4 DE MARZO DE 2008
Cines porno en Chile
Un itinerario de los cines para adultos de la capital de Chile. No está de sobra en estos días de descanso, pero es aconsejable seguir recomendaciones precisas antes de iniciar un sórdido descenso al submundo de las galerías del centro de Santiago.

Redacción Anodis

Ragap



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(Mauricio Valenzuela/La Nacional Domingo)

Cine Capri: Penetraciones en vivo

En una de las filas dos tipos se bajan los pantalones sin pudor y, ayudados por saliva, el más alto penetra al otro, mientras, y a vista de todos, gimen asistidos en caricias por un tercero. Este último es un vejete canoso que respira fuerte junto a la pareja y que, al cabo de un minuto, después de lograr un orgasmo masturbándose, se va literalmente del lugar hacia los baños. Ahí, un hombre moreno le enseña el pene a un tipo gordo, mientras otros se masturban a un costado de la puerta de ingreso.

Fiel representante de una añoranza corrompida por la oleada de cadenas comerciales, el Capri es otra víctima de lo peor que le puede ocurrir a lo que antaño fue una buena sala familiar, en que incluso hasta hace poco podían leerse en cartelera producciones de Bigas Luna o algún añejo estreno hollywoodense.

Hoy sólo destacan los títulos como "Garganta profunda" o algún otro nombre que naufraga en importancia junto a la foto de una Tania Russof, penetrada por una musculosa y anónima verga bronceada que la coge desde la parte de abajo del afiche.

La sala cumple todas las exigencias de un cine Hoyts, e incluso es mejor debido a su gran tamaño y comodidad. El estreno de estos días trata sobre una extraña cofradía demoníaca "Fausto y el poder del sexo" en que todos tiran y poncean como animales, mezclándose ángeles y demonios en una interminable orgía de cuerpos pintados que desemboca en que Lucifer un musculoso latino muy bien dotado se obsesiona por capturar a una bella chica que finalmente es penetrada analmente en extraños aposentos infernales.

Abunda la silicona y Tania Russof hace de las suyas con su acostumbrado profesionalismo, aunque al parecer esto no importa, ya que esta otrora sala de lujo también es orilla para el naufragio de los trashumantes de la ciudad, entre los que no hay mujeres, ni siquiera una casquivana en busca de clientes.

Las butacas aún resisten aunque, además de ser escenario para las conquistas homosexuales de los encorbatados oficinistas a la hora de colación, son la suite del gustoso sexo oral entre gigolós casuales y amantes furtivos, que en medio del gemido de la película deciden hacer un homenaje al placer porno. A su alrededor varios los observan excitarse, recortados contra las un poco borrosas siluetas del latino Satanás, eyaculando en la boca de la extasiada y hermosa modelo, que desfallece enseñando su lengua repleta de semen a la cámara. Todos "acaban".

Infraestructura: Regular para un cine tercermundista.

Baños: Saturados por clientes gay que practican el onanismo colectivo.

Privacidad: Buena, el acoso no interrumpe la trama de la película.

Filmes: Buena calidad de imagen, pantalla grande y guiones poco más elaborados que los de la competencia.

Cine Apolo: Sólo para valientes

Mientras una veinteañera atractiva de senos mórbidos se orina sobre las engrasadas piernas de un musculoso actor, da sobreactuados estertores de placer que no dejan fuera el sobajeo vaginal que desagua finalmente en líquido viscoso sobre la puntiaguda verga del machote que la toma en brazos. Ese es el mundo de porn fantasía, pero en el the real word, flácidos galanes oficinistas, algo seniles, caminan a paso lento por la penumbra, buscando chicos de camiseta apretada entre las butacas sucias del cine Apolo.

Es que aquí hay de todo para el mercado del placer. Y si bien los dueños de este cine no emplean recursos para reparaciones internas de butacas o alfombrado, contrariamente no escatiman en la implementación de pequeños cuartos anexos al salón principal, que por cierto es sólo el vestigio de un otrora "todo espectador". Hoy sólo un espacioso agujero negro, donde el porno ocurre a un lado y al otro de la pantalla.

Los contrastes no están fuera; mientras las películas son netamente heterosexuales, el público es casi ciento por ciento gay. Una variada cantidad de jugueteos en el hervidero oscuro de los bordes del lugar desemboca finalmente en la "salita privada" junto al baño, en que movidos por la calentura del "anonimato" entran cincuentones junto a otros decrépitos encorbatados para la práctica de sexo oral.

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JOAQUIN
29 de noviembre de 2011


ERES ENTERA SAPA, PERO MAS DE ALGO ISISTE. COCHINA, MUERETE DE VIEJA

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