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5 DE JUNIO DE 2008
Rutka Laskier: la Ana Frank polaca
Ella no sobrevivió, al igual que la alemana, pero su diario sí lo hizo, escondido durante sesenta años en la escalera de su casa y descubierto por su amiga quien recientemente lo entregó al Centro para la Memoria Yad Vashem de Jerusalén

David Rafael Estrada Correa

Con letra muy pulcra y una madurez sorprendente, Rutka Laskier (1929-1946), una niña judía polaca de 14 años, escribió en 60 cuartillas un diario que describe los días que pasó en el barrio de Bedzin, una ciudad minera donde vivía con 25 mil judíos antes de ser deportada a Auschwitz, el campo de concentración donde murió gaseada en 1943.

La comparación es inevitable: le dicen ‘la Ana Frank polaca’. Ella no sobrevivió, al igual que la alemana, pero su diario sí lo hizo, escondido durante sesenta años en la escalera de su casa y descubierto por su entonces amiga, Stanislawa Sapinska, quien lo guardó durante todo este tiempo y recientemente lo entregó al Centro para la Memoria Yad Vashem de Jerusalén, que decidió hacerlo público en Polonia en el 2007 y editarlo este mes de abril en España, en su versión en castellano, con el nombre “El cuaderno de Rutka” (Suma de letras, 2008).

Con una crudeza terrible y una indiferencia que deja sin palabras, la niña describe pasajes con una lucidez que sólo puede tener un ser humano que ha vivido demasiado: “(…) Ah, olvidaba lo más importante. Vi con mis propios ojos cómo un soldado arrancaba a un bebé de las manos de la madre y le abría la cabeza a golpes contra un poste de electricidad. Los sesos de la criatura salpicaron la madera. La madre enloqueció. Ahora lo escribo como si no hubiera pasado nada (…) tengo catorce años, todavía he visto poco en la vida; sin embargo, ya me he vuelto tan indiferente”.

Rutka nació en el año de 1929 en Danzing (hoy Gdańsk), una ciudad ubicada al norte de Polonia y en la que su padre, Yaacov, el único sobreviviente de su familia tras la Segunda Guerra Mundial, trabajaba en el sector bancario. Contrariamente a lo que se creía, parece que Rutka no murió gaseada inmediatamente cuando llegó a Auschwitz, el mismo agosto de 1943, como les ocurrió a su hermano pequeño Henius y a su madre Dorka, sino que falleció unos meses después, posiblemente en diciembre, según el testimonio de Zofía Minc, una niña superviviente que la transportó en una carretilla hasta el horno crematorio, y que hoy asegura que Rutka, aterrada con la idea de morir abrazada por las llamas, le rogó que la dejara junto a una alambrada para electrocutarse, lo cual fue imposible pues un agente del SS iba detrás con su fusil.

En “El cuaderno de Rutka”, que comprende el periodo enero-abril de 1943, se puede encontrar anotaciones sobre el temprano despertar sexual de la niña: “Creo que me estoy haciendo mujer. Ayer, cuando me daba un baño y el agua acariciaba mi cuerpo, anhelé las caricias de otras manos… No sé lo que esto significa, ya que jamás había experimentado nada similar hasta ahora (…)”. También hay dudas y reproches ante la injusticia que le tocó vivir: “Dios mío, ¡ay, Dios mío!, ¿qué será de nosotros? Bueno, Rutka, has debido de volverte completamente loca: ¡clamas a Dios, como si existiera! (…). Si Dios existiera, no permitiría que los seres humanos fueran arrojados vivos a los hornos y que las cabezas de pequeñas criaturas fueran aplastadas con las culatas de armas o que asesinaran gente con gas (…)”.

Pero, sin duda, uno de los momentos más conmovedores lo comprende las últimas anotaciones, en las que la niña narra sus sentimientos horas antes de ser capturada por el ejército alemán y enviada a Auschwitz: “La soga alrededor nuestro se está volviendo cada vez más apretada. Me estoy convirtiendo en un animal que aguarda su muerte (...). Tengo la impresión de que ésta es la última vez que escribo. ¡Ojalá todo esto terminara ya de una vez! Esto es un tormento. Es el infierno. Intento escapar de estos pensamientos pero continúan asustándome, persiguiéndome como moscas”.

El cuaderno de Rutka, un fenómeno que ha llegado a 11 países europeos con tiradas significativas, ha tenido una discreta recepción en Polonia, donde no ha pasado de los seis mil ejemplares, en una edición financiada por un diario local y el Ayuntamiento de Bedzin. En España salió a la circulación la semana pasada.

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