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29 DE OCTUBRE DE 2007 Jalones y desplumes de estolas en Cabaretito VIP El reciente operativo en las disco bar gay de Zona Rosa elevó el nivel de adrenalina en los asistentes. La lupa policiaca está y estará presente a lo largo de la vida productiva de Cabaretito, tal vez porque Vasconcelos tiene los “tacones” más altos.
Hace una semana sucedió algo “diferente” en Zona Rosa: el Cabaretito VIP fue motivo de un operativo policiaco aparatoso y excesivo. Como cualquiera de los bailarines que dentro de ese antro se divierten a diario en las tarimas, y lejos de pasiones encontradas entre derechos, discriminación, abuso y homosexuales alterados, quedaron sobre la mesa varios temas dignos de señalar.
Atrás quedaron los velorios de Francis, Gerardo Alfaro y Manuel Ávila Camacho López, integrantes de la Diversidad Sexual y por los cuales, hay tres tiaras vacías. También quedó en el olvido el hecho de ver a Robert De Niro interpretando excelentemente a un pirata homosexual, amante del can-can y las costumbres inglesas en la película Stardust (Polvo de estrella).
Atrás queda todo, pues medios rosas y afectados por un suceso están alterados y ofendidos por las formas en que un sábado cualquiera, la policía entró armada a un bar -no cualquiera- a realizar una revisión “sorpresa”.
Según cuentan quienes estuvieron ahí, la presencia de la autoridad mortificó a todos por su exceso de equipaje en armamento y sobre todo, por la actitud transgresora en un espacio que se considera propio y exclusivo homosexual.
Otra historia hubiera sido si esos uniformados bailaran y se quitaran la ropa al ritmo del “Go go go”, pero lejos de eso, interrumpieron la diversión de todos –y las ganancias del lugar- para hacer una revisión de las instalaciones y hostigar a todos con cámaras de video (que provocaban retoque de maquillaje o el ocultamiento del rostro por temor a que luego salga un video pirata de “Jotos en Zona Rosa”, como los de Hoteles de Tlalpan o de Indios Verdes).
Mencionan un caos, gritos, pérdidas de aretes, carreras en tacones e incertidumbre y a los menos afortunados, les tocó la revisión en el baño, separándolos de su pareja y no dejándolos reunir hasta que el operativo terminara.
Pero lejos de los jalones de estola y pelucas desacomodadas, hay que ser conscientes de que la visita a los lugares “marca Tito” son siempre una aventura, un albur. Uno ahí debe aprender a capotear meseros que pasan sin precaución cargando los cartones de cerveza o aquellos que barren a cada rato el piso, importándoles poco los zapatos y zapatillas de los clientes y la superstición de evitar la boda del mismo. Es decir, por un cóver y servicio tan escaso ¿que podemos esperar?
Si el operativo hubiera sido en Living a la hora de la “coca” o la “línea blanca” otro escándalo sería, pues en ese lugar el dinero importa y mucho; tal vez las autoridades aceptarían un soborno ejercido por el lugar o por el cliente gay con dinero y abogados o sería un avance en contra del consumo y venta en estos lugares donde la patrulla afuera los cuida y no los intimida.
Permitamos leer el mensaje entre líneas de lo sucedido. En el VIP, Neón y Safari, la lupa policiaca está y estará presente a lo largo de su vida productiva. Tal vez porque Vasconcelos tiene los tacones más altos y eso lo hace visible o por que la competencia amedrentada lanza pitazos de las cosas que ocurren dentro.
Yo nunca he visto drogarse a nadie en las instalaciones de los Titos; sí en el Living y ahí nadie dice nada, porque dentro del servicio pagado está la discreción y la complicidad. En el Tito se sabe de la presencia de menores de edad que algunos “porteros” dejan pasar, pues se dejan meter mano. Sí se han visto felaciones, fajes intensos, sexo rápido y jóvenes alterados por el alcohol, pero esas son broncas generales, todos lo permitimos al estar ahí y no decir nada.
Dejemos de lado el sentimiento de ofensa y pensemos en el problema de fondo y no de forma, así como las autoridades tienen que reconocer el abuso y excesiva aplicación de “la ley” en contra de algo que no necesita tanta intimidación, pues queda claro que se pasaron del límite.
Lejos de jalones de peluca y de miedo por ser descubiertos (muchos temían salir en las noticias de la noche, porque su familia pensaba que estaban en otro lado y no en un antro gay). Optemos por corregir caminos andados y cambiar la idea de diversión homosexual, pues el gobierno del DF se las está gastando bonito con sus manejos sociales y por lo mismo, no hay que pensar que por ser pobrecitos y sólo poder pagar en los Titos, el gobierno populista debe “protegerme y respetarme”. El respeto se gana, no se adquiere por gracia del Espíritu Santo o por ser “linda”.
No quiero ser ave de mal agüero, pero si la semana pasada se anunció que el Vampiro Canadiense (luchador) vigilaría las calles del Centro Histórico, maquillado y montado en su “vampi-móvil”, no quisiera enterarme ahora que Polvos de estrella y May-flower (otros luchadores) sean enviados a la Zona para resguardar las buenas costumbres y los buenos modos, aunque confieso que sería interesante.
Lo que queda es aprender del raspón y ser precavidos en nuestras futuras visitas a la zona gay que permiten darse baños de pueblo, tomando chela al 2x1 y salir temprano para no perder la calabaza anaranjada línea 1, mientras que sobre Reforma los “nenes-nice” siguen el camino blanco bajo la supervisión de las autoridades.
* Anodis Ticker ::
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