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11 de septiembre de 2007 Oqueerrencias y queeriosidades El cielo dividido: un mundo frágil como pompa de jabón La cinta del mexicano Julián Hernández ya se estrenó comercialmente. Vale la pena verla, sin embargo, carece de algunos elementos que en definitiva, influyen en el público asistente. La historia de Gerardo y Jonás, conmueve a más de uno.
Para empezar, debo confesar que no eran muchas las expectativas que tenía sobre la nueva película de Julián Hernández, El cielo dividido (2005). Sin embargo, también debo reconocer que, ahora que ya se estrenó comercialmente y he podido verla, no puedo dejar de admitir sus méritos y confesar, también, que llegó a sorprenderme e incluso a conmoverme y sentirme identificado, en parte, con la historia y en particular con uno de los personajes.
El cielo dividido cuenta la historia de amor de Gerardo y Jonás. Pero creo que me limitó al describirla como una simple “historia de amor”, pues es más preciso decir que es una pasión, intensa y cegadora, pero a la que habría que agregar lo que el poeta Xavier Villaurrutia decía con razón: “las pasiones por lo mismo que tienen que ser intensas no pueden ser duraderas”.
Para hacer más evidente esta intensa y fugaz pasión, Hernández recurre a un elemento un tanto cuanto claustrofóbico, pero muy eficaz pues mientras dura esa relación, persiste un close up centrado en los dos protagonistas. Me parece que de esa manera, el director quiere hacer patente que Gerardo y Jonás están encapsulados, viven encerrados en su mundo, donde sólo pueden vivir dos enamorados, lo cual se acentúa con la prácticamente total ausencia de diálogos.
Pero ese mundo es tan frágil como una pompa de jabón, y basta con que vayan a un antro y Gerardo no quiera bailar con Jonás para que otro chico se convierta en un fantasma que Jonás no podrá sacarse tan fácilmente y desestabilice todo, lo mucho o poco, que había conseguido. Ese espectro y otro hombre, Sergio, serán quienes se encargarán de dividir este cielo hasta entonces impenetrable. Es así como la pasión termina luego de una
La historia se presenta con total naturalidad: en la escuela Gerardo y Jonás deambulan tomados de la mano y se besan por los pasillos, pronto Gerardo se va a vivir con Jonás a su departamento. Pero no por eso deja de ser sorpresiva. El cielo dividido no es predecible y eso se agradece, los giros son continuos, principalmente en la parte final lo cual ayuda a mantener la atención y la tensión, y también en algunas escenas la edición contribuye a tener esos momentos de sorpresa.
Me parece, sin embargo, que adolece de dos cosas: su desarrollo es lento, lo cual no está mal, pero de esa manera las dos horas de duración se hacen aún más prolongadas, y, por otra parte, recurre Hernández mucho al paneo y al plano secuencia, tanto rápidos como lentos, pero aún así terminan por marear al espectador.
Vale la pena verla, y esperemos a ver qué nos depara Rabioso sol, rabioso cielo, la cinta que Julián Hernández a penas hace unas semanas acabó de filmar en la Ciudad de México.
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