6 DE DICIEMBRE DE 2007
Los Kennedy en México y la euforia popular
John F. Kennedy y su esposa Jacqueline fueron huéspedes de honor del ex presidente Adolfo López Mateos. Su visita está considerada como una de las más entusiastas, emotivas y espontáneas de que se tenga memoria en México.

Redacción Anodis

Ragap



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El matrimonio Kennedy, uno de los más recordados

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Durante tres días, del viernes 29 de junio al domingo 1 de julio de 1962, el presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy (1917-1963), y su esposa Jacqueline Lee Bouvier (1929-1994), fueron huéspedes de honor del presidente mexicano, Adolfo López Mateos (1910-1969) y su esposa Eva Sámano Bishop (1911-1984), en una de las más entusiastas, emotivas y espontáneas manifestaciones populares de que se tenga memoria.

El 29 de junio, el diario capitalino Excélsior, describía: “En una jornada política que ha despertado viva expectación no sólo en nuestro país y en Estados Unidos, sino en todo el continente y aún más allá de su frontera geográfica, el pueblo mexicano, amante de su independencia y respetuoso del derecho de los demás, prodiga de esta manera un entusiasta recibimiento al presidente John F. Kennedy y a su distinguida esposa, que llegarán al Aeropuerto Central a las once de la mañana de este viernes”.

A lo largo de tres días que quedaron marcados en la conciencia colectiva de muchos capitalinos, el joven y carismático mandatario norteamericano -entonces de 45 años- se reunió en igual número de ocasiones con el presidente López Mateos en la residencia oficial de Los Pinos, “para tratar problemas comunes y cambiar impresiones sobre asuntos de carácter mundial”, según informó la Secretaría de Relaciones Exteriores.

En aquella emotiva estancia que fue ampliamente difundida por la prensa nacional y local, así como en los noticieros de radio, televisión y cine, la pareja presidencial norteamericana visitó el Museo de Antropología e Historia, comió en Palacio Nacional, acudió a depositar una ofrenda floral en los monumentos a la Independencia y de la Revolución, encabezó un festival artístico en la Unidad Independencia del IMSS, disfrutó del ballet folclórico de Amalia Hernández en el Palacio de Bellas Artes y el domingo 1 de julio, antes de emprender el regreso a los Estados Unidos, en un acto fuera de programa, asistió a misa a la Basílica de Guadalupe, siendo recibidos y atendidos por el arzobispo Miguel Darío Miranda y por el delegado apostólico Luigi Raimondi.

La poderosa y atrayente personalidad del político artífice de la Alianza para el Progreso (programa de ayuda económica y social de EU para América Latina) capturó a gran parte de los mexicanos, los cuales se volcaron a las calles capitalinas para conocerlo, aplaudirle y vitorearlo, mientras el vehículo Lincoln descubierto recorría lentamente las avenidas Paseo de la Reforma y Juárez, en medio de una lluvia de millones de papelillos multicolores que eran arrojados desde los balcones en señal de bienvenida.

En el banquete ofrecido por los visitantes en la embajada de los Estados Unidos, Jackie Kennedy pronunció un discurso en perfecto español, en el cual recordó a los presentes: “Este es mi tercer viaje a México. Mi segundo viaje, uno de los más memorables de mi vida, lo realicé en compañía de mi esposo al puerto de Acapulco, donde pasamos nuestra Luna de Miel. Entonces John y yo pensamos en todos los lugares que podíamos visitar para tan especial ocasión, y escogimos México”.

En el transcurso de la cena, también ocurrió esta curiosa anécdota: luego de que Kennedy elogiara el bello reloj que el presidente mexicano lucía en su muñeca, López Mateos se lo quitó y se lo obsequió en señal de camaradería. Minutos más tarde, mientras la Primera Dama norteamericana pronunciaba aquél famoso discurso en español, don Adolfo se acercó al oído para decirle a su homólogo cuán hermosa era su esposa. Aseguran varios testigos, entre ellos el diplomático Justo Sierra Casasús, que inmediatamente Kennedy le devolvió el reloj.

Querétaro, como el resto del país, se mantuvo al tanto de este importante acontecimiento, según el testimonio publicado por el semanario El Día, el jueves 5 de julio: “Todos los televisores y gran parte de los aparatos de radio, sintonizaron continuamente las diversas transmisiones hechas de la visita a México del presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, y su gentil esposa. Puede decirse que las pantallas estuvieron encendidas sin descanso como nunca. Hemos hablado con muchas personas acerca de su opinión sobre la magna recepción y en cualquier clase social la respuesta ha sido siempre de gran satisfacción. Una demostración de civismo sin precedente, una manifestación de unidad nacional, un borrón y cuenta nueva en las relaciones de México con el país del Norte. ‘Ahora sí me siento orgulloso de ser mexicano’, nos dijeron algunos”.

Fue así, a distancia, como Querétaro se sumó al apoteótico recibimiento que en la capital mexicana se dispensó a John y Jackie Kennedy en aquellos memorables días de 1962. Hace ya 45 años.

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