A veces somos tan incrédulos que nada nos sorprende en la vida. No obstante, el razonamiento suena un tanto lógico, pues tantos perversos defraudadores de la verdad están hasta en el aire.
Muchos hablan del amor consumado tras la bendición del sacerdote o del nacimiento de los hijos. Sin embargo, son sólo creencias ancestrales y efectos de la fe, propio de quienes creen en alún culto.
El amor no se sabe si muere también cuando nosotros dejamos de existir. Pero cada uno puede creer libremente sobre el destino de ese sentimiento cuando morimos.
En tanto, la historia siguiente habla de eso mágico que muchas de las veces nos cuesta creer. Un día en que me senté frente a mi computadora, tomé un respiro, y el resultado fue este, la historia de Antonio, aunque él nunca dice una sola palabra en el cuento.
La más grande prueba de amor
Título original: Tesoro producido en el corazón
Autor: Israel Mendoza Torres
Permisos: Denegados. Prohibida su reproducción (©).
Año: 2008
—Hola. No sabía en qué momento podría sentarme. Parece que la primavera espera ansiosa—
—Ah, lo siento. Ni siquiera te he dicho mi nombre, soy Felipe. No entiendo mi descortesía para contigo—
—Sinceramente… no, olvídalo. Se debe a la prosperidad del sol, eso creo—
—Entonces, ¿tu nombre es Antonio?—
—Ah, muy bien—
—Llevó esperando mucho tiempo sobre esa enorme fila. Te ves cansado… es simple y mera suposición, eso es lo que mi intuición me avisó—
—Ah… no sé… de verdad… lo siento mucho. No sé ni cómo emplear las palabras. No debí… Y ¿cuándo fue eso?—
—Lo lamento, en serio—
—Nos han educado para que “seamos alguien en la vida”; pero jamás no dicen, siquiera, en qué nos vamos a ocupar después de la muerte. A veces pienso… aquí sólo es la sala de espera. Lees una revista, luego otra, mientras aguardas tu turno con el médico…—
—Si bien, para serte sincero, cuando aguardaba a ser atendido, observaba a todos aquellos que esperan también. Unos se ven realmente mal; otros no tanto… pero… pero cuando veo una camilla venir a lo lejos, mientas todos los demás se preguntan “¿qué le pasó?”; el tiempo se detiene y me pregunto “¿cómo habrá vivido antes de estar postrado su cuerpo en esa camilla?—
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