos los hombres se pueden convertir en violadores, pues un gran gran número carece de disposición al sadismo compensador y se encuentran relativamente libres de represión sexual, la autorrepresión que a futuro incita a la violencia resentida y vengativa. No así con quien desea a otro hombre, quienes incluso violan mujeres deseando violar a un hombre o más, deseando ser violados, “te enseño lo que deseo sentir y como quiero ser tratado.” Seil Malamuth, de la Universidad de Manitoba encontró un alto índice de hombres potencialmente propensos a convertirse en posibles violadores: 35 %. Las características de este tipo de individuos son dos: 1) Están del todo convencidos y comparten la creencia que las víctimas disfrutan la violación y 2) disponen de una alta facilidad para excitarse ante escenas de violación presentadas en filmes o hasta en libros.
La gran influencia de la pornografía violenta en este tipo de delito demuestra la mayor relación existente de la violación sexual con el sadismo derivado de una intensa represión, que con el pleno erotismo o el deseo sexual. Donnerstein de la Universidad de Wisconsin, comprobó que ciertos jóvenes normales se notan peligrosamente “excitados y enfadados” al contemplar la representación de una violación, particularmente si es por más de una persona. Según Donnerstein la exposición a agresiones sexuales a través de los medios de comunicación “crea un clima cultural que incita a la agresión sexual.”
Podemos hacer una división de tipos en el amplísimo grupo de violadores: 1. Individuos que no consideran la violencia como un fin en sí mismo, sino un medio para dañar, humillar y vengarse de parejas, parientes, compañeros o de la misma víctima. 2. Aquellos que en todo tipo de conflicto armado, se dedican a la violación sistemática de mujeres y hombres del bando enemigo.En los enfrentamientos bélicos se concede invariablemente la libertad de matar y la de violar, en cualquier caso un gran número de estos violadores son hombres normales, comunes y corrientes que en tiempo de paz ni siquiera imaginarían estas agresiones. 3. Psicópatas o sujetos con trastorno antisocial de la personalidad. Son aquellos que se excitan ante el dolor, el pánico, el sometimiento de la víctima a riesgos mortales y sin resentir la menor culpa por sus delitos. 4. Los explotadores sexuales, que abusan y abandonan irresponsablemente a hombres y mujeres sin una conducta violenta manifiesta. 5. Los sádicos encubiertos tras la máscara de “violadores sexuales”, cuando en verdad la sexualidad es secundaria con relación a la de dominar, denigrar, aterrar, invadir, lesionar y aún destruir a la víctima.
Del quinto tipo de violadores se encuentra la doble represión de la sexualidad y la violencia, pero incluso así se desencadena de modo episódico e impulsivo una agresión violadora que supera el control del superyo. Profundizando, se trata de seres a su vez víctimas de una gran inseguridad la cual podemos clasificar en dos grupos. a) Hombres que no desarrollan una conducta compensadora. Tienden en cambio a buscar compulsivamente hombres muy sumisos, aniñados o afeminados. Pero desean que en el desempeño sexual se transforme en dominante. Este tipo de hombres no tiene mayor trabajo para aparentar esta actitud. b) Hombres que son auténticos violadores sádicos, cuya inseguridad incita a compensarse y vengarse agrediendo a seres vivos y particularmente vulnerables como homosexuales, mujeres, niños o animales. Como en todo ser inseguro, hay una profunda duda o carencia de identidad sexual.
“Una confiada creencia en la propia masculinidad o feminidad de uno es parte fundamental de la identidad humana.”
Quien no confía en su propia identidad y falla periódicamente en afirmarla, puede sufrir o desatar una intensa ira. La inseguridad y la fracasada personalidad generan el pulsante sentimiento de inferioridad, así como una inhibidora torpeza social y una ambivalencia negativa hacia el homosexual. Esto provoca comportamientos tímidos, ridículamente incapaces de abordar al individuo que corresponde al prototipo deseado. Por tanto desarrollan un peligroso ánimo vengativo que no tendrá muchos vínculos sexuales y estará influido y orientado por el odio, el sadismo y el rencor.
Un hombre erotizado perderá la erección si su compañero sexual experimenta dolor o miedo en el comienzo o en algún momento de la relación sexual. No así en el violador, en el cual la erección perdura por el sadismo, por el odio insensible al dolor, y es aún más excitada por el terror y la desesperación de la víctima. El odio cultivado por mucho tiempo contra el hombre inalcanzable, y el sadismo vengativo que compensa la propia inhibición social y sexual y la incapacidad de relacionarse con él, provoca la pérdida de su miedo y lo vuelven insensible, indiferente, despectivo o capaz de gozar con el sufrimiento del violado.
Su impulsividad rencorosa mantiene la erección a expensas de convertir el pene en un arma, -el falo negativo que no crea ni da, sino el que destruye y arrebata- y como tal perderá sensibilidad, es un órgano muerto, tanático. La eyaculación del violador no suele ser placentera; su principal satisfacción se deriva del deseo, deseo al fin incumplido e incompleto -aún que sea inconsciente- de invadir, someter, aterrorizar y humillar, vulnerar y lastimar y aún en ocasiones de someter a la víctima a una terrible agonía.
Generalmente se pasa por alto el terror, la devastación psíquica y moral del hombre violado. Y damos por hecho que consintió la penetración a causa de su cobardía o de una secreta e involuntaria complicidad. Este prejuicio es aun vigente y es compartido no solo por sacerdotes sino por muchos hombres –sino en su mayoría- como jueces, policías y hasta médicos.
El violado descubre la “disparidad asombrosa” entre su experiencia real y como se interpreta por los seres circundantes a él, como los representantes principales de la sociedad, y esta interpretación es: que la violación es una culpa que lo hace igual o más culpable que el agresor y lo marca por la “suciedad moral” y el desprestigio perpetuo. Esto produce que el individuo se sienta confuso, aturdido dispuesto a humillarse, una vez más, con el fin de convencer a los demás y en la mayoría de las ocasiones no alcanza más recurso que sustraerse de la vida social.
En algunos casos la violencia la violencia acaba con un “tiro de gracia”, la introducción de un objeto –en ocasiones punzo cortante- por el ano o la boca o con la despiadada agresión tumultuaria después de la violación. La violación es sí una manifestación vengativa hacia sí mismo, hacia el otro o hacia la vida misma. |
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Editorial
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Una asociación civil constituída para promover el fútbol entre la diversidad sexual, ha recibido apoyos tanto del gobierno federal como local. Ha visibilizado el deporte pero al mismo tiempo ha acumulado acusaciones sobre presuntos malos manejos. [Sigue] |
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