29 DE JUNIO DE 2008 Jóvenes LGBT a 30 años ya no marchan con orgullo, sólo ven Esta edición estuvo más politizada que otros años sin embargo también fue en la que fueron más amplias las filas de mirones, que prefirieron observar como desfilaban por sus derechos, que las de quienes formaron parte de la lucha que hace 30 años comenzó.
Redacción Anodis
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México, DF.- La avenida principal de esta ciudad, Reforma, fue de nuevo un arcoiris el sábado pasado. Por tercera década consecutiva lesbianas, homosexuales, bisexuales y personas trans tomaron las calles, unos como protesta y demanda de sus exigencias, otros como fiesta y festejo y unos cuantos en recuerdo de lo que originó el movimiento LGBT.
Este año la vanguardia fue de los primeros que se atrevieron a marchar en el DF, en 1978, quizá no por las mismas calles ni con las mismas demandas, pero sí con los mismos propósitos. Caras desconocidas para muchos que los siguieron, pero que sus acciones por los derechos LGBT los han beneficiado. Hombres y mujeres que no obstante los avances obtenidos continúan en la lucha.
Luego los activistas, los contingentes, los jóvenes interesados en el desarrollo y la integración de la diversidad sexual así como en la prevención del VIH Sida, epidemia que afecta principalmente a hombres que tienen sexo con otros hombres.
Son las generaciones preocupadas con la visibilidad de su sector, con sus derechos sexuales, con la elaboración de un discurso político incluyente que reclame la falta de espacios, la inequidad con los heterosexuales y que a su vez hacen la crítica de lo que ahora se busca.
Ellos a su paso no sólo hablan del movimiento gay sino del de “izquierda” y por eso algunos hasta los machetes sacaron para exhibirse como algo más allá de la orientación sexual.
Hasta ahí la primera cara de la marcha, la que se esforzó por recordar los primeros 30 años de lucha y que se emocionó cuando el presidente de la CDHDF, Emilio Álvarez Icaza, al darles la salida, comentó que “el colectivo LGBT está en la vanguardia de los derechos humanos”.
Atrás y conforme pasaba el tiempo, cerca de la una de la tarde, una hora después de comenzada la marcha, el otro extremo del arcoiris se hizo presente. Aquellos que se quedaron sólo con la necesidad de ser visibles aunque ni eso reconozcan.
El desfile de decoraciones, trajes, disfraces, cuerpos, música y fiesta. Sí, son los festejos del orgullo gay, los que para los de la vanguardia no deberían de existir pero ante la imposibilidad de negarlos, mejor los aceptan.
Participaron miles. De acuerdo a los organizadores quienes desde antes de marchar ya garantizaban la cifra, fueron más de 200 mil personas. Según las autoridades, bajo sus arbitrarios conteos fueron 20 mil.
El número es incierto, la realidad es que por al menos cinco horas y media Reforma, Juárez, Madero y el Zócalo, fueron la ruta de la diversidad sexual, una marcha de un colectivo tan amplio en estilos que hasta entre ellos mismos la extrañeza se presentaba: “Ve como viene”, “Se ve ridículo”, “Ahora así nos vamos a vestir”.
Bromas, risas, gritos y aplausos, esa fue la fiesta del orgullo. Sin embargo, ahora ya no estaba en los carriles centrales. Ahora los jóvenes no van a marchar, van a ver el desfile. “Estoy esperando a que pase todo, para verlo, y luego ya vamos”, dijo Jorge de 27 años. Janet, de 29, reforzó lo dicho: “Es más chido ver el desfile que estar marchando”.
La tradición de llegar al Zócalo sigue vigente, muchos lo hacen, sin embargo en esta marcha se incrementó el número de mirones, como si el tradicional grito que no faltó ayer, “¡banquetera, únete!”, ya no surtiera efecto.
De los que llegaron al Zócalo, muchos fue gracias a los animadores de los antros o a los modelos. Llegaron a la plancha del Centro Histórico por no dejar de ver el show, por seguir la fiesta, pero no por marchar.
Los demás prefirieron omitir la caminata. “No mames qué hueva”, expresó Diego de 21 años que junto con sus seis amigos prefirieron no caminar. La frase se repitió constantemente:
-¿Por qué no marchas? - No me gusta, yo nada más vine a ver.
Y es que el ver es la nueva costumbre de los asistentes a la marcha, no solamente de los integrantes de la diversidad sexual, sino de la gente en general. Vecinos como Rafael, de 39 años, anualmente salen a ver la marcha junto “con mi esposa y mis hijas, de 18 la más grande y 11 la más chica.
O como Anayeli, de 31, que junto a su esposo y su sobrina de cinco años asisten intencionalmente a la manifestación de la diversidad sexual. “Me gusta ver a todos. Es gente muy bonita”, comentó.
Esta edición de la marcha del orgullo gay estuvo más politizada que otros años sin embargo también fue una marcha en donde fueron más amplias las filas de mirones, que prefirieron observar como desfilaban por los derechos sexuales, que las de quienes formaron parte de la lucha que hace 30 años comenzó.
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