3 DE SEPTIEMBRE DE 2007
Frivolidades gays en las tardeadas de Zona Rosa
El estereotipo de la diversión gay en adolescentes homosexuales es lo que se fomenta en tardeadas “exclusivas” para ellos. Los pequeños asistentes pre encarnan a personajes en los que se convertirán una vez cumplidos los 18 años.

Redacción Anodis

Ragap



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Adolescentes gays, cada vez más inmersos en el ambiente

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Podemos estar contentos y tranquilos. Las generaciones de menores están siendo perfectamente entrenadas o adiestradas en las famosas tardeadas que se organizan en los diversos lugares de Zona Rosa, para que una vez alcanzados los 18 años, puedan pisar los antros como verdaderos y estereotipados gays capitalinos. Lo anterior léase con sarcasmo.

Los dueños de los antros de ambiente en el lugar más concurrido por la comunidad gay, han encontrado en los menores de edad un mercado hambriento de espacios que les permita comenzar su andanza por la diversidad. Muchos, aun sin admitirse o sentirse orgullosos, llegan a estos lugares donde prueban sus capacidades de “mini-divas” gays.

En dichos sitios les permite descubrir otro mundo alejados del alcohol, pero siempre relacionados íntimamente con las frivolidades de homosexuales, quienes preocupados sólo por su apariencia y actitud, dejan de lado su crecimiento intelectual y personal.

El pasado viernes la “fiesta para los mini-gays”, que atrajo a gran numero de ellos, se realizó en el Liverpool 100, siendo la primera vez que se sucedía este tipo de evento en dicho lugar. La luz del día, la sobriedad y los chavitos que juntaban sus “pesos” a la entrada para ver si podían pagar, se confrontaban.

Una vez al interior, la luz disminuye (y hasta parece de noche) logrando una apariencia casi de adultos. No falta el que guarda una pose digna de modelo o aquel cuya vestimenta hace notar la última tendencia de la moda, aunque su poder adquisitivo sólo le permita visitar estas fiestas de ambiente light.

La música es la misma que se escucha en cualquier otro lado y hasta permitía que unos a otros se fueran enseñando las famosas coreografías “titeras” (conservando tan animoso legado); había otros que buscaban un sitio visible para hacerse notar y demostrar que su baile y estilo eran únicos. Otros más llenaban su mesa con cervezas de cero alcohol y vivían la fantasía de una personalidad que definitivamente no es la suya, pero la ansían.

Ir a una tardeada y no pertenecer a esa generación (es decir, ser más grande) es realmente aburrido, a menos claro, que se busque una fantasía pedófila. Todos los pequeños asistentes juegan en esta sala de recreación, en su noche de antro y encarnan a los personajes en los que muchos se convertirán una vez cumplidos los 18 años.

Durante la tarde se observa a los que bailan como si trajeran tacones, peluca y joyas; otros que hacen movimientos perfectamente marcados, con una fuerza e intensidad dignas de bailarines profesionales. También están los tímidos o arrinconados, que miran a todos demostrando inseguridad. Por último no podríamos olvidar a los pequeños altaneros y retadores con la mirada.

En estas tardeadas se fomenta el estereotipo de la diversión homosexual, se motiva para que la convivencia sea lo más cercana a lo que sucede de noche y bajo los efectos del alcohol. Hay gogo-dancers, coreografías, zonas reservadas, la misma música y gente de todo tipo que recibe el trato de adulto, situación que a final de cuentas buscan estos chiquillos y chiquillas.

Reconozco el excelente servicio al cliente y el buen trato por parte de los organizadores (aspectos que se han descuidado en muchos antros de clientela frecuente) y que es un espacio que hasta hace un par de años era inimaginable. Estas tardeadas reúnen a una nueva generación de jóvenes que se mezclan sin importar su orientación sexual, lo que genera un ambiente de mayor tolerancia y fortaleza que permitiría romper el gueto presente en la Zona Rosa.

Estos sitios permiten una convivencia incluyente y libre de sustancias legales o no, pero siguen trabajando con la vieja fórmula del estereotipo y la propia marginación homosexual. Si se siguen abriendo este tipo de espacios, deben asegurarse de que sean en verdad para tod@s; así las pocas “divitas” o “fashion-gays-tercermundistas” se diluirían, hasta su posible extinción. La oportunidad para difundir otros valores está ahí, confiemos que las organizaciones se pongan las pilas.

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IGNACIO
17 de marzo de 2009


excelente opcion para un mejor desarroyo de su autoestima.

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