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“Las leyes mantienen su crédito no porque sean justas,
sino porque son leyes.”
Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592). Escritor y filósofo francés
Por Abraham Landeta*.- Entre la comunidad LGBT de la Ciudad de México el aire de la homofobia resurge. Hay quienes dicen que se trata de acabar por completo con los establecimientos mercantiles para la Diversidad Sexual, una embestida del brazo derecho de la izquierda mexicana, políticamente hablando. Pero a las clausuras actuales no podrían vérseles de forma aislada, pues son fruto de un proceso que se inició desde el 2000 y en el marco de una ley que rige a todos los establecimientos del Distrito Federal. Emprendamos un viaje por esta historia y que cada quien saque su conclusión al respecto.
El inicio de las clausuras en el nuevo milenio
Remontémonos al 20 de octubre de 2000. Un incendio en la discoteca Lobohombo, ubicada en la Delegación Cuauhtémoc deja 40 heridos y 21 personas muertas, la mayoría de ellos atrapadas en el interior del establecimiento por el fuego debido a la falta de salidas de emergencia; como los cadáveres quedaron totalmente quemados, se necesitaron pruebas de ADN para identificarlos.
El desastre hizo que la aún jefa de Gobierno del Distrito Federal, Rosario Robles Berlanga, ordenara la detención del propietario de la discoteca para procesarlo por “homicidio imprudencial”. Acto seguido la jefa delegacional, Dolores Padierna Luna, quien apenas llevaba 20 días en el puesto, inicia una serie de operativos en los antros, bares, discotecas, cantinas y similares a lo largo y ancho de la demarcación a su cargo, donde la Zona Rosa y los lugares de reunión LGBT no estuvieron exentos.
Para Mayo de 2001 sitios como Anyway, Blush, La Estación y Bar Zoo se encontraban clausurados, pero fue el cierre de El Taller, lugar casi legendario de la vida nocturna gay, lo que para muchos fue la gota que derramó el vaso de agua. Mientras se realizaba el acto de clausura de este sito, integrantes del colectivo cerraron el Eje 2 Poniente Florencia en protesta por lo que consideraban el colmo de la homofobia.
La directora general Jurídica y de Gobierno de la Delegación, Lenia Batres, argumentó que la suspensión de actividades del lugar se debía a una falta a la normatividad, toda vez que en dicho espacio operaban dos sitios con una sola licencia de funcionamiento: El Taller y El Almacén, uno en el sótano y otro en la planta baja.
Aunado a lo anterior existía confusión con relación a quien era el verdadero dueño del establecimiento, pues mientras la licencia de funcionamiento emitida en 1987 estaba a nombre de Luís González de Alba, éste no reconocía ser el propietario, desligándose de su responsabilidad de pagar la multa de 22, 273 pesos con 20 centavos.
Por su parte, Alfredo Martínez Jiménez, quien en ese entonces era reconocido por amplios sectores del colectivo LGBT como el verdadero dueño, legalmente fungía como apoderado legal. Esta situación hizo que la multa no pudiera ser pagada rápidamente, razón por la cual el Taller y El Almacén permanecieron varios meses cerrados.
La comunidad LGBT en general se sintió traicionada, pues no se concebía cómo el gobierno del PRD, partido político de izquierda, podía ser homofóbico. En general el llamado “voto rosa” de las últimas elecciones había sido en contra del PAN, partido de derecha que abiertamente mostraba su rechazo a la diversidad, razón por la cual se había votado en julio de 2000 por los candidatos del PRD a diputados, jefes delegacionales y jefe de gobierno del Distrito Federal, resultando ganador Andrés Manuel López Obrador para el periodo diciembre 2000 a diciembre 2006.
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