17 DE MARZO DE 2008 A un año de la primera boda gay “No vamos a descansar hasta que se nos den los mismos derechos que a los heterosexuales. Ni uno más ni uno menos porque para las obligaciones sí lo somos: pagamos impuestos igual que todo el mundo”.
Redacción Anodis
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(Gardenia Mendoza Aguilar/El Diario La Prensa On Line).- Un perro, un patio donde guardan el coche y una casita de 70 metros cuadros decorada con cuadros de Diego Velázquez y la virgen de Guadalupe conforman el proyecto de vida material de la primera pareja de homosexuales que fue reconocida legalmente en el Distrito Federal, hoy hace un año.
Van por buen camino. Aunque de formación profesional opuesta, Antonio Medina (periodista) y Jorge Cerpa (economista), han logrado hacer de su relación una unidad: están enamorados, “consolidados” y aún hay más. “No descartamos poder criar a un hijo en un futuro aunque por ahora estamos tranquilos”, revelan.
Este siguiente paso va mucho más allá de ser un proyecto personal sino una lucha incesante por la igualdad y los derechos del movimiento gay.
Por ahora no se les permite adoptar niños, ni compartir derechos de seguridad social porque a nivel federal no se admiten los matrimonios homosexuales. De hecho, sólo la Ciudad de México y Coahuila han dado el paso. Siete estados más tienen proyectos de ley, pero no se les ha dado luz verde.
“No vamos a descansar hasta que se nos den los mismos derechos que a los heterosexuales. Ni uno más ni uno menos porque para las obligaciones sí lo somos: pagamos impuestos igual que todo el mundo”, apunta Antonio.
“No estamos desesperados, lo tomamos con calma porque sabemos que es poco a poco el cambio cultural, por ejemplo, ya hay un par de bancos que permi- ten a las parejas gay abrir una cuenta en común y en las tiendas Sears tienen como política tener mesas de regalos para las bodas de sociedades de convivencia”. Mientras la apertura a este tipo de uniones se consolida, Antonio y Jorge están tranquilos, disfrutando de su hogar.
“Esto que ves aquí”, dice Antonio al abrir las puertas de su casa a La Opinión“es casi todo lo que necesitamos, el resto llegará de forma natural, ¿eh, papi? Jorge sonríe y asiente con la cabeza antes de volver a su quehacer de envolver con papel celofán los regalos que él y Antonio llevarán a la boda de unos amigos.
Están frente a una típica escena de sábado por la noche: buscando diversión en pareja.
Por la mañana Jorge trabajó, como siempre, en el banco y Antonio estuvo redactando en el estudio de casa uno de sus artículos para el suplemento Letras, del diario La Jornada, donde trata temas del movimiento lésbico y gay.
Comieron juntos tamales y refrescos que compraron en la calle puesto que Jorge, el único que se entiende con la cocina, no le apetecía guisar; de lo contrario, habrían disfrutado de unos deliciosos espaguetis o “ropa vieja”- un plato cubano que se prepara con carne de res deshebrada, tomate y pimiento- o pollo con papas o chorizo en salsa verde.
Como sea, disfrutaron el espacio compuesto por tres cuartos divididos en cocina, recámara y sala-oficina, rescatados de las ruinas en que lo había dejado la mamá de Jorge en herencia a su hijo. Sin embargo, se ha transformado en un sitio primorosamente cuidado y decorado al gusto ecléctico de dos personajes antagónicos: colores pastel por un lado, tonos malva por otro; jarrones de colores aquí, macetas de hierro forjado allá…
Figurines plásticos, libros de Óscar Wilde, colecciones de revistas culturales, un Niño Dios de cerámica, relojes antiguos, cuadros de la Santísima Trinidad y “Las Meninas” de Velásquez se han fusionado a base lucha de sus respectivos dueños.
“Yo soy católico practicante y él ateo”, dice Jorge para explicar el mestizaje familiar. “A mí me encantan las fiestas y Antonio es más bien solitario; a mí me encanta bailar y él es un tronco que no se mueve…” Las diferencias traen, lógicamente, peleas intensas que han aprendido a controlar con tolerancia.
“La otra noche, Antonio me marcó a las 11:00 con el único propósito de que le abriera el portón para meter el coche, sabiendo que entro a trabajar a las cinco de la mañana… le dije que estaba loco, que si sabía qué hora era y le colgué el teléfono”, recuerda Jorge.
Antonio se ríe divertido y se exculpa: “me parecía un bonito detalle que lo hiciera”. Pero el otro sigue molesto: “¿divertido?... por qué no te levantas temprano, tu jornada empieza al medio día”. Así cumplieron un año casados y cinco de vivir juntos. |
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 Antonio Medina y Jorge Cerpa, primeros en convivenciarse
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