11 DE MAYO DE 2008
A veces la solución de una relación no es la terapia
Los tres errores más frecuentes de una relación: La invasión a la intimidad, la inseguridad y la falta de franqueza en la pareja, hacer más por el otro que pensar en nuestro crecimiento individual. ¿Sabes como resolverlos?

Redacción Anodis



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ntes de ser fiel a tu pareja, debes mantenerte fiel a ti

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Frecuentemente, cuando pensamos que ya agotamos toda nuestra creatividad en tratar de resolver los errores que una y otra vez y de manera sistemática hemos repetido dentro de nuestra dinámica de pareja, lo primero que se nos ocurre es acudir al psicoterapeuta.

La idea, bastante acertada por cierto, es que la opinión de alguien que tiene una visión externa de nuestros problemas y que además cuenta con el soporte profesional de una carrera ad hoc, puede sernos útil para esclarecer en qué estamos equivocándonos y qué podemos hacer diferente para corregir nuestra situación, dándole a nuestra historia el tan anhelado final feliz.

Sin embargo en ocasiones el mensaje que da respuesta a las preguntas que nos agobiaban está por ahí afuera, no necesariamente en el consultorio de algún psicólogo, esperando a que le prestemos atención.

Así me sucedió la noche del jueves pasado, cuando caminaba yo, no sin cierta parcimonia, por la explanada del Monumento a la Madre, y vi que en el viejo teatro del Arlequín estaba por iniciar alguna función.

Me dirigí a la taquilla, pague mi boleto y me dispuse a ver Hasta que la otra nos separe. Desde el inicio hasta el final del montaje fui testigo de la representación de los errores más frecuentes que cometemos en una relación de pareja.

A mi alrededor el público reía frente a las escenas de humor que parodiaban las situaciones más cotidianas, circunstancias que eran obvias, pero planteadas de esa manera confrontaban de un modo tajante.

De ahí, fusilándome parte de los mensajes que emite esta obra teatral, puedo mencionar los tres errores más frecuentes que le dan fin a una relación:

Error uno: En la obra es divertido ver cómo uno busca en las ropas del otro algún indicio de que efectivamente le es infiel, alguna prueba que justifique cualquier insana suspicacia de su parte. Deja de ser divertido cuando en la noche anterior éramos nosotros quienes hurgábamos entre los mensajitos del celular de nuestra pareja viendo quién le ha escrito, qué le ha dicho y lo que le ha contestado.

La invasión a su intimidad no es solamente una omisión al respeto del otro, sino es además un declarado autogol para nosotros mismos: cuando nos dejamos llevar por los pensamientos obsesivos hasta buscar y buscar lo que en realidad no quisiéramos encontrar, terminamos creyendo que nos hemos topado con la innegable evidencia de su engaño, pero suele ser que nos hemos convencido tanto que debe haber algo por ahí que le inculpe, que acabamos creyéndonos que cualquier cosa es el fatal objeto que estábamos buscando.

La mayor parte de parejas en proceso de truene que asisten al consultorio de un psicoterapeuta, vieron sus conflictos iniciar y consolidarse a través de sistemáticas invasiones a la intimidad del otro. Curiosamente, es éste un juego que termina jugándose entre dos: al descubrir el uno que el otro hurga entre sus cosas, aprovechará algún descuido para hurgar a su vez en las de su compañero, y así, en cada ocasión la confianza que les une se fragmentará todavía más.

¿Qué hacer? Bueno, la cosa es la más lógica del mundo: si tienes alguna duda del lugar en el que tu pareja estuvo, pregúntale y confía en su respuesta. En el escenario de una relación de pareja es mil veces mejor pecar de confiado que dejar que la suspicacia destruya tu relación.

Error dos: En algún momento de la obra ves como espectador llover reclamos a diestra y siniestra, y cuando las cosas parecen empezar a calmarse, sale otro reproche de cuando en cuando por aquí o por allá. Es muy interesante cómo él, siendo confrontado con tanta recriminación por ser infiel, sin serlo en realidad, sale de casa a ponerle finalmente el cuerno a su pareja, ya sin nada que perder.

En la vida real la historia es muy parecida: guiados por nuestras inseguridades le lanzamos al otro nuestras conjeturas como si fueran realidades, afirmamos lo que solamente es una sospecha y le dejamos tristemente en claro que no importa lo que haga, sea malo o bueno, siempre esperaremos lo peor de él.

A veces sucede con ésta violencia clara, pero en otras la cosa es como un juego, un comentario sonriente de cuando en cuando: “¡Ah!, ya te vas a ponerme el cuerno, ¿verdad?” o “¿Y él quien era, uno de tus ligues?”, y sentimos que al decirlo de manera desenfadada y con el tono de una inocente broma encubrimos el miedo de que eso que decimos sea verdad, pero para nada disfrazamos la agresión, o cuán escasa es la confianza que sentimos hacia nuestro compañero.

¿Qué hacer? Si tienes algo que decirle a tu pareja, díselo sin rodeos ni indirectas. Si le has perdido la confianza, has que lo sepa, finalmente es un problema que deben resolver entre los dos, pero con franqueza (de tu parte y la suya); ¿que otra cosa puede curar la desconfianza que la honestidad mutua?

Error tres: Muchas veces asumimos que debemos poner nuestro crecimiento individual en segundo término, para ponderar por encima de todas las cosas el crecimiento de la relación; luchar a capa y espada para que la pareja se mantenga unida, aun sacrificando de nosotros lo que nos es importante, como la relación con nuestros amigos, los momentos que pasamos con nosotros mismos, nuestros proyectos personales y etcétera.

Y es verdad que vivir en pareja implica un compromiso y que habremos de echarle todas las ganas para que funcione, pero debemos de cuidar que jamás el compromiso que tenemos con nuestra relación de pareja sea mas grande que el que tenemos con nosotros mismos, que el que tu tienes contigo mismo.

Si para tener la relación que siempre soñaste debes no sólo sacrificar algo de ti, sino a ti por completo, y renunciar a lo que te llena, eres y te satisface por mantener la armonía en tu pareja, entonces debes guardar mayor fidelidad a ti y poner nuevas reglas sobre la mesa o, de plano, retirar de ella tu apuesta.

¿Cómo hacerlo? Obsérvate, siéntete y pregúntate continuamente cómo estas. Si te sientes inseguro en tu relación, habla con tu compañero para que pongan en claro hacia dónde marcha la pareja; si te sientes atrapado, háblalo también para establecer nuevas pautas de interacción entre los dos; si te sientes poco valorado tampoco te lo guardes, se franco con tus necesidades para que entre ambos puedan satisfacerlas: tus necesidades y de igual modo las de tu compañero.

Y si ya lo hablaste y trataste de ser claro en cómo vives tu relación, pero ésta no mejora y te sigues sintiendo formando parte de ella, es entonces cuando deberás evaluar si es que, acaso, no estarías mejor solo. Antes de ser fiel a tu pareja, debes mantenerte fiel a ti mismo.

Todo esto en una sola obra de teatro. Frecuentemente el teatro retrata las situaciones más comunes con recursos como la parodia o el drama, que vuelven lo cotidiano un poquito más evidente a nuestros ojos.

Vale la pena prestar atención a sus mensajes, particularmente cuando se trata de una buena obra como Hasta que la otra nos separe; y puede que, si sabemos escuchar, aprendamos lo suficiente para evitarnos por esta vez la ida al psicoterapeuta.

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